
Que han seguido negociando ininterrumpidamente desde el mismo día siguiente a la ruptura de la última tregua trampa, es una íntima convicción que muchos españoles tenemos anidada en nuestro interior. Y es que, si se analizan fríamente todos los acontecimientos, al margen de las simpatías que uno tenga por uno u otro partido, no se puede llegar a otra conclusión. Hay innumerables indicios que darían la razón a Mayor Oreja en sus vaticinios.
Que sigan libres Josu Ternera o De Juana Chaos, o el propio Joseba Elosúa después de la grabaciones de su coche y de todo lo que se sabe hoy sobre el episodio del bar Faisán, que se suelte Díez Usabiaga para cuidar a una madre a la que no ve y que está perfectamente, que se permita que unos periodistas entren a hacer una entrevista en la cárcel a Otegui y que esos periodistas sean de un medio afín al gobierno y publiquen una entrevista de cuatro páginas del preso, que se estén acercando presos a las cárceles del País Vasco, que se permita que salga de la cárcel una presa para someterse a un tratamiento de fertilidad, que el propio Eguiguren, líder socialista en el Parlamento Vasco , se preste a declarar en un juicio a favor de Otegui y vaticine en una entrevista que el anuncio de la ETA de un alto el fuego iba a tener lugar en navidades (resultando que se ha producido solo unos pocos días después de la navidades).
El mero hecho de que Rubalcaba niegue los contactos, es una confirmación de que existen, porque a este hombre le cuesta decir la verdad, incluso cuando no pasa nada por decirla.
Dudo que las víctimas de los atentados lo hicieran, pero muchos podríamos llegar a admitir que estas negociaciones se lleven a cabo e incluso que no se nos revelen sus detalles por razones de Estado y de oportunidad. Lo que no se puede digerir es la utilización electoralista de este asunto.
El alto el fuego se plantea en esta fecha y no otra porque para la ETA es de suma importancia conseguir la presencia de un partido de su entorno en las Elecciones Municipales de Mayo. Se ha conseguido debilitar a la organización terrorista con una actuación sistemática y ordenada de las fuerzas policiales que ha conseguido descabezarla una y otra vez y privarla de fuentes de financiación. Está claro que la ETA necesita un respiro y que le puede venir bien el cese de los atentados (que ya eran prácticamente inexistentes). Todo esto no es nuevo. Es una situación prácticamente idéntica al escenario que había en 2006, con la diferencia de que toda la ciudadanía, no solo del País Vasco, sino del resto de España, ya está sobre aviso.
El gobierno – hoy menos que nunca - no puede entrar dócilmente por esa vía porque el riesgo de ruptura de la tregua después de las elecciones es evidente. Y esa ruptura le pasaría factura después en las Elecciones generales. Pero es seguro que para Zapatero es muy grande la tentación de aparecer como el presidente que consigue durante su mandato acabar definitivamente con el terrorismo etarra.
Si esa retirada de las armas se consolidara, habría tiempo para venderla como un gran logro antes de las elecciones de marzo de 2012.
Por otra parte vuelve a estar presente el puro interés numérico dirigido a evitar el voto útil del nacionalismo radical al PNV. Para renovar la lehendakaritza, el PSOE necesita fraccionar el voto de los nacionalistas, lo que se consigue autorizando a listas de batasunos para concurrir a las elecciones autonómicas, lleven el nombre que lleven.
Nótese que es posible que el pacto con el PP tenga los días contados porqiue el PSOE a cambio del apoyo del PNV en al Ley de Presupuestos haya hecho la concesión a los nacionalistas de respetar la lista más votada. Pero, aunque así fuera, siempre es bueno para el PSOE del País Vasco que el PNV aunque gobierne, esté en minoría y le necesite.
Por tanto el PSOE tiene dos grandes logros al alcance de la mano:
- Pasar a la historia como el gobierno que consiguió el fin del terrorismo
- Eliminar la dependencia local respecto del PP (innecesaria cuando ya no exista la amenaza del terrorismo).
A cambio, debe asumir que Patxi López pierde su puesto como Lehendakari. Pero la rentabilidad electoralista de cara a las elecciones del 2012 es más que evidente.
El entorno etarra, por su parte, tiene que luchar contra la falta de credibilidad, después de generar frustraciones en las anteriores ocasiones debidas a su incumplimiento.
De entrada ya hay alguna diferencia que mejora en algo la situación que tuvimos hace cuatro años. Al menos ya no estamos ante un “proceso de paz”. La ciudadanía está más escaldada y ya no se manosea tanto el término paz. Es cierto que todavía anda por ahí un abogado sudafricano lucrándose con una supuesta actividad de mediación que no debería ser necesaria para otra cosa que no fuera la entrega física e irreversible de las armas.
Otra diferencia sustancial es que ahora todo el pueblo español tiene claro que no conducen a ninguna parte los experimentos federalistas y las promesas de mayor autogobierno. Las autonomías han tocado techo y, sobre todo por razones de economía y sensatez, deberían tomarse medidas tendentes a la centralización de competencias. Esta es una materia que indebidamente fue objeto de negociación en el proceso anterior y ahora no lo puede ser porque desacreditaría todavía más al gobierno. Esa negociación política con el entorno abertzale que muchos reprobábamos y que, en efecto existió, ahora ya no puede ni debe darse. La negociación debe reducirse al cómo y cuando se entregan las armas, al acercamiento de presos etc. pero la independencia de la comunidad vasca o el establecimiento de mayores grados de autogobierno deberían estar fuera de la mesa de negociaciones.
Pero en este contexto ¿Qué obtiene la ETA? Sus modos nazis, basados en el temor de la gente y el respeto reverencial por lo que ellos llaman la “lucha armada” se perderían y el entorno abertzale sería fagocitado por el sistema. Quizás la gente dejaría de ver a los etarras como un factor de liberación, para verles como un factor de entorpecimiento y retraso de su tierra (que es lo que verdaderamente han sido). Dejarían de necesitarles y puede que hasta se dieran cuenta de que se vive mucho mejor sin ellos.
Por eso es probable que vuelvan a incumplir esta nueva tregua, una vez obtengan la elección de sus listas en las próximas municipales.
La clave está en asegurar la irreversibilidad del proceso, sin entregar nada a la ETA y en no explotar electoralmente el hipotético éxito.
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