Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

14 de enero de 2012

Maldita crisis


Lo que más me enerva y me desalienta de la situación actual de mi país es la deuda pública. Cada día se despierta uno con una situación peor. La maldita prima de riesgo, los mercados, los problemas de la eurozona, las amenazas de Merkel, las calificaciones de agencias y las subastas de emisiones de deuda… Nos estamos haciendo unos entendidos de los mercados y ahora como nunca antes, vemos que gobiernos que creíamos solventes, se encuentran en un inestable equilibrio, que requiere del sostén exterior.
¿Qué nos ha hecho caer en esta situación? El intuir el origen de esto, sirve de poco. No es un remedio contra la rabia que uno siente por saberse intervenido, por ver que los políticos le van a meter a uno la mano en el bolsillo para poder pagar a otros el gasto desaforado y megalómano de una época que creían de vacas gordas. Su profunda ignorancia y su imprudencia nos salpica hoy a todos.
Éramos un país manirroto e imprudente. Muchos ciudadanos, tentados por el crédito fácil y por el consumo, cayeron en la trampa y se enfangaron en hipotecas que se hicieron imposibles cuando perdieron el trabajo. Muchos – demasiados – políticos se inventaron cuantiosos capítulos de gasto en dudosos servicios que la sociedad no demandaba. A ese derroche le llamaron “inversiones” y porfiaron diciendo que se trataba de gastos y servicios que la sociedad demandaría más adelante. Como si el progreso exigiera adelantarse a los tiempos adivinando futuros flujos de población y necesidades inciertas, se construyeron faraónicos aeropuertos y líneas férreas de alta velocidad. Esos visionarios, que deberían estar en la cárcel, campan todavía a sus anchas en la escena política y tienen la desfachatez de seguir postulándose y entrando en candidaturas.
Hoy se habla de ajustes. Y a la poca gente solvente que va quedando nos provocan escalofríos en el cuerpo con cada noticia. Tendremos que seguir perdiendo poder adquisitivo. Nuestro medio de vida se verá mermado injustamente.

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