¿Qué ha pretendido Zapatero con este cambio de gobierno? ¿Realmente han sido unos cambios para solucionar los problemas del país – de todo el país – o se trata de un movimiento partidista que busca una recuperación en las urnas, para las próximas citas electorales?
Sin duda es lo segundo. ZP siempre se ha caracterizado por importarle más bien poco España. Sólo ha buscado, aún a costa de ir frontalmente contra los intereses del Estado cuyo gobierno preside, el beneficio de su partido y la permanencia en el gobierno. Ahora más que nunca intenta aferrarse al poder y el nuevo gobierno – como veremos está específicamente diseñado para eso.
En TRABAJO ha nombrado a Valeriano Gómez, un sindicalista nada neutral que acudió recientemente a apoyar la huelga convocada contra las medidas que ahora le va a tocar promover. ¿Con qué convencimiento va a hacerlo? Y ¿Qué pensarán nuestros tutores de Europa cuando vean que Zapatero ha puesto al frente de la reforma laboral a alguien que se opone frontalmente a ella? Bien es cierto que no es la primera vez que hace algo así: También puso a una pacifista al frente de las fuerzas armadas, que ha conseguido desnaturalizar para transformarlas en una especie de bomberos solidarios. Valeriano quizás tenga poco margen para resolver nada aunque le ha faltado el tiempo para hacer manifestaciones imprudentes, como es habitual en los gobiernos de Zapatero, afirmando que en 2011 cree que va a haber creación de empleo neto. (bluff inconsistente, como muchos a los que nos tienen acostumbrados, destinado a ganar tiempo y adormecer un poco a la ciudadanía o mantener a raya las críticas). Lo verdaderamente importante es recuperar el voto de los sindicalistas descontentos, todos esos que se han manifestado contra el gobierno por aprobar las medidas de reforma del pasado 12 de mayo. Entre ellos se cree que puede haber mucha futura abstención o migración de voto hacia la izquierda, de ahí el nombramiento de Valeriano. Es una designación por la que el gobierno busca reconciliarse con la izquierda, importando más bien poco si el nuevo ministro va a saber gestionar de acuerdo con los nuevos tiempos y directrices para combatir de verdad la crisis. Se habló en los meses pasados de que Cándido Méndez era un verdadero vicepresidente en la sombra y después de haberle desairado (a él y a los amigos de Rodiezmo) había que buscar contentarles.
Algún ministrable, como Octavio Granados, se ha quedado con un palmo de narices, si es que pensaba que podían ascenderle. La política electoralista es lo único que cuenta.
El Ministerio de MEDIO AMBIENTE, MEDIO RURAL Y MARINO se lo han dado a Rosa Aguilar, una vieja militante comunista que se desacreditó definitivamente hace aproximadamente un año, cuando abandonó el barco de su partido político en desintegración, dándole una puñalada en su lecho de muerte y yéndose a las filas del PSOE. Pese a esta traición, Rosa Aguilar mantenía cierta buena prensa y consideración entre la izquierda, por su gestión al frente del Ayuntamiento de Córdoba (que ella contribuyó a entregar en bandeja al PSOE, puesto que el voto del electorado era allí, personalista más que de partidos). ZP ha aprovechado la ocasión para recompensarla en su traición y, de paso, intentar captar algo del voto de la izquierda en las próximas elecciones andaluzas y en la Generales de dentro de un año. El discreto desempeño de su cometido le ha servido de bien poco a la ministra saliente, que se despide sin pena ni gloria.
En EXTERIORES, Moratinos era un ministro profundamente desacreditado después del desacertado rumbo que desde hacía años había tomado nuestra política ingenua y buenista con Estados bananeros o fundamentalistas, liderados por sátrapas y dictadorzuelos de tres al cuarto.
Ha llorado al dejar el Palacio de Santa Cruz, igual que Boabdil al abandonar la Alhambra. Su pusilanimidad es la misma.
España no puede estar más desacreditada en la Comunidad internacional que en los últimos tiempos. En gran parte hay que agradecérselo a Moratinos y su política de alineamientos equivocados y de poner la otra mejilla a cada humillación o desaire que recibíamos todos, como españoles, en su cara de bonachón impasible. Y en verdad que este osito de peluche tiene hitos difícilmente superables: Que nos humille Marruecos en la frontera de Ceuta y melilla continuamente, que Evo Morales persiga con su judicatura amañada a empresarios de REPSOL , que la Kirchner se permita el lujo de expropiar tranquilamente empresas españolas, que el gorila rojo Hugo Chávez acoja en su país a etarras o expropie a empresarios españoles impunemente, sin recibir ninguna protesta de nuestro país (o que retire a su abanderado de nuestro desfile de las FAS el pasado 12 de octubre con una excusa peregrina y cínica), que sigamos amenazados por Al-Qaeda y se nos reclame Al-Ándalus cada vez con mayor intensidad, pese a haber incrementado las concesiones de todo tipo al mundo islámico, que el pirata Caruana, jefe de una cueva de ladrones y contrabandistas como es Gibraltar consiga reuniones tripartitas con Gran Bretaña y España, recibiendo el tratamiento de Jefe de Estado y se permita después el lujo de plantarnos, que ése mismo pirata detenga a nuestros guardias civiles por perseguir a contrabandistas en “sus” aguas cuando es sabido que, en virtud del Tratado de Utrecht las aguas territoriales que rodean el peñón son españolas, que se estén invadiendo esas mismas aguas con terreno ganado al mar para construir urbanizaciones y puertos deportivos, que nuestro país luche denodadamente en la comunidad internacional por el desbloqueo a la dictadura cubana, pretendiendo que ésta es cuasi un régimen democrático y logrando que un reducido grupo de presos de conciencia sea “liberado” (realmente deportado de su país, donde siguen sin existir libertades), que nos hayamos hecho famosos en la comunidad internacional por patrocinar, junto a destacados políticos como Erdogán, la estéril alianza de civilizaciones, es decir, la tolerancia con los intolerantes (lo que es el principio de nuestro fin como sociedad civilizada y desnortada que parece buscar un amo).
