
Corbacho era un eslabón más de la larga cadena de concesiones del actual gobierno hacia el nacionalismo catalán, en el intento de asegurarse la adhesión de un PSC al que había que mimar desde Madrid. Primero vino la designación del propio Montilla como Ministro de Industria, luego el inexplicable y provocativo nombramiento de Carmen Chacón en Defensa y uno de los ultimos fue Corbacho en Trabajo (por no citar escalafones inferiores en los que han proliferado los puestos para el sector nacionalista). De este hecho se pueden extraer algunas conclusiones preliminares:
1.- El de Corbacho era un nombramiento esencialmente político y su procedencia como Alcalde de Hospitalet no le avalaba en modo alguno para las responsabilidades que se le avecinaban. Aunque viniera del mundo sindicalista, ha dado muestras continuas de un profundo desconocimiento de lo que es el mercado laboral quizás por su falta de contacto con él mientras desarrollaba su anterior carrera política.
2.- En un ejercicio de paracaidismo similar al de Trini en la Comunidad de Madrid, llegó a un ministerio que le ha venido grande, sin tener experiencia alguna y lo hizo sabiéndose un mero instrumento del compromiso de Madrid con sus patrocinadores de la Generalitat.
En definitiva: Corbacho ha estado aquí pasando una “mili”, hasta que ha sido rescatado. Y en ese momento - (que acaba de producirse, pues cuentan con él para formar parte de las listas del PSC) – es cuando se ha visto con quién tiene un verdadero compromiso. Nos ha dejado tirados para irse a "su país" cuando mayor grado de compromiso debería sentir para mejorar en algo los muy negativos datos de su mandato.
Claro, que toda la culpa no es suya y él lo sabe. Cuando a alguien le nombran para no mandar y para estarse quietecito y portarse bien, sin rechistar ante las continuas intromisiones de otros departamentos ministeriales, es bien cierto que no se le puede achacar al cien por cien la responsabilidad de los errores. Me atrevo a decir, por tanto, que Corbacho no es del todo responsable de la deriva del Ministerio de Trabajo ni del fracaso en la lucha contra el desempleo porque, en ese terreno han tenido mayor peso específico las decisiones de otros que las suyas. Hay que comprender que el hombre lo ha debido pasar mal por este descarado ninguneo. Seguramente deseaba irse desde hace tiempo y ahora tiene la suerte de que las listas de candidatos saldrán antes de que se produzca la huelga general, por lo que es posible que dimita antes.
Pero también es cierto que si hubiera tenido un mínimo de vergüenza torera habría presentado él mismo su dimisión cuando otros (Salgado, Pepe Blanco, De la Vega etc.) tomaban y hacían públicas decisiones que le hubieran correspondido a él, como Ministro de Trabajo.
De todo esto, lo peor y más insultante (para alguien que, como yo, presta servicios en el Ministerio de trabajo)es que se haya valorado en tan poco la cartera. Instrumentalizar de esta manera tan partidista la designación de quien ha de ser el responsable de un ministerio importante (no como otros) supone un insulto a todos los integrantes del mismo y a lo que hacemos.