Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

1 de octubre de 2013

La candidatura de Madrid es un proyecto sólido, seguro y sostenible, según muchos. Tiene también el apoyo de una mayoría aplastante de la población. Hay muchos que simplemente quieren tener cerca los eventos deportivos para poder disfrutar de ellos u hay otros muchos que ven, además, un halo de beneficio económico aun difuso, que les puede alcanzar. También hay gente que desea competir con la otra ciudad española que acogió los juegos en 1992 y piensan: Si Barcelona los tuvo, también Madrid debe tenerlos.
No sé quién tiene razón. Yo, desde luego, me siento alineado con los “juego-escépticos”. Creo que los juegos benefician a muchos grupos distintos de gente, pero no me cuento entre ninguno de ellos.
Benefician a los deportistas porque en los años anteriores se inyecta dinero en los programas de entrenamiento y se busca facilitarles la vida con los medios necesarios para segurar lña consecución de los éxitos.
Los juegos benefician también a los burócratas del olimpismo y a los corruptos miembros de los comités olímpicos que se dejan querer por los gobiernos y administraciones locales candidatas. Nunca se sabrá qué es lo que obtienen a cambio de sus votos y de qué manera las ciudades y gobiernos afectados contactan con ellos.
Representan un suculento beneficio para los promotores y constructores adjudicatarios de los contratos para la ciudad deportiva, las residencias y la infraestructura necesaria.
Ayudan a las empresas y autónomos que suelen funcionar como satélites de la construcción y supone también un plus temporal de beneficios en el sector turístico y de restauración.
No sé si alegrarme por todos ellos. Creo que me dan igual y, en el caso de algunos de ellos ni siquiera lo merecen.
Lo que tengo claro es que a mí no me van a beneficiar en absoluto. Si acaso me ocasionarán molestias.  Tendré más atascos y se perjudicará el tráfico de Madrid sobre todo en torno a la zona en la que han de construir la ciudad olímpica. Habrá más obras. Los políticos se inventarán nuevos servicios y tasas que pagaremos todos. Y todo eso con mi sueldo reducido de funcionario público.
Pese a todo me gustaría que mi ciudad resultara elegida. Llegamos a tener cierto grado de identificación con el lugar en el que vivimos y quizás por eso nos alegramos aunque no nos vaya nada en ello.

… aunque me temo que en los últimos tiempos no vienen bien dadas para nada que haga referencia a España. 

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