Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

6 de diciembre de 2010

Crisis de los controladores servida a la carta




A Pepiño Blanco se le desmontan sus argumentos a poco que se analicen la secuencia de sus actos y la tendenciosidad de sus palabras. Cuando entró en el Ministerio de Fomento, lo primero que hizo fue utilizar a los controladores para reafirmar su propia autoridad. A Blanco nunca le ha interesado llegar a un acuerdo con este díscolo colectivo, sino – por el contrario – ahondar en su imagen de rebeldes y laminarlos frente a la opinión pública. Esta es una vieja táctica de los políticos oportunistas. Y en el lamentable erial de la política actual, la comadreja más oportunista que podemos encontrar, es Pepiño.


Si los controladores aéreos cobran demasiado, habrá que revisar a la baja sus emolumentos, sus jornadas de trabajo y lo que haga falta… pero respetando un proceso negociador. Porque la huelga y la libertad sindical son derechos constitucionales, que el gobierno ha atropellado, declarando un exagerado estado de emergencia y basándose en unos intereses generales cuyo alcance interpreta de forma unilateral como le conviene.


Pero aquí no convenía negociar nada. El colectivo de controladores estaba sentenciado de antemano. Se llegaron a unos acuerdos que supusieron para los controladores una renuncia a parte de sus demandas, pero estos acuerdos han sido incumplidos por el gobierno, al aprobar un nuevo decreto, estableciendo una condiciones aún más exigentes con el colectivo. El Decreto, curiosamente es aprobado en víspera de un puente estratégico, planteando a los controladores un desafío, que se sabía, iban a aceptar. Eran previsibles, pues las consecuencias de la medida. Hasta tal punto lo eran, que Zapatero no viajó a la cumbre iberoamericana, quizás consciente de que iba a tener que sentarse en un gabinete de crisis que ya estaba planificado. También huele a planificación, la rapidez con la que se han adoptado medidas límite como la declaración del estado de alarma y la forma en que se ha previsto la obtención de la firma del rey, por vía telemática. Todo eso no es fruto de la improvisación y obedece a una estrategia deliberada.


Los controladores son quienes se han visto arrastrados a una trampa. Lástima que la obcecación y la falta de visión les hayan hecho caer en ella. Me parece impresentable que hayan bloqueado de esa manera el tráfico aéreo, sin matices, sin anuncio, sin servicios mínimos. Pero también he de decir que su enfrentamiento con el cizañero Pepiño, me ha hecho simpatizar más con ellos. Las amenazas que ahora pesan sobre ellos son tan desproporcionadas como la propia huelga de la que traen causa. Lo único que ha habido en este caso es una falta al trabajo de un día que, aunque se considerara injustificada no tiene por qué acarrear más que un apercibimiento o sanción leve. Es una barbaridad hablar de sedición o de militarizar al colectivo. Suena a dictadura bananera.


Pero es curioso que a poca gente le haya indignado esta postura gubernamental. La explicación es que la gente está donde ahora quiere el gobierno que esté: Indignada contra un colectivo, por haber perdido sus viajes y vacaciones. ¿Pero dónde está el Parlamento que debería controlar al gobierno? ¿Y las asociaciones de jueces? ¿Y el Consejo de Estado? ¿Es que nadie va a levantar la voz para avisar de este atropello?


También es curioso que mientras tanto, se ha conseguido que pase de puntillas, casi desapercibido para todo el rebaño de borregos adocenados en que nos hemos convertido los españoles, el decreto por el cual se aprueba la eliminación de la ayuda de 400 euros.
Los controladores no van a ser los únicos. Hay otros muchos colectivos que tienen el riesgo de ser considerados díscolos por este gobierno sin talante.


No se van a atacar desde el poder todas las asociaciones afines, los sindicatos, los colectivos de gays y lesbianas, los okupas, las ongs de turismo solidario etc. A ellos irán todos los fondos que resulten necesarios.

Pero mientras se está produciendo, de forma larvada, un ataque a la organización corporativa de la clase media, al asociacionismo profesional no controlado por partidos políticos o sindicatos. Ya lo han hecho con los vendedores de lotería, con los farmacéuticos, con los taxistas etc. Aprueban decretos y se cargan tu medio de vida, metiéndote la mano en el bolsillo. Y se produce una paradoja consistente en que los más intervencionistas aparecen como liberalizadores del mercado frente a las corporaciones profesionales.

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