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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

1 de diciembre de 2011

¿Quién puede ser el nuevo candidato?

Los candidatos del PSOE son todos malos. Visto desde fuera de la disciplina del partido. A salvo de enrarecimientos y de luchas intestinas, una persona neutral diría que hoy los socialistas no tienen a nadie que pueda recuperar la intención de voto.
El ciudadano español en general desea el cambio; salir de esta situación económica incierta que provoca honda preocupación y hace que aflore el sustrato burgués de una capa importante de la sociedad que votaba a los socialistas. La preocupación por el bienestar es burguesa, el sentido de la propiedad, también. Los socialistas han querido enviar un mensaje fallido durante la pasada campaña, de apoyo a las capas sociales bajas, han querido abandonar aun más la responsabilidad socialdemócrata y sumergirse en la izquierda más radical y sectaria. La gente ha percibido que el mensaje era falso y, en segundo lugar, inadecuado.
Es falso porque entra en frontal contradicción con el hacer de los dirigentes socialistas, muchos de los cuales predican con palabras, pero no les respaldan los hechos. Muchos votantes han percibido que les gusta más el dinero que un caramelo a un niño y han visto claramente la colisión frontal de las actitudes con las palabras y el enseñoreamiento de la corrupción: ¿de dónde sale todo el dinero de Bono, la hípica y los pisos etc.? ¿Dónde se va a ir a vivir Zapatero? ¿qué han pagado empresarios corruptos a Pepiño? ¿Qué casa se está construyendo en Las Rozas? ¿Qué casa tiene ya en La Toja? ¿Cuánto se ha llevado la familia de Cháves de la Junta de Andalucía y de empresarios corruptos, adjudicatarios de obras o servicios con ella? ¿Cómo y dónde vive hoy Felipe González? ¿Quiénes son sus amigos? ¿Qué es lo que han obtenido los Pajines de Benidorm?
Si nos hacemos en serio todas estas preguntas, veremos que muchos dirigentes del PSOE han perdido la legitimidad para llamarse obreros y practicar una política de izquierdas, lo cual ha sido sin duda percibido por muchos votantes que han emigrado a las filas de izquierda unida y no volverán hasta que no vean limpieza y sintonía entre las ideas y las obras.
Pero además el mensaje ha sido inadecuado, porque España salía de una etapa de aburguesamiento, en la que todos – aunque fuera a c rédito – hemos sido grandes consumidores y propietarios. Lo que quiere la gente en realidad es retornar a esa época de consumismo. Por fortuna no quiere lucha, ni movimientos en la calle. Sólo quiere poder trabajar y ahí ha quedado demostrado que el PSOE no se ha caracterizado por ser un facilitador de la contratación. Preso de una ideología sectaria y de un clientelismo con los sindicatos, fue dirtectamente al desastre. Y las cifras de parados han cantado en su contra. La gente quiere volver a trabajar y volverá consumir. Prefiere ser burguesa que embarcarse en una lucha incierta. Se han llegado a educar en el consumo lo suficiente como para que no les guste nada que ahora les vendan ideologías trasnochadas.
Siendo así las cosas, el PSOE necesitaría un candidato rompedor con el pasado, pero con todo el pasado (el más remoto del felipismo y el más reciente de los que entonces se llamaron renovadores y han formado parte, junto a Zapatero, de una quinta que será recordara por su torpeza y sectarismo). El nuevo líder debería estar limpio de todas las corrupciones y no ser sectario.
Ha sido el sectarismo y una muy concreta estrategia para mantener el poder lo que ha llevado al PSOE de Zapatero a atacar los cimientos de España, favoreciendo políticas centrífugas nacionalistas y haciendo que el constitucionalismo y las instituciones fundamentales de la nación entren en una crisis de la que les va a resultar muy difícil salir. Por eso quien llegue, debe enterrar definitivamente esa estrategia, arrostrando si fuera preciso el riesgo de pérdida de votos en las regiones hasta ahora beneficiarias de esa política destructora. Eso significará que llega en clave estadista y piensa en el interés general y no solo en el de su partido. Indirectamente el PSOE puede salir beneficiado abandonando la cortedad de miras y apuntando más alto. Contribuyendo en definitiva a la estabilidad de un Estado que ahora mismo navega con rumbo incierto dentro de una tormenta financiera e institucional donde las grandes empresas, los bancos y las altas instituciones se tambalean.
Solo así conseguirá ser una verdadera alternativa de un partido popular en alza. Naturalmente este nuevo punto de vista, solo puede aportarlo alguien limpio, que no haya estado en los últimos gobiernos – Rubalcaba no vale - y que no se caracterice tampoco por favorecer localismos por las razones antedichas – Chacón o Pachi López, por supuesto, no valen -.
Tampoco vale gente que haya estado implicada con Zapatero. Es tal el descrédito que tiene que salpicará a cualquiera que haya recorrido de su mano un camino, por corto que sea o haya participado de su sectarismo en el Gabinete o en el parlamento.
Debería ser alguien experto y con conocimientos de economía y a ser posible de inglés, para poder codearse en los foros europeos e internacionales mejor que Zapatero. Debería ser alguien responsable y pausado que no se viera en la necesidad de sacar conejos de la chistera ni de hablar de brotes verdes, alguien que asumiera que puede perder el poder en cuatro años o antes en una moción de censura pero que, no por ello, se apartar de un proyecto de gobernabilidad. Alguien que en definitiva tuviera un proyecto y se olvidara de encuestas de intención de voto y de maniobras de márketing (que no pensara continuamente en clave electoralista). Sería deseable que el nuevo candidato, además se rodeara de gente capaz, sin miedo a que le hicueran sombra y huyera de las mediocridades. Quien se rodea de mediocres es también un mediocre.
El nuevo candidato del PSOE, en definitiva debe ser antagónico de lo que ha sido Zapatero.

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