Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

14 de diciembre de 2011

Nos salva la burguesía

Hoy he tenido una pequeña discusión con una compañera de trabajo, con la que suelo tomar el café matutino. Creo sinceramente que es buena gente, pero tiene una empanada mental bastante seria sobre ciertas cuestiones sociales que nos afectan a todos.
Estábamos hablando de los ajustes económicos, tan de moda ahora. En un momento dado yo le expresé mi convencimiento de que en los últimos años se había derrochado tanto, en tantas instancias, que ahora los grandes paganos habrían de ser sobre todo los trabajadores de la clase media que todavía tuvieran la suerte de conservar un trabajo. Añadí que, por fortuna en los tiempos que corren existe una burguesía, a la que pertenecemos, que aleja el riesgo de fractura social. Si no fuera así, la agitación que puede empezar a originarse entre los más desfavorecidos por la situación actual, podría conducirnos a un verdadero riesgo de enfrentamientos. Lo único que quise decir con ello es que, por fortuna, existen hoy en España grandes bolsas de población con suficientes intereses y patrimonio como para que no les apetezca lo más mínimo embarcarse en una lucha de clases incierta que puede conducir a la catástrofe.
Eso es algo que por desgracia ya conoce este país y muchos tememos que se vuelva a repetir.
A mi compañera le produjo sarpullidos inmediatos el oír que alguien le podía llamar burguesa y rechazó de plano que ella fuera tal cosa. Se calificó a sí misma como una currante pringada. El hecho incontestable es que ella vive con su marido y su hijo en un barrio residencial de Pozuelo de Alarcón y, aunque no tengo conocimiento del detalle de su patrimonio, sé – por lo que ella me ha contando – que poseen un piso en propiedad, otro en alquiler y un Volvo 4x4 y que llevan a su hijo a un buen colegio de pago y tienen ambos un trabajo seguro y bien remunerado. Para mí está claro que está incluida nítidamente en la burguesía, entendida como la clase media. Ese gran conjunto de gente que surgió en las ciudades entre los trabajadores del campo y la clase dominante (nobleza y clero). Esa gente que desarrolló diversos trabajos intelectuales y de artesanía en los burgos o ciudades tuvo un papel estelar en la aparición de la democracia y la moderación de las leyes y costumbres, a través del reconocimiento de derechos y la separación de poderes. La Revolución francesa fue obra de los burgueses y la mayoría de los grandes avances sociales desde entonces se han originado desde la burguesía.
Los burgueses hoy, tal y como yo los entiendo, pueden tener una ideología más socialdemócrata o más liberal-conservadora. Es un término muy amplio que engloba a una amalgama de trabajadores autónomos o asalariados que se mueven normalmente en parámetros intermedios de riqueza patrimonial.
Probablemente mi compañera y amiga no estaba pensando en el sentido originario del término burguesía, sino en la acepción peyorativa que recibió a partir de las tesis materialistas de Marx, en las que se viene a identificar al burgués con la propiedad de los medios de producción y, en consecuencia, con la explotación de quienes sólo pueden aportar su mano de obra.
Esta visión desfasada y anacrónica ya no se sostiene en un país como el nuestro. Cuando la agricultura da empleo a mucha menos gente debido al alto grado de mecanización de las explotaciones agrarias, cuando la mano de obra más elemental está hoy asumida en un gran porcentaje por los trabajadores inmigrantes, cuando el sector de servicios se ha desarrollado tanto, en detrimento de las manufacturas (que se han deslocalizado y se ubican en lejanos países con baratísima mano de obra)… cuando confluyen todos estos factores podemos decir que el tejido social mayoritario es la clase media, es decir, la burguesía. Las costumbres y la forma de vida de esta compañera es burguesa, mal que le pese.
Creo que hoy estamos la mayoría de acuerdo en que se ha superado el maniqueísmo que destilan las tesis marxistas al asociar la burguesía con holgazanería y explotación y a la clase trabajadora con el trabajo. Nótese que el intento de confundir a un colectivo con el propio término, lo que realmente pretendía era excluir al otro colectivo: Si una es la clase trabajadora, la otra ¿Qué es? ¿Es que los empresarios o propietarios de los medios de producción no trabajan? ¿Hoy puede considerarse que un autónomo por definición trabaja menos que sus empleados?
Por el contrario se ajusta mucho más a la realidad actual el volver a la acepción originaria del término, con la particularidad de que hoy es admisible el término en todos los núcleos de población, no solo en las grandes ciudades, porque a todos los sitios han llegado los servicios: La escuelas, consultorios médicos, entidades bancarias. Por otra parte sabemos que la visión cosmopolita de la vida, esencial en un burgués, la puede tener alguien con pensamiento de izquierdas o de derechas, aunque el radicalismo en cualquiera de las dos tendencias es poco compatible con el pensamiento burgués y además se corre el riesgo de entrar en contradicción con la propia vida que uno desarrolle.
Alguien que sea muy radical en el pensamiento izquierdista, por ejemplo, si tiene propiedades como mi amiga, encontrará serias dificultades para armonizar su vida teórica y práctica. Alguien que sea de pensamiento muy conservador, resultará patético sin en la práctica se gana la vida con un modesto trabajo de asalariado.
Por lo tanto la inserción más flexible y menos exigente es la del burgués de clase media, que puede dar cabida a múltiples tipos de trabajadores, incluso a aquellos que quieren seguir sintiéndose de izquierdas por razones sentimentales aunque en su vida practiquen -afortunadamente – algo muy distinto.

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