Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

28 de enero de 2010

Pepiño lleva el timón: Tranquilos.

Están francamente bien organizados en el PSOE. No hay más que ver la estrategia que ha seguido Pepiño. El Atila de la política, el maestro de las malas artes y de la propaganda barata ahora quiere aparecérsenos como el estadista responsable que lo mismo resuelve los problemas de infraestructura de la Comunidad de Madrid, que se pone a disminuir el pasivo de AENA a costa de los sueldos de los controladores. Ahora lo curioso es que este iletrado ministro quiere también opinar del equilibrio presupuestario del Sistema de la Seguridad Social. Parece como si supiera de todo y en realidad es un profundo ignorante.

No es una excepción. La mayoría de los políticos son unos profundos ignorantes. A lo sumo tienen alguna culturilla parda, pero en general, solo valen para mandar y que otros les hagan el trabajo. Lo normal es que los políticos contribuyan a desarreglar y desequilibrar aquello que los técnicos luchan por enderezar. Debe haber en la Administración Pública michos funcionarios desesperados que ven cómo un simple giro estratégico de algún iluminado da al traste con su trabajo de años y somete a la sociedad a una nueva trayectoria de incierto destino.

Pepiño es así. Le da igual quien hubiera antes. Si ha de manchar la memoria de algún compañero, la mancha. Se lleva por delante a Maleni (que no hacía, aunque fuera malamente, más que aquello que la mandaban) y ahora aparece como el gran desatascador de conflictos. Naturalmente, eso lo hace en la segunda legislatura, probablemente sabedor de que no tendrá una tercera para regenerar su imagen de cizañero impenitente. Durante el primer mandato fue un destroyer, no solo de la política, sino también del crédito de los políticos y de las instituciones. Con él hemos aprendido todos muchas malas artes. Naturalmente, era lo que podía enseñar a la ciudadanía: De derecho constitucional, parlamentarismo, separación de poderes, diferenciación entre legalidad y legitimidad… de todas esas cosas, sabe poco. Ni falta que le hace.

Ahora se mete en el tema de las pensiones. Es más que probable que no sepa ni cómo se calculan, ni lo que es un sistema de reparto o capitalización. Algo ha oído sobre la quiebra del sistema y, sin sonrojarse, con la decisión del imprudente y la imprudencia del ignorante se lanza a los medios para anunciar medidas.

Vale Pepiño. Ya nos hemos enterado.
Nos vas a retrasar la edad de jubilación a todos y además nos vas a bajar la cuantía de la pensión porque las bases de cotización que entrarán en el sumatorio para el cálculo de la base reguladora de la pensión ya no serán las de los últimos 15 años, sino de un periodo más largo. Cuanto más atrás nos vayamos, cuantas más bases se computen, más baja será la pensión, porque entrarán en el promedio las bases de nuestros primeros trabajos, cuando menos cobrábamos. Y por una pensión más baja tendremos que estar trabajando más años, para que no quiebre el sistema. Porque todos estamos de acuerdo en que faltarán cotizantes.

Lo verdaderamente necesario – hay quien sigue sin darse cuenta – es aumentar los puestos de trabajo. La responsabilidad de un político que hoy día sepa un poco lo que tiene entre manos es luchar contra el desempleo denodadamente. Porque es la única vía real para evitar el desequilibrio. Es el único sistema viable para que las cotizaciones puedan mantener el gasto en pensiones en un sistema de reparto como el nuestro. Pero estáis consiguiendo todo lo contrario: Estáis espantando a los empresarios y a los inversores nacionales y extranjeros. Estáis frenando el consumo y la creación de riqueza. Las familias se lo piensan dos veces antes de consumir. Sin consumo las empresas cierran y no hay trabajo de verdad. Pese a los planes “E”, cursos de formación y todos los trucos habidos y por haber para inventarse población activa, llegaremos a los cinco millones de parados. Muchos políticos, estadistas, economistas, periodistas especializados e inversores de la comunidad internacional ya no ocultan su preocupación por la situación económica de nuestro país. El propio Zapatero pedía ayer patéticamente “fe en nuestra economía”. También en días pasados podíamos ver cómo se insertaban anuncios en medios de prensa extranjeros para incentivar la inversión en nuestra deuda pública. También con un alto grado de patetismo decían "In Spain we trust". Cuando la confianza hay que pedirla... mala señal. La situación es verdaderamente preocupante y todos coinciden fuera de nuestras fronteras, en afirmar que no estamos en el camino adecuado para enderezarla.

Seguimos en la cola de Europa y el desempleo crece. Y mientras el desempleo crezca, habrá menos cotizaciones que tendrán que financiar un mayor número de pensiones. Porque hay un hecho cierto: El número de pensionistas aumentará como consecuencia de la mayor esperanza de vida y de que se aproximan a la fecha del hecho causante de sus pensiones cientos de miles de ciudadanos nacidos en una época en que la tasa de natalidad era mucho más elevada.

Pero no hay que preocuparse: La mano firme de Pepiño coge el timón. Pepe Blanco y otros brillantes directivos con abultada experiencia y profundos conocimientos en economía como Pajín, Zapatero o Corbacho nos sacarán de este embrollo. Y todo quedará atrás como un mal sueño.

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