
Hay quien cree que la Eurovisión es o debe ser una especie de ejercicio colectivo de respeto por la diversidad, pero las minorías y excentricidades unidas a los medios y a la difusión internacional, son una mala combinación. Se trata de vender experimentación social y jugar con la sociedad, al menos una parte de ella, quizás la más desprovista de sentido común y valores tradicionales. Se atribuye validez a votaciones hechas desde celulares por los más cafeteros y mitómanos y se les da el peso de críticos de algo, que les viene grande y se celebra una especie de rito pagano de la absurdez y el mal gusto, que se regodea y enorgullece de competir en la provocación choni a sabiendas de que repele a la mayoría silenciosa.
Las sociedades débiles tienden a desaparecer o a ser colonizadas por otras más fuertes y Europa se está convirtiendo - es verdad que unos países más que otros - en un lugar lleno de complejos y vehículo de esperpentos.
La libertad nos está matando.



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