Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de febrero de 2017

Si él insulta, yo también: No es más que un maricón. Sólo eso.

Lleno a rebosar en el Parque de Santa Catalina de Las Palmas, para ver a “Drag Sethlas” con su número ofensivo y zafio que busca deliberadamente ofender, provocar y tocar los huevos a la parroquia. Si alguien le llama lo que es: Un MARICON, con mayúsculas, es posible que se vea en problemas, porque estamos bajo mínimos, en una sociedad tremendamente protectora con la mierda, con lo diverso, con lo transgresor. Se contempla y valora a artistas que no son tales, a gente que pintarrajea monigotes en las paredes, a los que no respetan la propiedad privada, a los talleres de okupas, a animalistas radicales que estropean fiestas. Se les apoya aunque agredan a la mayoría de la sociedad. Los poderes públicos, que deberían representar a la mayoría los ven como una anécdota y no hacen nada. Hay un miedo inmenso a los lobbies que tienen constituidos en los medios de prensa. (En alguna cadena en la que es raro ver a hombres heterosexuales). Hay un miedo a ofender al colectivo LGTB (Lesbianas, Gays, Transexual
es y Bisexuales). Determinadas autoridades se plantean legalizar que dos maricas puedan – no ya casarse y adoptar niños, que esa es una batalla ganada – sino traficar con los vientres de alquiler. Con mujeres que, por dinero, por necesidad, se embarazan a cambio de un suculento cheque.
Hoy no se puede rechistar ante esta realidad. No se puede hacer nada por cambiarla: Es lo que hay. Hay que aguantarse y respetar que una zorra asalta capillas hoy sea la número dos de un ayuntamiento tan grande como Madrid y resulte absuelta. O que una guarra transforme el padre nuestro para dedicárselo a su coño. O que se intente en algún municipio prohibir algo tan tradicional como el uso de campanas. 
Es la sociedad cutre y fétida que nos merecemos, en la que vagamos descreídos e infelices buscando sensaciones cada vez mayores. 

Esta drag Queen ha ofendido deliberadamente a mucha gente, entre la que podría contarse su propia familia (…y luego estos maricones se extrañan de que no quieran saber nada de ellos, de que no se les apoye). Lo ha hecho solo para ganar un premio, delante de 6000 imbéciles con ganas de juerga. Yo le sugeriría que se atreviera el año que viene a hacer una parodia de Mahoma. 

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