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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

25 de diciembre de 2016

Carmena y su navidad de diseño


La religión es costumbre. Es tradición arraigada en los corazones de los hombres. Quienes creen en Dios tienen una esfera de sentimientos y pensamientos inaccesibles a los manipuladores ideológicos de las izquierdas. Por eso la religión cristiana es una realidad difícil de digerir y tolerar para los nuevos totalitarismos blandos emergentes en España. La esencia del anticlericalismo es la anulación de los resistentes ideológicos. En los momentos extremos de la historia si no se ha podido adoctrinar a la gente, se la ha eliminado físicamente. Así, sin más.
En los Estados leninistas que han existido en el siglo XX, la lucha contra las religiones, especialmente la cristiana ortodoxa, era la regla general. Y esa lucha siempre se ha hecho sin calibrar adecuadamente el grado de poder que tienen las creencias espirituales y la búsqueda de Dios en nuestras vidas. En algunas personas es casi una omnipresencia, y en otros muchos ciudadanos de esta sociedad desarrollada de hoy es como una presencia adormilada en un recóndito pliegue del corazón. Pero ahí está: Es una realidad digna de tomar en consideración. Solamente por anidar en el corazón de tanta gente, es digna de respeto. No puede ser apartada así como así por las débiles ocurrencias de neo comunistas de pacotilla como la alcaldesa de Madrid. La jueza abuelita entrañable, señora Carmena.
Esa estúpida lucha ideológica se pone de relieve en cuestiones clave que son importantes para los cristianos: Hay aspectos importantes de gran calado, como es el de facilitar el derecho a educar a los hijos en centros docentes concertados y de ideario cristiano; El Estado no puede condicionar ideológicamente para subvencionar. No debe hacerlo porque siempre hay una ideología. Ninguna enseñanza es neutra. Lo único que debe vigilar es que la ideología que subvencione no sea destructiva e intolerante, como es el caso del islamismo.
La paradoja es que hoy en España, aquellos que se sienten muy progresistas y afirman traer el cambio de su mano, amparan más a todo lo islámico que nos está llegando que al cristianismo. Ese cristianismo retrógrado culpable de todos los males, aliado del dictador saliente de la Guerra civil, esa colección de torquemadas torturadores, que masacraron hace quinientos años a los indígenas de medio mundo y todavía no han pedido disculpas por ello, esos intolerantes que batallaron contra los legítimos moradores de Al – Andalus, esos indecentes explotadores que engañaban a la pobre gente para recibir limosnas y vivir, a su costa, rodeados de tesoros.
Contra ésos hay que seguir luchando. Ya no se pueden quemar sus iglesias porque afortunadamente no hay una revolución en marcha en la que camuflar esos movimientos anticlericales, pero ahí siguen los sentimientos vívidos de odio y los movimientos que buscan ridiculizar a la iglesia. Dentro de esos movimientos tenemos a algunas que, con los senos al aire, profanan una capilla y molestan deliberadamente a quienes ningún daño hacen, con mofas e insultos y otras que buscan despatrimonializar culturalmente a la religión católica, intentando rapiñar sus principales actos y fechas señaladas, y forzar una presencia tan indeseada como inoportuna. Así lo ha hecho Carmena, que no ha tenido empacho en hacer un discurso de Navidad.
En su mensaje empieza reconociendo que la Navidad es una fiesta cristiana para luego añadir que es mucho más: "es una fiesta cristiana cuyos valores han desbordado su origen, la han convertido en algo que celebra y festeja una inmensa mayoría de la humanidad." "La Navidad significa mucho más, es, sobre todo, la fiesta de la solidaridad, de la compañía, de la empatía entre unos y otros", ha defendido.
No es que sea mentira lo que dice. Ciertamente en Navidad surgen todos esos sentimientos entre la gente bien nacida y entre los bien intencionados. Y para tener buenos sentimientos, solidaridad, empatía etc. no hace falta ser cristiano: Innegable también. Pero debemos advertir que, con su discurso, ella es la prueba viviente de que el cristianismo ha tenido un efecto cultural benéfico sobre la sociedad. Ha tenido un influjo innegable sobre cientos de millones de habitantes de la tierra y, junto al aspecto dogmático, cada vez más en segundo plano, contiene unas enseñanzas morales muy valiosas que son precisamente las que los comunistas como la Sra. Carmena quieren destruir.
Yo le diría a esta señora que el espíritu de la Navidad – que ella no tiene – es el que enseña a los más desfavorecidos a no odiar a los que más tienen, es el que respeta a las familias y a los derechos individuales, el que no supedita a la persona frente a una colectividad de diseño definida por los jerarcas totalitarios de turno.
Ella quiere coger lo que le interesa de la Navidad y colarse en nuestros hogares hablando de niños y disfrazada de cordero inocente, pero es una loba ideológica que cada día demuestra con sus actos que en realidad es una máquina inflexible.
El verdadero sentido del mensaje de Carmena sería algo así como éste: ¿Por qué todos los que no creemos en Dios, tenemos que aguantar un año tras otro esta estúpida fiesta y no podemos hacer nada para evitarlo? Vamos a hacer algo: Este año queridos madrileños no creyentes el Ayuntamiento, que ahora es vuestro, va a procurar que vosotros también podáis celebrar la navidad porque hasta ahora estabais marginados y machados por los vencedores de la guerra civil que incluso después del final de la dictadura, con el régimen del 78, os han impuesto una religión opresora que no deseáis. Para ello voy a desposeer a los curas de la exclusiva de la fiesta y vais a celebrarla todos.
"Todos Hacemos Navidad, como dice el lema del Ayuntamiento, y la queremos hacer para todos, junto a amigos, compañeros de trabajo, jefes y, por supuesto, familia", ha apostillado Carmena, que ha añadido que el regalo que el Ayuntamiento desea hacer a todos los ciudadanos es que Madrid pueda favorecer la navidad de cada uno, la elegida por cada uno.
Todo esto no es más que una gran falacia porque la navidad siempre ha sido de todos, creyentes y no creyentes. Y solamente a los mal nacidos como a la alcaldesa, les molesta que los buenos sentimientos provengan de una fiesta religiosa.

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