
Es curioso que hoy, cuatro años después de que se desarrollaran las negociaciones con la ETA, haya mucha gente que no ha comprendido cómo fue el proceso a grandes rasgos (porque en detalle, no lo sabe nadie excepto los protagonistas). Hoy muchos sostienen la tesis simplista de que Zapatero y su gobierno estaban obligados a intentar la paz y que, en eso no había nada de malo. Esta gente llega hasta el punto de reconocer que se hicieron mal las cosas, pero presumiendo siempre una buena fe de los gobernantes que se estaban sentando con la ETA. El legítimo fin de acabar con la violencia y las muertes parece, incluso hoy, justificarlo todo. Melchor Miralles, periodista de El Mundo, ayer decía en un debate televisivo que no tenía por qué presuponer malas intenciones en Zapatero que llevó adelante aquél proceso de paz. El debate venía a colación de las recientes declaraciones del ex ministro de Interior Jaime Mayor Oreja, a firmando que no le extrañan nuevos acercamientos entre el gobierno socialista y la banda terrorista, porque ambos se necesitan y “son aliados”.
Pero al margen de que puedan resultar políticamente incorrectas e incluso desafortunadas en su literalidad, tienen un sustrato de veracidad incuestionable que hoy no quiere ser reconocido por la colección de bienpensantes que no han aprendido nada de lo que sucedió.
En el periodo de acercamiento a la ETA, hubo una sucesión de hechos que no dejaban lugar a dudas para quien quisiera advertirlos y la lectura que hay que sacar de ellos es que aquella negociación no tuvo nada de ingenua y fue una jugada maestra.
Se iniciaron conversaciones sin avisar al otro gran partido nacional que se quedó, con un palmo de narices, sentado solo, en el Pacto contra el terrorismo, del que formaba parte el PSOE. El partido socialista venía de ganar unas elecciones generales en las que tuvo una influencia indudable el atentado del 11-M. El pueblo ansiaba paz, palabra manoseada hasta el paroxismo, hasta el límite que llegó en febrero de 2008, cuando se constituyó la “PAZ” (Plataforma de Apoyo a Zapatero), para las siguientes ellcciones de marzo de 2008, que también ganó. En ese contexto, convenía dejar solo al PP y asociarlo a todas las peores imágenes que la factoría “Pepiño” pudo idear. Si los del PP eran los doberman, los herederos del fascismo, los anacrónicos nostálgicos del pasado, la derechona etc… si eran (o habían de ser) todo eso, no podían ser los compañeros de viaje del PSOE en la búsqueda de la paz, y lo que se hizo fue aislarlos.
Ese aislamiento aséptico del PP y el paralelo acercamiento a la ETA, encajaba perfectamente con la estrategia política del momento del PSOE, consistente en buscar acuerdos con grupos nacionalistas extremos para consolidar mayorías nacionales en el Parlamento español.
Tiempo después hemos copnfirmado lo que ya se sabía entonces: Que, durante las negociaciones la ETA siguió rearmándose y el gobierno lo sabía (ahí están las pistolas de Francia, tantas veces denunciadas, que no sirvieron para alejar un ápice a Zapatero del proceso de paz, por mucho que dijera que tal robo tendría consecuencias). Que siguió extorsionando a los empresarios vascos y el gobierno también lo sabía. Nos hemos enterado de que se siguió negociando e incluso hubo reuniones en Suiza después del atentado de la T4, contactos que se negaron por el propio gobierno, pero fueron confirmados por la propia ETA. Se ha sabido también que mandos policiales siguiendo instrucciones del gobierno (es impensable que actuaran por libre) avisaron a colaboradores etarras para que no acudieran a una cita en el Bar Faisán donde íban a cobrar el “impuesto revolucionario”. Ese aviso buscaba inutilizar una redada del juez Grande Marlaska y fue después enarbolado por los negociadores como una muestra de buena fe, en su proceso de negociación con ETA.
Y lo que ha trascendido de aquél proceso, es seguro que tan solo representa la punta del iceberg.
¿Por qué entonces hoy hay gente, como Miralles, que no tienen empacho en asegurar que el gobierno actuó de buena fe? La única explicaciuón que se me ocurre es que tienen un concepto amplio de lo que es la buena fe.