Muchos más detalles podríamos relatar y enumerar. Por algo se le ha llamado el ministro “desatinos”. Por eso es bueno que se vaya, venga quien venga. ¿Y quién viene? Pues nada menos que la señorita Trini. Una verdadera afortunada en estos tiempos de paro, pues recibe una tras otra ofertas de trabajo en puestos tan diversos como candidaturas a alcaldías, presidencia de la comunidad de Madrid, o secretaria de estado de exteriores para Iberoamérica, ministerio de sanidad y lo de ahora; de vuelta a exteriores. No sabemos si aprendió algo de su etapa anterior en la que le crearon el puesto (desdoblando la antigua Secretaria de Estado, restándole funciones a Bernardino León y multiplicando el gasto en medios y personal). De aquello época es la famosa conferencia de Estados iberoamericanos en la que un grupillo de sátrapas bolivarianos se enfrentaron abiertamente a la antigua metrópoli haciendo colmar el vaso de la paciencia del rey Juan Carlos, quien le dio al gorila, la respuesta oportuna que luego se haría famosa… el “¿por qué no te callas?”.
Desde entonces, la conferencia está prácticamente disuelta y han sido muchas las ausencias en las siguientes ediciones. Ése es el rastro que dejó nuestra querida “todoterreno” en Iberoamérica. Desde entonces la pérdida de influencia en el ámbito internacional ha sido notable y las causas, desde luego, no son todas imputables a Moratinos o la propia Trinidad Jiménez. El principal culpable es Zapatero y su torpeza en las relaciones exteriores, que se ancla en su afición a ver siempre la política en clave interna y electoralista. El hecho de no levantarse ante la bandera norteamericana fue un error de colosales consecuencias, si se analiza en clave de Estado. Se perdió credibilidad frente a potencias que podían habernos ayudado y nos ganamos su animadversión larvada. Sin embargo en clave interna fue un acierto porque en aquellos momentos la población española era muy pacifista y sentía repugnancia hacia todo lo que sonara a intervención armada en Irak y, en general, a la política de Bush. ZP se ganó, así, adeptos dentro de nuestras fronteras con independencia de hacer un flaco favor a España, como país (cosa que le importaba bien poco).
Tampoco tiene la culpa Trinidad Jiménez ni nadie, de las torpezas de Zapatero ofendiendo a Francia y Sarkozy, cuando dijo de forma chusca y desafortunada, queriendo hacer un estúpido chiste, que “que no se ofenda mi amigo Sarkozy, pero le vamos a superar en PIB, dentro de poco”, o cuando desdeñó a la recién elegida Ángela Merkel, como si fuera un error de los alemanes que duraría poco tiempo.
Se encuentra pues, trinidad Jiménez, con un panorama internacional desalentador y con un descrédito absoluto de nuestro país que nos hemos ganado a pulso y que ella sin duda no arreglará pues, como fiel voz de su amo, seguirá la funesta política de Zapatero.
Por último, yo destacaría, en lo que se refiere a su nombramiento, que estamos ante una nueva muestra de improvisación de Zapatero y de lo escaso que es su círculo de confianza. Hace apenas unos días, Trinidad era la flamante candidata a la CAM. Y ahora, de repente, ya no va a luchar en Madrid (ni va a formar ese precioso “tándem” con Tomás Gómez, al que los socialistas aludían). Ahora ZP le da un ministerio en reconocimiento a su fidelidad (no a otras virtudes, que brillan por su ausencia). Tampoco ha valido de nada el pretendido grado de implicación que decía tener con el Ministerio de Sanidad. Se marcha a Exteriores, que parece que le gusta más y ahora toca el decir lo de siempre: Mi vocación de servicio por la ciudadanía y mi adhesión al Partido y a su jefe, me obligan a aceptar esta carga.
La pesada carga será en este caso (como ha sido siempre) el aguantar las críticas de sus propios compañeros por ser un florero arribista.
Para un depauperado MINISTERIO DE PRESIDENCIA se ha querido contar con Ramón Jáuregui, casi defenestrado por Zapatero no hace mucho, cuando se optaba por un Patchi López en el País vasco que todavía no se había rebelado contra Ferraz. A Patchi López no se le perdona haber querido ser lendakari a costa de pactar con el PP. Esa forma de llegar al poder con pactos (o de mantenerlo) ha estado omnipresente en la política maniobrera y cortoplacista de Zapatero: en este caso López la aplicó para su propia conveniencia con quien podía (el PP) y con el pretexto que podía (la defensa de las víctimas en el País Vasco y el
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