Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

13 de mayo de 2024

Esperpento


Hay quien cree que la Eurovisión es o debe ser una especie de ejercicio colectivo de respeto por la diversidad, pero las minorías y excentricidades unidas a los medios y a la difusión internacional, son una mala combinación. Se trata de vender experimentación social y jugar con la sociedad, al menos una parte de ella, quizás la más desprovista de sentido común y valores tradicionales. Se atribuye validez a votaciones hechas desde celulares por los más cafeteros y mitómanos y se les da el peso de críticos de algo, que les viene grande y se celebra una especie de rito pagano de la absurdez y el mal gusto, que se regodea y enorgullece de competir en la provocación choni a sabiendas de que repele a la mayoría silenciosa.

Desde hace años la música de verdad viene haciendo mutis en este festival que, como experimento sociológico resulta de un indudable interés: Sirve para ver en en qué nos hemos convertido en Europa: un ramillete de naciones con un largo historial de guerras y enfrentamientos que hoy tiene cada vez menos peso en el mundo y que ha hecho bandera de la blandura y el hedonismo dentro de un mundo que requiere fortaleza. 

Las sociedades débiles tienden a desaparecer o a ser colonizadas por otras más fuertes y Europa se está convirtiendo - es verdad que unos países más que otros - en un lugar lleno de complejos y vehículo de esperpentos. 

La libertad nos está matando. 







 


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