Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

10 de junio de 2011

La tentación de la partitocracia

Creo que la clase política está muy deteriorada, y en ello participan todos los partidos. Pero ha sido el PSOE cortoplacista y maniobrero el que ha dilapidado en los últimos tiempos el poco crédito que tenían los políticos.

Hoy la gente está llegando a la conclusión de que cuando vivíamos un poco mejor – por no haber llegado la crisis todavía – era a pesar de los políticos y que, con la llegada de la crisis, la numerosa caterva de políticos de media monta, ha tenido un efecto multiplicador del desastre.
Paradójicamente ese desastre no les afectará. Estos días de paro y desesperanza son de estreno y de alegría para algunos, porque van a comenzar el desempeño de un cargo muy bien remunerado. Poco se puede objetar si la persona que va a ocupar tal cargo ha sido elegida por la ciudadanía. Pero todas las libres designaciones, todos los amiguetes, todo el despliegue de influencias para que unas familias de privilegiados vivan holgadamente del erario público… todo eso es lo que resulta hoy obsceno. Cualquiera con un poco de sensibilidad es capaz de verlo. Pero la mayoría de los políticos parecen no tener esa sensibilidad. O simplemente quieren pasar por alto estos detalles.
Porque al fin y al cabo estamos hablando de dinero. Según el dicho, “Perro con dinero es señor perro”. A muchos para ser señores, no les importa ser perros. Y el ver la crisis a su alrededor les refuerza aún más y les retiene las arcadas. Porque la aridez y falta de cobijo que ven a su alrededor les proporciona excusas para la indignidad. Piensan en su familia y en los suyos y pierden los escrúpulos.
La clase política se ha hecho un verdadero lastre y hemos llegado a una colmena con demasiado zángano y poco obrero. Lo peor es que la reforma tiene que llegar a través del poder y son ellos quienes tienen el poder. Por tanto, cuesta creer que vayan a reformar algo.
Mientras tanto se ha instalado un poso de descontento en la ciudadanía que reesulta tremendamente peligroso para la estabilidad del país. El ciudadano descontento es muy manipulable: Solo se trata de focalizar sus iras contra alguien o algo y si la masa se moviliza, el resultado es incierto.
Para completar el caldo de cultivo, los responsables del PSOE, los que han parasitado los presupuestos públicos, hasta dejar a todo un país sin aliento, han designado a un gran maniupulador para gestionar este desastre. Un histórico personaje con aspecto y ademanes de enterrador que debe ocuparse ahora de hacer una llamativa pirueta política: Conseguir que el descontento de la gente se desvíe y, en lugar de dirigirse contra el gobierno concreto, exigiendo la cabeza de los responsables de tanto desatino, pongan la diana en una especie de movilización utópica, repleta de ideología barata, descoordinación, hipismo contracultural y lucha antisistema.
Así, desviando el ataque contra el sistema en general (y no contra ellos), evitan el peligro pero consiguen algo mucho peor: El perjuicio del Estado completo y la desestabilización, tan negativa para atraer inversores y una recxupèración económica.
El Movimiento 15 M, disfrazado al principio como una iniciativa pacífica de la ciudadanía, consiguió que muchos descontentos de ideologías diversas se adhirieran. Pero hoy se está viendo claramente que la manipulación de masas procede sobre todo de la izquierda. Son ellos quienes han celebrado y aplaudido el librito de Hessel. Son ellos quiene quisieron capitalizar el dudoso éxito de las acampadas y movilizaciones, expresando públicamente su simpatía hacia ellas.
Paro hay un problema: Y es que ha sido la izquierda quien nos ha gobernado durante los últimos siete años. Eso no se puede ignorar. Y el electorado –ahí es donde está el verdadero pueblo – ha castigado duramente en las últimas elecciones municipales al PSOE y ha “perdonado” al PP allá donde venía de gobernar. Mucho de ese castigo emana de la izquierda real que no tolera a la izquierda impostada y utilitarista del PSOE, que se ha visto desbancado. En estos siete años se ha apurado al máximo el pactismo desleal con unos y otros, siempre buscando el poder, y se ha hecho un continuo ejercicio de equilibrismo desde el PSOE hasta no contentar a nadie. Y, como cabía esperar, todo se derrumba como un castillo de naipes.

Rubalcaba está donde está, para evitar el derrumbamiento. Para evitar la disolución de un PSOE profundamente desacreditado por la traición. Tendrá mucho trabajo si quiere conciliar la izquierda real con el ejercicio actual del poder, absolutamente mediatizado por Europa y las necesidades de los mercados. Tiene que mantener simultáneamente dos discursos: El discurso responsable frente a la Unión Europea y a los inversores en el que incluso se ha adherido - el PSOE - a recetas neoliberales, y el discurso de izquierda que contiene el sustrato ideológico de su partido, para recuperar la sintonía con unas bases que les han abandonado en las pasadas elecciones del 22M.

Claro está que la opción más honesta hubiera sido legitimarse con unas nuevas elecciones generales, pero el riesgo de perder el poder era demasiado elevado y, como hemos dicho antes: Solo les importa el poder. Ese poder que les permite viajar en jet privado o coche oficial y tener altas remuneraciones y recibir respeto y distinciones tan agradables como inmerecidos. Ese poder que les permite acceder al dinero público y gastarlo sin control de nadie.