Si el fin justifica los medios, y el gobierno tenía como fin último el terminar con la violencia y las muertes causadas por ETA, puede entenderse que – en el fondo – actuaba de buena fe. Es decir, el evidente engaño a la ciudadanía, reiterado durante los meses que duró el llamado proceso de paz, no impedía considerar, pese a todo, que el gobierno actuaba de buena fe, porque creía firmemente que el proceso iba a terminar bien y se iba a consolidar la retirada definitiva de las armas.
Algunos, entre los que me cuento, piensan no obstante que el gobierno percibió claramente desde el principio que el proceso de paz era tremendamente fructífero en términos de lucha electoral frente al PP, al margen de su éxito final (que podía producirse o no), mientras se mantuviera en pie. Y esta presunción encaja perfectamente con las reticencias del gobierno para abandonar ese proceso aun cuando ya sabía que a ETA no le interesaba mantenerlo vivo. El gobierno permitió que la ETA, a través del Partido Comunista de la Tierras Vascas, venciera en las elecciones locales en muchas circunscripciones y se asegurara la obtención de recursos para mantenerse, pese a documentados informes de la Guardia Civil que demostraban el vínculo entre el Grupo terrorista y los integrantes de las listas de candidaturas. Nada más celebrarse aquellas elecciones la ETA abandonó las negociaciones.
La cuestión es determinar hasta qué punto el gobierno fue o no víctima de un engaño por la ETA. Quién utilizó a quién. O se utilizaron las dos partes mutuamente, saliendo los dos beneficiados.
La ETA obtuvo las circunscripciones electorales y los fondos (que aún hoy sigue obteniendo) y el gobierno mantuvo vivo un voto radical a favor de una opción distinta al PNV, debilitando al nacionalismo y permitiéndole llegar al poder (con la ayuda del PP). Por su parte, el PP, conocedor de todas las artimañas del gobierno, llega a un punto en el que se encuentra ante la tesitura de desbancar a los nacionalistas del poder en el País Vasco y supedita toda su estrategia a este fin. Es Basagoiti el que pone en el poder a López y se asegura la vuelta de ambos partidos, de la mano, al Pacto por las libertades y contra el terrorismo o a algo similar. Pero la situación es coyuntural y no está claro que López goce del total beneplácito de Zapatero, al que le causa sarpullidos cualquier asomo de entendimiento con el PP. Toda la estrategia del PSOE ha pasado en los últimos tiempos por el aislamiento del PP en todos y cada uno de los escenarios en que ello ha sido posible. La situación del País Vasco es muy peculiar y se debe fundamentalmente al terrorismo. Si se consiguiera acabar con la lacra del terrorismo de forma definitiva, el PSOE estaría libre para coaligarse con el PNV. Y es a este posible escenario al que puede estar refiriéndose - aunque sea desafortunadamente – Mayor Oreja.
¿Significa esto que el PSOE busca la violencia en el País Vasco o que no desea el fin de ETA? En absoluto. Zapatero quiere lógicamente el fin de ETA y que no haya víctimas. Los movimientos tácticos en materia de terrorismo han tenido durante años el éxito asegurado porque, si se conseguía la entrega definitiva de armas, se obtenía una victoria con indudable repercusión positiva en las elecciones y en la popularidad. Si no se conseguía pero no había muertos ( o los muertos eran por “accidentes”, es decir, estaban durmiendo en un lugar en el que no se les esperaba, tampoco iban mal del todo las cosas). Ése es el sentido de la alianza a la que alude Mayor Oreja. Una noticia oportuna procedente de ETA, en el sentido de dejar las armas, se asociaría inmediatamente con el acoso y debilitamiento de la organización y se vendería como un éxito del gobierno.
Pero de todas estas cosas hay muchos que no quieren acordarse. Digamos que la animadversión que inspira el PP a muchos ciudadanos, hace que se sientan deseosos de perdonar y olvidar los errores a Zapatero. Ahora es muy posible que se pretenda nuevamente hacer coincidir una hipotética petición de alto el fuego con las elecciones generales o las locales o autonómicas que se avecinan para el 2011. Y si esto sucede, lo que cabe desear es que la gente no olvide y sepa advertir los gestos amistosos del gobierno que, sin duda, se producirán. Puede ser un acercamiento de presos, un aflojamiento de la presión policial o cualquier tipo de acuerdo o componenda. No olvidemos que el PNV está apoyando al PSOE en el Congreso de los Diputados.
