La candidatura de Madrid es un proyecto sólido, seguro y
sostenible, según muchos. Tiene también el apoyo de una mayoría aplastante de
la población. Hay muchos que simplemente quieren tener cerca los eventos
deportivos para poder disfrutar de ellos u hay otros muchos que ven, además, un
halo de beneficio económico aun difuso, que les puede alcanzar. También hay
gente que desea competir con la otra ciudad española que acogió los juegos en
1992 y piensan: Si Barcelona los tuvo, también Madrid debe tenerlos.
No sé quién tiene razón. Yo, desde luego, me siento alineado
con los “juego-escépticos”. Creo que los juegos benefician a muchos grupos
distintos de gente, pero no me cuento entre ninguno de ellos.
Benefician a los deportistas porque en los años anteriores
se inyecta dinero en los programas de entrenamiento y se busca facilitarles la
vida con los medios necesarios para segurar lña consecución de los éxitos.
Los juegos benefician también a los burócratas del olimpismo
y a los corruptos miembros de los comités olímpicos que se dejan querer por los
gobiernos y administraciones locales candidatas. Nunca se sabrá qué es lo que
obtienen a cambio de sus votos y de qué manera las ciudades y gobiernos
afectados contactan con ellos.
Representan un suculento beneficio para los promotores y
constructores adjudicatarios de los contratos para la ciudad deportiva, las
residencias y la infraestructura necesaria.
Ayudan a las empresas y autónomos que suelen funcionar como
satélites de la construcción y supone también un plus temporal de beneficios en
el sector turístico y de restauración.
No sé si alegrarme por todos ellos. Creo que me dan igual y,
en el caso de algunos de ellos ni siquiera lo merecen.
Lo que tengo claro es que a mí no me van a beneficiar en
absoluto. Si acaso me ocasionarán molestias.
Tendré más atascos y se perjudicará el tráfico de Madrid sobre todo en
torno a la zona en la que han de construir la ciudad olímpica. Habrá más obras.
Los políticos se inventarán nuevos servicios y tasas que pagaremos todos. Y
todo eso con mi sueldo reducido de funcionario público.
Pese a todo me gustaría que mi ciudad resultara elegida.
Llegamos a tener cierto grado de identificación con el lugar en el que vivimos
y quizás por eso nos alegramos aunque no nos vaya nada en ello.
… aunque me temo que en los últimos tiempos no vienen bien
dadas para nada que haga referencia a España.

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