
Le contestaba una y otra vez con tablas y aplomo, fajándose con la experiencia del zorro viejo y taimado. Le trató con la displicencia del experto frente al novato, más preocupado de perdonarle la vida que de entrar en el fondo de las cuestiones que planteaba Pizarro. Ahora ya no está en su puesto. No se ha cumplido ni una sola de sus previsiones económicas. La vertiginosa entrada en una crisis que quisieron ocultar hoy es una testaruda realidad que coloca en su sitio a Solbes y al presidente mendaz y falso que por desgracia tenemos.
Lo más indignante es que la agobiante situación actual parece que a algunos les hace olvidar la larga sucesión de desaciertos e imprudencias de los periodos anteriores, cuando no se hablaba de la crisis.
Los Presupuestos Generales del Estado, por ejemplo, ya eran una gran mentira antes de que se mostrara la crisis en toda su crudeza. Eso significa que ni las veían venir. Pero hoy nadie quiere responsabilizarse de esa falta de previsión. Quienes avisaban de lo que se avecinaba eran tachados de apocalípticos y poco constructivos. Criticar al gobierno en estos temas viene considerándose como una suerte de deslealtad. Se manipula a la opinión pública para que pondere fundamentalmente las cuestiones de imagen y no se interne en los escabrosos temas, y si alguien lo hace, es un ciudadano desleal.
Pero será la economía la que mande al garete a este gobierno. Eso sí, después de un mínimo de dos legislaturas. Quien sabe si vendrá otra más. Han sabido cultivar un miedo a una derechona inexistente, que les resulta muy útil para ser perdonados por todos los errores.
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