Zapatero ya ha hecho declaraciones aludiendo a la debilidad de ETA, en lo que parece una preparación del terreno. Sin duda acaricia poder capitalizar algún éxito importante en la víspera de las elecciones. Ese éxito rápido y no compartido del PSOE, solo puede venir de un acercamiento y unas negociaciones, y no queda mucho tiempo antes de las próximas elecciones generales, de ahí que puede estar preparándose el terreno.
Mayor Oreja entretanto, quizás solo ha pretendido mojar la pólvora de este cartucho de Zapatero, intentando dejarle en evidencia.
Pero al margen de que puedan resultar políticamente incorrectas e incluso desafortunadas en su literalidad, tienen un sustrato de veracidad incuestionable que hoy no quiere ser reconocido por la colección de bienpensantes que no han aprendido nada de lo que sucedió.
En el periodo de acercamiento a la ETA, hubo una sucesión de hechos que no dejaban lugar a dudas para quien quisiera advertirlos y la lectura que hay que sacar de ellos es que aquella negociación no tuvo nada de ingenua y fue una jugada maestra.
Se iniciaron conversaciones sin avisar al otro gran partido nacional que se quedó, con un palmo de narices, sentado solo, en el Pacto contra el terrorismo, del que formaba parte el PSOE. El partido socialista venía de ganar unas elecciones generales en las que tuvo una influencia indudable el atentado del 11-M. El pueblo ansiaba paz, palabra manoseada hasta el paroxismo, hasta el límite que llegó en febrero de 2008, cuando se constituyó la “PAZ” (Plataforma de Apoyo a Zapatero), para las siguientes ellcciones de marzo de 2008, que también ganó. En ese contexto, convenía dejar solo al PP y asociarlo a todas las peores imágenes que la factoría “Pepiño” pudo idear. Si los del PP eran los doberman, los herederos del fascismo, los anacrónicos nostálgicos del pasado, la derechona etc… si eran (o habían de ser) todo eso, no podían ser los compañeros de viaje del PSOE en la búsqueda de la paz, y lo que se hizo fue aislarlos.
Ese aislamiento aséptico del PP y el paralelo acercamiento a la ETA, encajaba perfectamente con la estrategia política del momento del PSOE, consistente en buscar acuerdos con grupos nacionalistas extremos para consolidar mayorías nacionales en el Parlamento español.
Tiempo después hemos copnfirmado lo que ya se sabía entonces: Que, durante las negociaciones la ETA siguió rearmándose y el gobierno lo sabía (ahí están las pistolas de Francia, tantas veces denunciadas, que no sirvieron para alejar un ápice a Zapatero del proceso de paz, por mucho que dijera que tal robo tendría consecuencias). Que siguió extorsionando a los empresarios vascos y el gobierno también lo sabía. Nos hemos enterado de que se siguió negociando e incluso hubo reuniones en Suiza después del atentado de la T4, contactos que se negaron por el propio gobierno, pero fueron confirmados por la propia ETA. Se ha sabido también que mandos policiales siguiendo instrucciones del gobierno (es impensable que actuaran por libre) avisaron a colaboradores etarras para que no acudieran a una cita en el Bar Faisán donde íban a cobrar el “impuesto revolucionario”. Ese aviso buscaba inutilizar una redada del juez Grande Marlaska y fue después enarbolado por los negociadores como una muestra de buena fe, en su proceso de negociación con ETA.
Y lo que ha trascendido de aquél proceso, es seguro que tan solo representa la punta del iceberg.
¿Por qué entonces hoy hay gente, como Miralles, que no tienen empacho en asegurar que el gobierno actuó de buena fe? La única explicaciuón que se me ocurre es que tienen un concepto amplio de lo que es la buena fe.
Si el fin justifica los medios, y el gobierno tenía como fin último el terminar con la violencia y las muertes causadas por ETA, puede entenderse que – en el fondo – actuaba de buena fe. Es decir, el evidente engaño a la ciudadanía, reiterado durante los meses que duró el llamado proceso de paz, no impedía considerar, pese a todo, que el gobierno actuaba de buena fe, porque creía firmemente que el proceso iba a terminar bien y se iba a consolidar la retirada definitiva de las armas.