La partitocracia acoge en su seno a ese grupo de escogidos, cada vez más numeroso de todas las formaciones políticas, sobre todo de las dos grandes, que hoy es visto por la sociedad como una pandilla de aprovechados. Esa pandilla siempre ha existido. El problema es que cada vez es más numerosa. Los municipios, las Comunidades Autónomas, las Diputaciones siguen engordando y el sufrido ciudadano es el que lo paga todo. Quien de verdad debería indignarse es la sufrida clase media que padece sueldos cada vez más bajos e impuestos más altos, que siente en la nuca el aliento de la Agencia Tributaria, cada vez más voraz y canina o de algún alcalde megalómano. Esa clase media ha podido sentir una explicable tendencia que le habría llevado a adherirse al movimiento 15M en un primer momento. Ésa gente llana que cuando consigue ser respetable se debe a su actitud o sus actuaciones y no a una etérea representatividad de nadie ni de nada. Esa gente tan distinta de los políticos, que disfruta de las cosas normales, que solo desea seguridad para los suyos. Ésa es la gente pagana y su paciencia se ha agotado. Están hartos de sostener este tenderete. Nos les queda un centímetro de piel sin una sanguijuela colgante y no saben cómo sacudirse esta plaga.

Se encuentraron hace unos días, de forma repentina, con ese movimniento organizado de los indignados y muchos se adhirieron. Pero no sabían que el movimiento, al margen de sostener una ideología facilona que sacude las conciencias, no da recetas prácticas para su aplicación en la vida real. Es muy bonito decir que la sociedad sea más justa y que se respete más al pueblo. El problema es decir cómo se hace eso.

Las pocas propuestas que figuraban en el ideario dela Plataforma "Democracia real ¡Ya!" tenían mucho de disparate y podían suponer un endeudamiento mucho mayor de los poderes públicos, como por ejemplo la enajenación forzosa de las viviendas desocupadas. Los integrantes de la acampada de Sol han terminado por ser un grupo de Okupas y jóvenes con modales, estética y pensamientos de extrema izquierda y con una patética desorientación e ignorancia (que les preocupa bien poco). Esa gente no representa para nada a la inmensa clase media descontenta y han tomado la calle sin ninguna legitimidad. La mayoría de ellos no pagan impuestos directos y consumen más bien poco, lo que significa que en impuestos indirectos tampoco se les va el dinero. Su falta de legitimidad es patente, aunque en sus inicios tenían razón en algunos puntos: por ejemplo, la queja sobre la pérdida de hábitos democráticos. Todos sabemos que hoy los tres poderes están muy juntos; El PSOE está en el Ejecutivo. En el legislativo el PSOE (es decir, el ejecutivo) obtiene las mayorías necesarias comprando literalmente los votos de la minorías nacionalistas, siempre que le ha interesado. (en los últimos tiempos el descaro ha ido en aumento para este tipo de componendas y CiU, PNV y el resto de "socios" no han tenido empacho en hacer ver públicamente sus logros en cada visita a La Moncloa, a cambio de sus apoyos en votaciones importantes). Por lo tanto, Ejecutivo y Legislativo, se identifican bastante en su línea de actuación. Por otra parte, las discrepancias, interpelaciones, preguntas parlamentarias etc.. son despachadas sin respuesta alguna y las comisiones de investigación son sistemáticamente rechazadas. Y para redondear la falta de democracia, nos encontramos con que el poder judicial, el tecer poder, en sus principales instituciones de control y altos tribunales tiene un reparto proporcional a la representación del legislativo. Es decir; los controla el partido mayoritario. El Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y en menor medida algunas salas del Tribubnal Supremo o de la Audiencia Nacional - aunque estos dos altos tribunbales están más profesionalizados9 - adolecen de este defecto. Por no hablar del Fiscal General del Estado, un verdadero lacayo del gobierno, es decir, del PSOE.

Tenemos una democracia manigfiestya,mente mejorable, pero la forma de conseguir mejoras reales no es destruyendo lo que tenemos, sino luchando desde el sistema. Cuanto más en profundidad lo conozcamos, más podremos mejorarlo. Con ello no invito en absoluto a que la gente se haga política. Sigue pareciéndome esta profesión un mal necesario y una actividad de las más indignas que se pueden encontrar para ganarse uno la vida.

Los ciudadanos deben saber que hay cauces útiles para mostrar de una forma más efectiva su desacuerdo con la partitocracia que nos gobierna en todos los estamentos. En las próximas elecciones generales, es posible que haya un vuelco. Si es así, Rajoy y el Partido Popular deben preocuparse de regenerar nuestra maltrecha democracia, si es preciso arriesgándose a perder el poder. El desapego al poder es lo que más legitima al político, y las excusas que se busca para mantenerse en el poder es lo que más le deslegitiman. Los socialistas están ahora profundamente deslegitimados porque quieren agotar el mandato desoyendo la voz del pueblo, que se ha pronunciado claramente el pasado 22 M.

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