Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de diciembre de 2012

URDANGARIN

Después de leer el libro sobre Iñaki Urdangarín que han escrito dos periodistas del diario EL MUNDO me he quedado pasmado y entristecido por comprobar cómo este mundo puede acoger a colectivos de gente tan diferenciada: Los comunes de los mortales entre los que me cuento, que han de abonar sus facturas e impuestos y que reciben en sus bolsillos todo el injusto impacto de la crisis con acumulados recortes y pagas escamoteadas y los getas y mangantes como Urdangarín que están a otro nivel. Seguramente él se sentirá muy injustamente tratado. Él creerá que ha trabajado: Trabajo de altos vuelos; asesoría de máximo nivel que justificaría inflar los precios, para hacerse multimillonario en estos malos tiempos de crisis.

Yo sé hoy – y me atrevo a vaticinar – que este señor se va a librar de una cárcel más que merecida. Y la causa de ese privilegio no es otra que la que le ha permitido dar los pelotazos que ha dado. Nunca habría hecho estos negocios ilegales si no hubiera estado en la familia real. Y nunca habría conseguido librarse de una dura condena si no estuviera en la familia real. Pero se va a librar. El delito fiscal por evasión de impuestos e ingreso de cantidades no declaradas en paraísos fiscales le va a prescribir si no lo ha hecho ya… y nadie mueve un dedo.

A este chorizo se le sigue llamando “excelentísimo” en la web de la familia real, donde por cierto, sigue apareciendo. Los datos que proporciona el libro son apabullantes, no solo contra Iñaki Urdangarín, sino también contra el rey y su hija la infanta Cristina. El primero nos decía en el mensaje de navidad del año pasado que e peso de la ley tenía que caer sobre todos por igual, sin distinciones. Sobre su majestad no caerá porque resulta inimputable, según señala la Constitución española. Sobre su alteza la infanta debería haber empezado a caer el peso de la ley ante unos indicios que para muchos son auténticas evidencias de implicación. El desconocimiento de la ley no puede ser alegado por nadie, según indica el código civil, pero menos aún por una persona ilustre con responsabilidades representativas y con un alto nivel de formación y una trayectoria profesional en una Caja de Ahorros durante largos años… sin embargo, inexplicablemente, todavía no está imputada. Su padre que decía esas palabras ejemplarizantes ante la galería (que es el pueblo llano que le sostiene), según el libro, no descansó en sus presiones a Urdangarín para que exculpara a su hija y la desvinculara de todo, dando una muestra de la vacuidad de su discurso. Ahora parece que hemos entrado en un proceso de progresiva recuperación de la figura del yerno. Pelillos a la mar y a otra cosa, mariposa.

Y es que ante la ley no somos todos iguales. Hasta para ser delincuente hay clases.

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