Una cuarta parte del superávit en las cuentas públicas, lo regala ZP para obtener el poder. 400 euros por cabeza. Este irresponsable está elevando la puja por el voto hasta límites insospechados. Es un incentivo sin precedentes y cuando han decidido su puesta en práctica es porque piensan que la victoria electoral pende de un hilo.
Algo similar sucedió cuando el gobierno central regaló a los catalanes el nuevo Estatut: se trató, como ahora, de una oferta sin precedentes y claramente irresponsable, encaminada a la consecución de graneros de votos. Pero aquí, además, se trata de regalar la pasta de todos, haciendo gala de una administración temeraria. No es la primera medida, por cierto. Ahí tenemos las ayudas por vivienda para los jóvenes (otro granero de votos), el cheque bebé (otro más), los clásicos subsidios agrarios del Plan de Empleo Rural, en Andalucía, etc.
Y mientras tanto, se invierten en la bolsa los fondos de reserva de la Seguridad Social, destinados como todos sabemos al pago de las pensiones si surgen etapas de crisis en nuestro actual sistema de reparto con financiación de activos a los pasivos.
Se venden también las reservas de oro del Banco de España, alegando que en estos tiempos ya no es necesario.
Y uno se pregunta ¿Cómo van a cuadrar las cuentas? Y aunque cuadraran ¿Cómo se va a justificar este gasto irresponsable?
Habrá que abrir un capítulo en los Presupuestos Generales del Estado, llamado “Promesas pre-electorales” de forma que los ciudadanos sepamos cuánto dinero del erario público utiliza el gobernante de turno para ayudar a su partido. Porque, entendámonos, este dinero es más rentable que el que pueda gastar el PSOE en pegatinas y bocatas mitineros.
Algo similar sucedió cuando el gobierno central regaló a los catalanes el nuevo Estatut: se trató, como ahora, de una oferta sin precedentes y claramente irresponsable, encaminada a la consecución de graneros de votos. Pero aquí, además, se trata de regalar la pasta de todos, haciendo gala de una administración temeraria. No es la primera medida, por cierto. Ahí tenemos las ayudas por vivienda para los jóvenes (otro granero de votos), el cheque bebé (otro más), los clásicos subsidios agrarios del Plan de Empleo Rural, en Andalucía, etc.
Y mientras tanto, se invierten en la bolsa los fondos de reserva de la Seguridad Social, destinados como todos sabemos al pago de las pensiones si surgen etapas de crisis en nuestro actual sistema de reparto con financiación de activos a los pasivos.
Se venden también las reservas de oro del Banco de España, alegando que en estos tiempos ya no es necesario.
Y uno se pregunta ¿Cómo van a cuadrar las cuentas? Y aunque cuadraran ¿Cómo se va a justificar este gasto irresponsable?
Habrá que abrir un capítulo en los Presupuestos Generales del Estado, llamado “Promesas pre-electorales” de forma que los ciudadanos sepamos cuánto dinero del erario público utiliza el gobernante de turno para ayudar a su partido. Porque, entendámonos, este dinero es más rentable que el que pueda gastar el PSOE en pegatinas y bocatas mitineros.