Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

23 de diciembre de 2012

Desencanto con los que mandan


Desde hace unos años es como si hubiéramos entrado en un túnel oscuro de desencanto, malas noticias, ruina, controles administrativos, abuso de los poderes públicos e indefensión. Yo creía que el PP íba a ser más respetuoso con la libertades individuales y algo menos proteccionista, pero han optado por esa estúpida senda de intervencionismo idiota, un mal remedo de lo que hacen en otros países más ricos y con la población más contenta. Los ministerios, las consejerías autonómicas, los ayuntamientos, las múltiples administraciones de todo signo luchan por las competencias y por poder meter la mano en el bolsillo de los ciudadanos igual que hojas de arbusto en una selva cuando se sobreponen a otras para que les llegue la luz. Las estructuras administrativas tienden siempre a engordar y a autojustificarse y, para ello, cuentan con la inestimable ayuda de empresas especializadas en sacarles el dinero. No tienen más que captar la voluntad del dirigente – que además estará allí por un tiempo limitado – (porque ya sabemos que a los políticos no les gusta echar raíces en los órganos administrativos, sino pasar por ellos como un tornado que lo destrozara todo a su paso). ¿Cómo lo hacen? Con comisiones, con pagos en especie…
Así se encuentra el sufrido ciudadano con aeropuertos inútiles, con un montón de paneles luminosos en las carreteras, que solo sirven para hacer indicaciones estúpidas y distraer al conductor, con silos de sal que han surgido como setas en muchos recodos de nuestras carreteras para abastecer a las quitanieves en un par de temporales de nieve que pueden producirse al año, sedes administrativas faraónicas, comités y consejos multiplicados hasta el infinito, subvención de actividades formativas cuya eficacia nadie controla sobre los más disparatados asuntos etc.

Para controlar la honradez de los políticosa éstos a veces se dotan de órganos y consejos, con lo cual multiplican aún más el número de altos cargos chupando del bote, y no vale para nada porque a sus integrantes les falta independenmcia y les sobra el temor de perder su chollo.

Sería imprescindible una justicia independiente de verdad y una regulación inflexible y rigurosa , pero nadie se atreve a dar el primer paso, porque en este sistema, todos los que están en el poder están corruptos.  


 

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