Algunos, entre los que me cuento, piensan no obstante que el gobierno percibió claramente desde el principio que el proceso de paz era tremendamente fructífero en términos de lucha electoral frente al PP, al margen de su éxito final (que podía producirse o no), mientras se mantuviera en pie. Y esta presunción encaja perfectamente con las reticencias del gobierno para abandonar ese proceso aun cuando ya sabía que a ETA no le interesaba mantenerlo vivo. El gobierno permitió que la ETA, a través del Partido Comunista de la Tierras Vascas, venciera en las elecciones locales en muchas circunscripciones y se asegurara la obtención de recursos para mantenerse, pese a documentados informes de la Guardia Civil que demostraban el vínculo entre el Grupo terrorista y los integrantes de las listas de candidaturas. Nada más celebrarse aquellas elecciones la ETA abandonó las negociaciones.
La cuestión es determinar hasta qué punto el gobierno fue o no víctima de un engaño por la ETA. Quién utilizó a quién. O se utilizaron las dos partes mutuamente, saliendo los dos beneficiados.
La ETA obtuvo las circunscripciones electorales y los fondos (que aún hoy sigue obteniendo) y el gobierno mantuvo vivo un voto radical a favor de una opción distinta al PNV, debilitando al nacionalismo y permitiéndole llegar al poder (con la ayuda del PP). Por su parte, el PP, conocedor de todas las artimañas del gobierno, llega a un punto en el que se encuentra ante la tesitura de desbancar a los nacionalistas del poder en el País Vasco y supedita toda su estrategia a este fin. Es Basagoiti el que pone en el poder a López y se asegura la vuelta de ambos partidos, de la mano, al Pacto por las libertades y contra el terrorismo o a algo similar. Pero la situación es coyuntural y no está claro que López goce del total beneplácito de Zapatero, al que le causa sarpullidos cualquier asomo de entendimiento con el PP. Toda la estrategia del PSOE ha pasado en los últimos tiempos por el aislamiento del PP en todos y cada uno de los escenarios en que ello ha sido posible. La situación del País Vasco es muy peculiar y se debe fundamentalmente al terrorismo. Si se consiguiera acabar con la lacra del terrorismo de forma definitiva, el PSOE estaría libre para coaligarse con el PNV. Y es a este posible escenario al que puede estar refiriéndose - aunque sea desafortunadamente – Mayor Oreja.
¿Significa esto que el PSOE busca la violencia en el País Vasco o que no desea el fin de ETA? En absoluto. Zapatero quiere lógicamente el fin de ETA y que no haya víctimas. Los movimientos tácticos en materia de terrorismo han tenido durante años el éxito asegurado porque, si se conseguía la entrega definitiva de armas, se obtenía una victoria con indudable repercusión positiva en las elecciones y en la popularidad. Si no se conseguía pero no había muertos ( o los muertos eran por “accidentes”, es decir, estaban durmiendo en un lugar en el que no se les esperaba, tampoco iban mal del todo las cosas). Ése es el sentido de la alianza a la que alude Mayor Oreja. Una noticia oportuna procedente de ETA, en el sentido de dejar las armas, se asociaría inmediatamente con el acoso y debilitamiento de la organización y se vendería como un éxito del gobierno.
Pero de todas estas cosas hay muchos que no quieren acordarse. Digamos que la animadversión que inspira el PP a muchos ciudadanos, hace que se sientan deseosos de perdonar y olvidar los errores a Zapatero. Ahora es muy posible que se pretenda nuevamente hacer coincidir una hipotética petición de alto el fuego con las elecciones generales o las locales o autonómicas que se avecinan para el 2011. Y si esto sucede, lo que cabe desear es que la gente no olvide y sepa advertir los gestos amistosos del gobierno que, sin duda, se producirán. Puede ser un acercamiento de presos, un aflojamiento de la presión policial o cualquier tipo de acuerdo o componenda. No olvidemos que el PNV está apoyando al PSOE en el Congreso de los Diputados.
Zapatero ya ha hecho declaraciones aludiendo a la debilidad de ETA, en lo que parece una preparación del terreno. Sin duda acaricia poder capitalizar algún éxito importante en la víspera de las elecciones. Ese éxito rápido y no compartido del PSOE, solo puede venir de un acercamiento y unas negociaciones, y no queda mucho tiempo antes de las próximas elecciones generales, de ahí que puede estar preparándose el terreno.
Mayor Oreja entretanto, quizás solo ha pretendido mojar la pólvora de este cartucho de Zapatero, intentando dejarle en evidencia.
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