Hace ya mucho tiempo que un servidor - y como yo imagino que mucha gente - le hemos visto la verdadera cara al talante de Zapatero. Ha sido desde el mismo principio de su lesgislatura e incluso desde antes, estando todav
ía en la oposición, cuando para algunos se confirmaron las peores expectativas, comprobando anonadados cómo el político del talante y la permanente sonrisa era realmente un aficionado a la agit-prop y a la cizaña. Detrás de sus dientes, a lo pantoja, siempre ha habido una intención de zaherir, de buscar el lado negativo en el contrario (y de cocinarlo si no lo encontraba) de recrear odios y animadversiones. Es la llegada de la política destructiva e inmisericorde, es la entronización de la falta absoluta de escrúpulos, es la profesionalización de las malas artes. Todo esto ha llegado con el Sr. Zapatero y es más que obvio para quien no tenga vendas en los ojos ni padezca un adormecimiento de su libertad de criterio.
ía en la oposición, cuando para algunos se confirmaron las peores expectativas, comprobando anonadados cómo el político del talante y la permanente sonrisa era realmente un aficionado a la agit-prop y a la cizaña. Detrás de sus dientes, a lo pantoja, siempre ha habido una intención de zaherir, de buscar el lado negativo en el contrario (y de cocinarlo si no lo encontraba) de recrear odios y animadversiones. Es la llegada de la política destructiva e inmisericorde, es la entronización de la falta absoluta de escrúpulos, es la profesionalización de las malas artes. Todo esto ha llegado con el Sr. Zapatero y es más que obvio para quien no tenga vendas en los ojos ni padezca un adormecimiento de su libertad de criterio. Todo el mundo sabe que ZP salió elegido fundamentalmente por el clamor popular contra la guerra de Irak y contra el seguidismo de Aznar a Bush. La foto de las Azores y los pies sobre la mesa del rancho tejano de Bush le hicieron mucho daño al PP y, por si fuera poco llegó el atentado del 11M y los intentos tan burdos como inútiles por desviar las pistas de imputación hacia la ETA hasta la fecha de las elecciones, con la esperanza de que no afectaran negativamente a los resultados.
Es cierto: El PP intentó de alguna manera jugar con la ciudadanía, les envolvió en una guerra que no querían, les alió con una potencia que no apreciaban y prestó oidos sordos a su voluntad. Pero en aquellos momentos el PSOE también manipuló todo lo que pudo. Su aparato de propaganda trabajó aquellos días febrilmente y todo - los errores de unos y la agitación de los otros - tuvo fiel reflejo en el resultado electoral.
De ahí salió un presidente que, sin cuestionar su legitimidad, era por decirlo de algún modo inesperado. Algunos le llamaron "presidente por accidente". Yo creo que no fué solo el atentado lo que le dió la victoria electoral. Fué el 11M, pero también la forma soberbia y prepotente de actuar de Aznar en los meses previos a las elecciones y, en particular, su seguidismo a Bush y el eje atlántico.
Y en ese contexto, se hizo preciso abrir frentes de ruptura y asediar y asfixiar al otro gran partido con opciones de llegar al poder, para consolidar las diferencias e impedir que el PP levantara cabeza. Debió descubrir y llegar al convencimiento de que políticamente es más rentable la destrucción del contrario que la construcción. Y ya en el poder, en lugar de construir, siguieron haciendo oposición.
Fue la llegada del "todo vale" al PSOE, materia en la que es versado el inefable Pepiño Blanco, pero ante todo, el "gran maestre" es el presidente Zapatero. No ha habido recato alguno para abrir frentes contra el PP, explorando los terrenos de discrepancia e impidiendo las coincidencias y los acuerdos. Y todo se ha hecho para intentar perpetuar la diferencia obtenida entonces en las urnas. Diferencia que saben que no será igual si un grupo bastante numeroso de gente moderada, cuyo voto obtuvieron en aquélla ocasión vota en el próximo marzo con la cabeza en lugar de con el corazón.
Y aquí vemos ya, diáfana, la necesidad de tensionar y dramatizar: Los expertros manipuladores del socialismo se han dado cuenta de que la reacción es más movilizadora que la acción. La gente va a acudir en mayor número a votarles si se trata de castigar por algo al PP. Ellos mismos piensan - o al menos actúan como si pensaran - que sus ideas no son capaces realmente de movilizar al electorado y se debe recurrir, en consecuencia, a la manipulación, a la agitación y la propaganda más desvergonzada.
Ahora pueden intentar darle otro sentido a la palabra tensión, pero no tenemos más que hacer un repaso de todas las salidas de tono de la factoría pepiño, de todos los videos propagandistas, incluido aquél de las juventudes socialistas sobre la educación para la ciudadanía que tan gracioso le pareció a ZP, de todas las provocaciones hacia la religión mayoritaria en nuestro país y hacia la sensibilidad de una parte importante de nuestra sociedad. Nos explicamos perfectamente por qué tanta insistencia machacona en revivir fantasmas pasados en películas, en series de tv de sobremesa, en libros, debates televisivos... por qué pretenden que resucite el espíritu de la guerra civil (ése es el verdadero sentido de la tensión que siembran dramatizando, o del drama que pueden crear tensionando). Es de una irresponsabilidad esta forma de actuar que bordea el delito. Toda la ciudadanía debería pedir cuentas a estos irresponsables que juegan con los sentimientos de la gente y que - dando la vuelta a la tortilla - imputan a otros la responsabilidad de una crispación que solo ellos han creado, por llevar a cabo una política deliberadamente rupturista.
Siempre lo han sabido que ése era el camino preservar sus caladeros de votos: Mantener a la gente encabronada contra el otro gran partido que les podía disputar el poder. La cuestión es si hay algo de razón para atizar todos esos malos sentimientos en la gente. ¿Qué razón puede haber, más que permanecer un poco más en el poder?
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