¿Cuándo se
produce el momento en el que cada bando de la derecha española decide ir hacia
su extremo y abandonar el Partido Popular? Nunca sabremos exactamente cuando
estaba condenado el PP, pero la crisis económica y la percepción de la corrupción
tuvieron una nefasta influencia. Una primera oleada de votantes abandonó el PP
ya hace más de un año más o menos coincidiendo con la moción de censura por la
Gurtel (el estraperlo del que se ha valido en esta ocasión el PSOE). El ver que
ha habido chorizos que se lo han llevado crudo mientras la gente perdía sus
viviendas hipotecadas y sus empleos, tuvo un efecto letal que fue hábilmente
aprovechado por CIUDADANOS y Rivera. Este fue solo el primer grupo de huidos y
para intentar combatir esa percepción, el gobierno de Rajoy solo atinó a
adoptar una serie de medidas tardías y poco publicitadas por las que se
pretendía controlar y prevenir la corrupción de los cargos públicos. A esas
alturas a la gente las medidas ya le daban igual: Que se diga que los políticos
corruptos van a ir a la cárcel, que se hable de transparencia y buen gobierno,
que se cree la plataforma de contratación y se modifiquen los procedimientos de
adjudicaciones públicas etc… todo eso daba igual ya. El PSOE había mordido
presa, la Gürtel explotó en el momento oportuno y la sentencia judicial terminó
de destruir al gobierno del PP. Caló muy hondo en la opinión pública que Rajoy
pudiera tener conocimiento de lo que hacía o dejaba de hacer Bárcenas y no
valió absolutamente de nada la gestión pragmática que supuestamente había
sacado de la crisis a España y había hecho renacer las cifras de empleo. Esa
huida de centristas bien intencionados hacia CIUDADANOS se ha vuelto a constatar en las elecciones de
ayer. Parece que es gente que se fue para no volver, de lo cual se congratula
la izquierda, beneficiada por el sistema electoral.
Pero la
extrema debilidad del gobierno como consecuencia de la crisis y la corrupción
se quiso aprovechar por el nacionalismo catalán para irse, sencillamente, y el
PP entonces terminó de disgustar a otro importante colectivo de gente que se
cabreó y se fue. Se trata de los integrantes de VOX. Militantes y simpatizantes
que se sintieron traicionados precisamente cuando el PP se quiso moderar y
adoptó un discurso social demócrata de “derechita cobarde” para intentar
mantener la sangría de votos que se le iban hacia CIUDADANOS. Después de esta
segunda oleada de deserciones, el PP no tenía nada que hacer y la derecha
española tampoco. Ya estaban a la gresca, igual que en el 36, y se sabía que a
igualdad de votos, los escaños iban a
ser muchos menos.
Por su parte
el PSOE ha jugado muy bien sus cartas. Asesorado por gurús consultores que
aplican a la política las tecnologías big data y los modelos predictivos,
Sánchez ha estado bastante callado, intentando evitar meteduras de pata y
explotando al máximo el miedo de todos los paniaguados a la pérdida de sus
beneficios, si llega la derechona. Para ese propósito, el mensaje de Abascal y
su partido han sido una inestimable ayuda: Lo que realmente ha hecho Abascal ha
sido despertar aún más el espíritu reaccionario de la izquierda frente a un
enemigo común y facilitar su unificación y movilización. Paralelamente ha
conseguido restar votos y representación parlamentaria a la derecha, por obra y
gracia de la Ley electoral que tenemos.
Ciudadanos,
aun sin pretenderlo ya estaba de lleno metido en esta tarea desde tiempo antes.
Y el propio
PP, imposibilitado para reconocer públicamente sus errores por el temor a
perder todavía más votos, llegaba a estas elecciones como un sparring noqueado
intentando abrazarse a correligionarios, pero sin poder hacerlo, ante la
ambición de éstos de lograr el sorpasso.
Ha sido todo
un gran despropósito. Un gran desastre, cuyas primeras piedras se pusieron
durante la etapa de Aznar; durante la era dorada de la corrupción. Y esto
difícilmente tiene arreglo a corto plazo. Por lo tanto tendremos a Sánchez para
saciarnos bien de Falcon y chulería, porque ahora sí; ahora puede pavonearse
bien por haber chuleado a toda la derecha que estará en minoría durante largos
años.
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