Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

10 de mayo de 2010

El ejército de Aido

El Ministerio de Igualdad de Bibi, una vez culminado con éxito su proyecto de implantar el aborto libre, asociándolo a la idea de la lucha por la igualdad – cosa que algunos todavía no entendemos – se había quedado ciertamente sin hitos importantes que alcanzar y eso es muy peligroso en estos tiempos que corren de recorte de gastos.

Algo había que hacer para seguir autojustificando el despilfarro y han dado con la tecla: Los planes de igualdad obligatorios en las empresas, los comisarios de igualdad, las subvenciones y ayudas condicionadas a que se sigan y apliquen esos planes y todo un armatoste burocrático y costoso para conseguir lo que la sociedad sola ya estaba consiguiendo.

Echémonos a temblar, porque ya tenemos encima a las AIO (Agentes de Igualdad de Oportunidades) que estarán cada vez más presentes en todas las empresas si éstas quieren percibir ayudas y subvenciones. El coste final, como siempre repercute en el ciudadano pero es consecuencia de la decisión del político ocurrente.

En una incontinencia ideológica, plena de propuestas estúpidas y característica de políticos mediocres, Bibiana Aido está metiéndonos a todos la mano en el bolsillo para llevar a cabo sus planes feministas. Naturalmente hay que destinar presupuesto a sus chorradas, lo que en estos tiempos de crisis por los que atravesamos es otra losa más que impide nuestra recuperación.

Hoy hay economías emergentes que nos están robando la cartera. Nuestro reto es la competitividad y la productividad si de verdad queremos competir en el extranjero y conseguir una mejora ostensible y afianzada de nuestro nivel de vida en España. Para conseguir ese reto, no son buenos compañeros de viaje los comisariados, los agentes para la igualdad, la burocracia y las imposiciones de los gobernantes… ni siquiera las ayudas y subvenciones.

La sociedad civil, no obstante, sabe curarse de estas prácticas. Lo normal es que haga poco caso de estas iniciativas estúpidas y tan solo cubra los requisitos de modo aparente para recoger las ayudas y subvenciones. Así será frecuente ver a la secretaria del jefe constituida en agente para la igualdad de oportunidades (lo que será mucho más aconsejable antes que meter un bicho feminista en la empresa). Y ¿de qué habrá valido toda esta parafernalia?
Habrá servido tan solo para justificar un ministerio estúpido.

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