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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

12 de marzo de 2008

Algunos quieren que Rajoy esté en tela de juicio


Las tesis oficialistas que circulan de boca en boca entre muchos ingenuos votantes de buena voluntad del PSOE, apuntan a que el PP ha fracasado y consecuentemente debe plantearse la sustitución de un líder ineficaz para conseguir el poder.

La eficacia para conseguir el poder a cualquier precio es la asignatura en la que podría dar lecciones Zapatero, quizás el PP no quiera o no pueda hacer gala de ese insultante utilitarismo de las ideas que ha practicado el PSOE en la última legislatura. Pero eso no significa que haya fracasado. Ha obtenido más votos de los que obtuvo en las anteriores elecciones y no es responsable en absoluto del aumento de votos del PSOE, ya que la migración en la intención de voto ha procedido de los sectores radicales de izquierda a los que ha absorbido el nuevo y radical PSOE como si fuera papel secante.

Ahí tenemos a IU y ERC que han pasado de ser pequeños partidos molestos a ser un limón exprimido por un voraz socialismo sin principios.

Si antes el PSOE era constitucionalista, ahora es federalista. Si antes quiso rendir a los terroristas con otro grupo terrorista, ahora se pone a negociar políticamente con ellos el rumbo del país, si antes quería no remover el sufrimiento de la guerra civil, ahora pretende revisar y rememorar aquellos tristes episodios. Si antes estuvo de acuerdo con el sistema político con el que nos dotamos a través de la Constitución, es decir, con la Monarquía parlamentaria, ahora es manifiestamente republicano. En esos cambios ha radicado la ganancia de votos y alguno de esos giros ha supuesto sin duda una actitud rayana en la traición. Los pactos y enjuagues con los etarras han sido desde luego una ofensa que han sentido como tal una gran cantidad de españoles. Y Rajoy no podía ignorar ese sentir compartido por muchos. ¿Qué iba a hacer? ¿Debía, acaso, dar carta blanca al gobierno en una negociación política que afecta a España y que se cuece con los etarras? Llegar a estos extremos era algo inédito, por mucho que los oficialistas quieran aseverar que Aznar hizo lo mismo y que llamó a los etarras -¡en qué mala hora! – “Movimiento de Liberación Vasco”. Lo de Aznar fue un acercamiento abortado casi de forma inmediata al que no se calificó de “proceso de paz”, que por supuesto no se mantuvo después de producirse nuevos atentados y que no entró a consideraciones políticas. Estas son tres diferencias básicas y hay que añadir una cuarta: No se ocultó información al principal partido de la oposición.

Ahora ya no tiene sentido insistir en estas diferencias, pero ahí quedan los hechos en las hemerotecas.

Otro hecho indudable es que el PSOE ha tenido una gran habilidad para rebañar votos en todos los caladeros posibles, aglutinando una mayoría bastante diversa y conflictiva. Ante eso el PP, no puede luchar: El Estatut catalán, por ejemplo, ha sido un gran acierto como medida para conseguir la radicalización de la situación. Cuando Aznar consiguió la mayoría absoluta hubo un puñado de escaños de Cataluña que se consiguieron haciendo concesiones sin llegar a reformas de alcance constitucional como sucede con el actual Estatut (pendiente como sabemos de sentencia del Tribunal Constitucional). Las ofertas y el acercamiento del PSOE al nacionalismo, el empezar a hablar de federalismo y naciones, el regalar los oídos de esa manera a los nacionalistas provocó un cambio sustancial: Dejó al PP sin espacio político. Pero su postura no ha cambiado con el tiempo. El PP estaría hoy, como lo estuvo ayer, en plena disposición para llegar a acuerdos con los nacionalistas catalanes. La cuestión es que ahora éstos últimos piden mucho más. Han elevado el umbral de su exigencia gracias a la irresponsabilidad de un Zapatero que, con tal de llegar al poder central, ha sido capaz de hipotecar el constitucionalismo español. En ese contexto el PP se ha visto en la obligación de defender su idea de España, lo que le ha valido inmediatamente la pérdida de muchos votantes nacionalistas moderados y el sanbenito de “anticatalán” atizado muy oportunamente por los socialistas, grandes beneficiarios de la operación. Hay que situar aquí también todas las operaciones a favor de La Caixa y de Gas natural, cuando se hablaba aquello de “crear un gigante energético español”. Detrás de todo esto estaba el Señor Montilla, barriendo para casa (naturalmente “su” casa, que no es España). Resulta oportuno analizar quién y por qué ha cambiado su postura. No ha sido desde luego el PP, que ha hecho lo mismo de siempre. Ha sido el socialismo en su novedosa faceta como socio y favorecedor de los independentistas. Eso le ha proporcionado votos y simpatías en territorios que, por añadidura ven multiplicado el efecto de los votos gracias a Ley Electoral y su injusto sistema proporcional.

El PP, por su parte, lejos de suscribir el Pacto del Tinnell fue su víctima y empezó una andadura como apestado en Cataluña, donde gracias a la labor del Sr. Zapatero, todos los nacionalismos se han radicalizado notoriamente, empezando por su PSC.

En consecuencia; si en estas elecciones el PP estaba en su tope y, considerando cuales han sido los frentes de batalla, no viene al caso buscar culpables de su nueva derrota electoral, salvo que el PP se preste a recoger el guante y a entrar en la misma dinámica que Zapatero, apartándose de su tradicional postura y renunciando a algunos principios programáticos esenciales para su electorado para intentar acariciar el poder.

Solo cabe esperar que el PSOE de ZP caiga maduro debido a su inoperancia, aunque es poco previsible porque, ahora que se ha purgado el voto de los radicales de IU y de ERC cabe esperar una moderación en sus posturas. En este sentido el propio ZP ha declarado que esta nueva legislatura no va a ser de aventuras (con lo que implica de reconocimiento de que la anterior sí lo ha sido).

Gran parte del pueblo ha creído y cree en sus aventuras porque le puede el deseo de repudiar “a la derechona”, muy imbuidos, como están por la agit-prop pacifista


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