Ya está. Ya le tenemos aquí de nuevo. Tanta familia, tanto tiempo libre y tanto seguimiento de los estudios de su hija le estaban trastornando ya. Ha vuelto. ¿Alguien lo dudaba? Este populista con estómago de oro ha digerido ya los caramelos amargos que le regalaron cuando se barajó su candidatura para la Secretaría general del PSOE, ha digerido también los ataques de su partido a su credo y su Iglesia, y las cesiones ante los nacionalismos que han conducido a sucesivas afrentas contra su querida España. Protestó un poco en su momento con la boquita pequeña, pero nunca se apartó – tal y como comprobamos ahora – de la disciplina de su partido.
Para su vuelta ZP y Pepiño le han ofrecido la presidencia del Congreso, si el PSOE gana las elecciones. Había un pequeño obstáculo llamado Manuel Marín, pero él mismo se ha retirado y “ya no es de este mundo”. Después de cómo se han portado con él en su partido cabría pensar que exteriorizaría alguna muestra de disgusto. Pero no ha sido así: Ha tenido la elegancia propia de quien tiene en juego su recompensa por los servicios prestados, que le llegará - si se porta bien – en forma de consejería delegada de grandes sociedades o nombramiento para algún cargo empresarial o institucional muy bien retribuido. Además, si se calla y es elegante, le harán una despedida con honores en el Congreso, y desde los nacos socialistas, los mismos de los que procede su cese, le llegarán sonoros aplausos y reconocimiento.
Bono vuelve y se presta, con su vuelta, a restar votos al Partido Popular. Dice que si el PSOE logra la mayoría absoluta se alegrará y eso es una verdad absoluta, porque no le han gustado nunca los nacionalismos y si el gobierno socialista logra la mayoría absoluta se verá libre del chantaje de éstos. Pero todos sabemos que no va a ser así y Bono se verá obligado a presidir un Congreso en el que seguirán compartiendo muchas propuestas y enmiendas con algunos socios lamentables.
Bono vuelve y se presta, con su vuelta, a restar votos al Partido Popular. Dice que si el PSOE logra la mayoría absoluta se alegrará y eso es una verdad absoluta, porque no le han gustado nunca los nacionalismos y si el gobierno socialista logra la mayoría absoluta se verá libre del chantaje de éstos. Pero todos sabemos que no va a ser así y Bono se verá obligado a presidir un Congreso en el que seguirán compartiendo muchas propuestas y enmiendas con algunos socios lamentables.
Mientras Zapatero, ayudado por el “rasputiño” , su especialista en propaganda y en cuartos oscuros, da un golpe de efecto en un intento más de hacer olvidar a los electores no nacionalistas, su falta de españolismo. Este hombre quiere rebañar votos en todas partes, y el propio Bono también, al afirmar, con toda su desfachatez, que aunque él no sea de derechas, no le molesta obtener votos de la derecha. Pero amigo, una cosa es que la gente simpatice con Bono porque le perciba algo distanciado a la caterva nacionalista que rodea a ZP y otra cosa muy distinta es que le voten por su cara bonita. La gente ahora debe saber claramente que el voto a bono equivale a voto a ZP y eso, a su vez equivale a más de lo mismo: Que salga adelante el estatuto Catalán, que se corrompa el tribunal Constitucional, que se insista en el anticlericalismo, que se imponga el adoctrinamiento escolar con la asignatura de educación para la ciudadanía… todas esas cosas estará votando quien vote a Bono, porque lamentablemente la democracia es imperfecta y solo elegimos una vez cada cuatro años en un gran cajón de sastre.
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