Oigo las marchas militares, Los voluntarios, La Heroína, El
pasodoble de la banderita… rezuman orgullo y marcialidad. Imagino a los
turistas si estuvieran a las puertas de la Plaza de Armería, junto al Palacio
Real, viendo un desfile organizado para cambio de guardia, por ejemplo, los
festivos. Sería para enorgullecerse. Estoy deseando sentirme orgulloso de mi
país. Lástima que esté tan devaluado todo lo que suene a España. Hubo cuarenta
años no tan lejanos de dictadura que condujeron a odiar la bandera y todo lo militar.
Cuando la democracia volvió (o vino por primera vez) la gente estaba hastiada
del rojo y del gualda y solo asociaban esos colores al sufrimiento. Y después
han venido años en los que España se ha descompuesto, como si el país tuviera
que purgar por los pecados de sus líderes.
Nos persiguen la mala conciencia y los complejos. ¿Por qué
por ejemplo, Alemania ha recuperado tan rápido su conciencia de país, si el
nazismo fue mucho más vergonzoso? Se me ocurre pensar que se debe a que ellos
han tenido una guerra contra un enemigo externo. No han tenido realmente una
guerra civil, entre hermanos. Por eso les han sido más fácil cerrar las
heridas. Nosotros seguimos con las dos Españas y por si fuera poco hay una
tercera de los que quieren marcharse y no desean saber nada de este país que ya
no consideran el suyo.
¿Por qué insistimos una y otra vez en la historia, en
fustigarnos? ¿Cuánto tiempo podemos resistir así, dando esa imagen ante el
deleite de otros países que compiten contra nosotros?
Deberíamos tener muchos menos complejos y enorgullecernos de nuestra historia y de lo que somos ahora: Una amalgama de pueblos que se esfuerzan por convivir pacíficamente. La guerra civil fue un fracaso, como cualquier guerra. Y ese estrepitoso fracaso hay que ponerlo en el debe de los dirigentes de la época. Me pregunto si pretenden los de ahora hacer lo mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario