
La casi ilimitada torpeza de una Ministra como Magdalena Alvarez llevaría – si la lógica y la sensatez presidieran la política – a su inmediato cese. Hay una larga serie de decisiones contraindicadas, de imprudentes desplantes y declaraciones, de gestos que denotan una absoluta falta de sintonía con las partes afectadas por sus decisiones (ciudadanos usuarios, administraciones locales, empresas contratistas etc.). Todos estos factores llevarían a su cese, si no estuvieran cerca las elecciones generales. Se quiere evitar a toda costa que el nombramiento de otro titular de este departamento pudiera ser entendido por muchos, como un implícito reconocimiento de la inoperancia de una ministra, con el consecuente desgaste para todo el ejecutivo en unas fechas muy señaladas y cruciales. Desde este enfoque, el cese de la ministra tendría una incidencia negativa en descenso de popularidad de los socialistas y estando la situación tan igualada como está, no se pueden permitir dispendios.
De este factor se vale la propia ministra que públicamente se obstina en no dimitir y hace ese tipo de patéticas declaraciones a las que recurren los políticos en solfa, que aluden a la necesidad de hacer frente a sus obligaciones y a aguantar hasta el final en la brecha (aunque resulte obvio para todos que la confianza depositada sobre ellos se ha quebrado para sus jefes y, en general para los ciudadanos). En esa tesitura ya les importa poco su popularidad y no desean sondear a la opinión pública condicionando su permanencia a lo que opine la ciudadanía; la actuación, por el contrario, para justificar su continuidad - que ya nadie desea - es la de quienes dicen estar batallando en un frente y no pueden huir frente al enemigo cuando las cosas están más comprometidas.
Me quedaré siempre sin saber si Magdalena se aferra al puesto por mantener sus privilegios durante un tiempo más o bien lo hace siguiendo con desgana las instrucciones que le vienen de arriba, porque su marcha – como decíamos antes – puede perjudicar a su partido en las próximas elecciones. Es posible, incluso, que lo esté pasando muy mal y que, detrás de sus hoscas reacciones ante las críticas, se esconda un humano sufrimiento ante tanto ataque arreciando a su alrededor. Puede que algún día escriba unas memorias y nos lo cuente.
Lo que sí puede afirmarse sin género de dudas es que ahora la ministra está saliendo muy cara al gobierno, quien dicho sea de paso demuestra una posición de debilidad ante los nacionalismos absolutamente estremecedora, porque estos últimos están obteniendo una rentabilidad inusitada a sus votos en contra de la reprobación de la Sra. Ministra.
Ahí tenemos al BNG que ha obtenido un incremento en las inversiones en Galicia cifrado en unos 10 millones de euros más, a cambio de no contribuir con su voto a la reprobación y deshonor de esta política. O al PNV que ha desbloqueado el camino para la creación de un engendro (detrás del que están desde hace tiempo), como es el Banco central del País Vasco (o una especie de Instituto de Crédito Oficial local), comprometiéndose el PSE a no votar en contra en el ámbito parlamentario de esa Comunidad Autónoma. Si bien es cierto que no está en la mano de nuestros irresponsables políticos la decisión de Bruselas y del Banco Central Europeo, no es menos cierto que el apoyo del PSOE a la creación de esta Entidad financiera central del País Vasco supone un apoyo inequívoco y la desestimación que nos llegue algún día de Europa deberá salpicar también al Gobierno Central.
Naturalmente que la ministra no vale tanto. También están aquí en cuestión todos los pactos y poliédricas negociaciones que los socialistas llevan a cabo con todos los nacionalistas – cada vez más fenicios y con menos convicciones – para sacar adelante sus presupuestos. Pero la actuación seguida en relación a Magdalena es una muestra útil para ver hasta qué punto la política es cada vez más compleja y retorcida en sus urdimbres.
¡Menudo panorama!.
De este factor se vale la propia ministra que públicamente se obstina en no dimitir y hace ese tipo de patéticas declaraciones a las que recurren los políticos en solfa, que aluden a la necesidad de hacer frente a sus obligaciones y a aguantar hasta el final en la brecha (aunque resulte obvio para todos que la confianza depositada sobre ellos se ha quebrado para sus jefes y, en general para los ciudadanos). En esa tesitura ya les importa poco su popularidad y no desean sondear a la opinión pública condicionando su permanencia a lo que opine la ciudadanía; la actuación, por el contrario, para justificar su continuidad - que ya nadie desea - es la de quienes dicen estar batallando en un frente y no pueden huir frente al enemigo cuando las cosas están más comprometidas.
Me quedaré siempre sin saber si Magdalena se aferra al puesto por mantener sus privilegios durante un tiempo más o bien lo hace siguiendo con desgana las instrucciones que le vienen de arriba, porque su marcha – como decíamos antes – puede perjudicar a su partido en las próximas elecciones. Es posible, incluso, que lo esté pasando muy mal y que, detrás de sus hoscas reacciones ante las críticas, se esconda un humano sufrimiento ante tanto ataque arreciando a su alrededor. Puede que algún día escriba unas memorias y nos lo cuente.
Lo que sí puede afirmarse sin género de dudas es que ahora la ministra está saliendo muy cara al gobierno, quien dicho sea de paso demuestra una posición de debilidad ante los nacionalismos absolutamente estremecedora, porque estos últimos están obteniendo una rentabilidad inusitada a sus votos en contra de la reprobación de la Sra. Ministra.
Ahí tenemos al BNG que ha obtenido un incremento en las inversiones en Galicia cifrado en unos 10 millones de euros más, a cambio de no contribuir con su voto a la reprobación y deshonor de esta política. O al PNV que ha desbloqueado el camino para la creación de un engendro (detrás del que están desde hace tiempo), como es el Banco central del País Vasco (o una especie de Instituto de Crédito Oficial local), comprometiéndose el PSE a no votar en contra en el ámbito parlamentario de esa Comunidad Autónoma. Si bien es cierto que no está en la mano de nuestros irresponsables políticos la decisión de Bruselas y del Banco Central Europeo, no es menos cierto que el apoyo del PSOE a la creación de esta Entidad financiera central del País Vasco supone un apoyo inequívoco y la desestimación que nos llegue algún día de Europa deberá salpicar también al Gobierno Central.
Naturalmente que la ministra no vale tanto. También están aquí en cuestión todos los pactos y poliédricas negociaciones que los socialistas llevan a cabo con todos los nacionalistas – cada vez más fenicios y con menos convicciones – para sacar adelante sus presupuestos. Pero la actuación seguida en relación a Magdalena es una muestra útil para ver hasta qué punto la política es cada vez más compleja y retorcida en sus urdimbres.
¡Menudo panorama!.
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