¿Sabrá Zapatero, lo que es un contrato de trabajo? ¿…lo que es el trabajo? ¿En qué consiste estar empleado? ¿Cómo se puede decir la barbaridad que ha dicho en un foro internacional?
El intérprete y los demás asistentes al foro de Oslo creo que debieron aguantarse el ataque de risa. Y es que el tema sería para reírse de la ocurrencia de este ignorante iluminado si no fuera porque encierra un auténtico drama, drama que naturalmente a él no le afecta ni a los correligionarios de su partido, todos colocados… todos con trabajo asegurado.
El trabajo, ese bien preciado que todos queremos tener además de la salud y del amor, puede ser por cuenta propia o ajena, pero siempre tiene un denominador común: Reporta ingresos para subsistir. O dicho de otra manera: Ayuda a obtener algo llamado dinero que cambiaremos por comida, ropa y demás necesidades básicas.
Por eso, afirmar que aquél que recibe cursos de formación está ocupado y, por tal motivo, no está desempleado, es una de tantas argumentaciones tramposas a las que nos tiene acostumbrados ZP, en su intento por disminuir desesperadamente el número de desempleados en nuestro país. Nadie puede creer esa estupidez.
Los laboralistas suelen definir al parado como aquél que queriendo y pudiendo trabajar, no encuentra trabajo. Hacen falta, por lo tanto, dos requisitos perfectamente lógicos para que alguien pueda ser considerado desempleado.
La primera estar en condiciones legales y físicas para trabajar (poder trabajar); desde ese punto de vista, un menor de edad, un pensionista o un enfermo crónico no serán contabilizados como desempleados porque sencillamente no pueden trabajar mientras permanezcan en la situación que les inhabilita. Y la segunda es la voluntad: Querer trabajar. Siempre ha habido cierta parte de la población que no demandaba empleo por dedicarse a otras actividades no remuneradas (las amas de casa por ejemplo). Esas personas se han exceptuado tradicionalmente del cómputo de desempleados porque no están buscando trabajo: Son aquellos que no van sellando su papeleta de demanda de empleo.
La trampa de Zapatero consiste en poner el acento en primer lugar en una formación forzosa para los demandantes de empleo para, acto seguido, excluirlos de la lista de desempleados porque están formándose. Pero todo el mundo sabe que quienes reciben un curso de formación no tienen cubiertas sus necesidades por ello y que, la mayoría de los alumnos de esos cursos suspenderían de inmediato su asistencia a los mismos, si recibieran una oferta de trabajo real.
El problema es que las ofertas reales de trabajo no proceden de los servicios de empleo – que solo sirven de vehículo para apenas un 3 % - sino de las empresas y el hecho es que desde este ámbito tan concreto, no están generándose ofertas de trabajo.
Por otra parte el hacer un cómputo estadístico de los desempleados de un país solo debe tener la finalidad de concretar cuanta gente carece de recursos, como un indicador de la economía de ese país. Si se desvirtúan las estadísticas excluyendo del cómputo a quienes están recibiendo un cursillo, lo que se estará haciendo es falsear la realidad y alimentar las posibilidades de que nuestros socios europeos se indignen todavía más con nuestra política.
El intérprete y los demás asistentes al foro de Oslo creo que debieron aguantarse el ataque de risa. Y es que el tema sería para reírse de la ocurrencia de este ignorante iluminado si no fuera porque encierra un auténtico drama, drama que naturalmente a él no le afecta ni a los correligionarios de su partido, todos colocados… todos con trabajo asegurado.
El trabajo, ese bien preciado que todos queremos tener además de la salud y del amor, puede ser por cuenta propia o ajena, pero siempre tiene un denominador común: Reporta ingresos para subsistir. O dicho de otra manera: Ayuda a obtener algo llamado dinero que cambiaremos por comida, ropa y demás necesidades básicas.
Por eso, afirmar que aquél que recibe cursos de formación está ocupado y, por tal motivo, no está desempleado, es una de tantas argumentaciones tramposas a las que nos tiene acostumbrados ZP, en su intento por disminuir desesperadamente el número de desempleados en nuestro país. Nadie puede creer esa estupidez.
Los laboralistas suelen definir al parado como aquél que queriendo y pudiendo trabajar, no encuentra trabajo. Hacen falta, por lo tanto, dos requisitos perfectamente lógicos para que alguien pueda ser considerado desempleado.
La primera estar en condiciones legales y físicas para trabajar (poder trabajar); desde ese punto de vista, un menor de edad, un pensionista o un enfermo crónico no serán contabilizados como desempleados porque sencillamente no pueden trabajar mientras permanezcan en la situación que les inhabilita. Y la segunda es la voluntad: Querer trabajar. Siempre ha habido cierta parte de la población que no demandaba empleo por dedicarse a otras actividades no remuneradas (las amas de casa por ejemplo). Esas personas se han exceptuado tradicionalmente del cómputo de desempleados porque no están buscando trabajo: Son aquellos que no van sellando su papeleta de demanda de empleo.
La trampa de Zapatero consiste en poner el acento en primer lugar en una formación forzosa para los demandantes de empleo para, acto seguido, excluirlos de la lista de desempleados porque están formándose. Pero todo el mundo sabe que quienes reciben un curso de formación no tienen cubiertas sus necesidades por ello y que, la mayoría de los alumnos de esos cursos suspenderían de inmediato su asistencia a los mismos, si recibieran una oferta de trabajo real.
El problema es que las ofertas reales de trabajo no proceden de los servicios de empleo – que solo sirven de vehículo para apenas un 3 % - sino de las empresas y el hecho es que desde este ámbito tan concreto, no están generándose ofertas de trabajo.
Por otra parte el hacer un cómputo estadístico de los desempleados de un país solo debe tener la finalidad de concretar cuanta gente carece de recursos, como un indicador de la economía de ese país. Si se desvirtúan las estadísticas excluyendo del cómputo a quienes están recibiendo un cursillo, lo que se estará haciendo es falsear la realidad y alimentar las posibilidades de que nuestros socios europeos se indignen todavía más con nuestra política.
Por eso creo de forma sincera que estamos de nuevo ante unas irresponsables declaraciones de un patoso bocazas que no pueden reportarnos más que perjuicios y, en el mejor de los casos, ningún beneficio.