Hacer bandera es luchar para llegar a una situación en la
que podamos enorgullecernos de nuestro país. Me duele enterarme estos días de
las noticias procedentes de la comunidad internacional que nos afectan, como
país. Porque el hecho es que todas son malas. Quizás la época de Aznar, cuando
nos sentáimos orgullosos de ser españoles en el mundo fuera un espejismo…
quizás fuera una gran engañifla; pero lo de ahora es demasiado fuerte,
demasiado humillante. Que los países sudacas de tendencia bolivariana, oliendo
nuestra debilidad, se hayan puesto de acuerdo para expropiar nuestros intereses
y que no se dé un puñetazo encima de la mesa por los “socios” europeos (sobre
todo los británicos) denota hasta qué punto estamos en horas bajas.
Hasta Gibraltar sigue con sus humillaciones a nuestro país, y no nos decidimos a cerrar de nuevo la verja para que caruana y compañía tengan que volar a Londres para disfrutar de su casa en Sotogrande.
¿Qué es lo que nos pasa?
Habiendo sido un país históricamente grande y siendo hoy un
país numéricamente importante, no levantamos cabeza. Nuestras multinacionales –las
pocas que tenemos – son expulsadas por repúblicas bananeras sin ningún miedo a
nuestra reacción. Una populista presidenta argentina, dueña de una inmensa
colección de zapatos y de una faz muy dura y repleta de bótox, se permite el
lujo de expropiar a precio de saldo la filial argentina de la empresa REPSOL y
todavía los capullos argentinos no sólo no se avergüenzan del atropello
cometido por su gobierno, sino que lo jalean y aplauden. No se atreven, sin
embargo a expropiar la British Petroleum.
Siguiendo la brecha abierta y, al ver que no le pasa nada a
Argentina, el inefable Evo Morales también se ha decidido a expropiar la RED ELÉCTRICA
de su país filial de otra empresa española.
En fin, es todo una mierda.
Aquí en mi propio país hay gente a la que todo esto no les
importa porque no se sienten españoles. Cuanto más nos humillen mejor. Cuanto
más pequeños seamos, más probabilidades de abandonarnos, igual que ya
intentaron hacer vascos y catalanes con la República española en su momento más
delicado, al comienzo de la guerra civil. Y es que, de verdad, siento como si
fuéramos una inmensa alcantarilla llena de ratas. Somos las cloacas de Europa;
un lugar cada vez más hostil en el que no hay solidaridad entre la gente, ni
sentido de la responsabilidad, ni visión de Estado. Somos un lugar que rezuma
debilidad por todos sus poros, como si hubiéramos puesto un gran anuncio. Señores: Estamos a precio de saldo.
Nuestra entrada en el euro ha sido otra histórica muestra de
falta de autoestima e inoperancia negociadora y todo lo que nos han ayudado con fondos diríase que solo ha servido para destruirnos... para desarticular nuestras últimas industrias, nuestra última agricultura... para subirnos artificialmente el precio de todo y obligarnos a endeudarnos más... para entrar en una ficción que nos ha salido muy cara. ¡Menudos socios! Líbreme Dios de estos amigos.
Nos queda ya poco en lo que consolarnos: Seguimos teniendo unas maravillosas playas y un envidiable sol que buscan los guiris para ponerse como cangrejos. Y seguimos siendo una gran potencia de consumo. No pueden dejar que nos hundamos del todo porque dejaríamos de comprar coches alemanes o alimentos en CARREFOUR. Además los pensionistas y viejetes de toda Europa nos van a necesitar como masajistas y camareros.
Mierda de país.
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