Muchas veces he criticados de Zapatero y su gobierno dos cosas: La falta de peso en la escena política de la comunidad internacional y en particular en Europa (donde su imagen ha sido patética) y la tendencia al derroche que ha provocado un importante desequilibrio presupuestario y ha obligado a recurrir a un aumento desmesurado del endeudamiento público, que tanto gusta a los manirrotos socialistas.
Estos dos defectos o aspectos criticables han sido la causa de que ayer resultara la banca española más castigada que otras europeas. La explicación que dan en Europa para justificar lo que nuestros bancos califican como una discriminación es que nuestra deuda soberana ya no es fiable ¿quién ha decidido eso y por qué?
Por una parte los inversores vienen ya desde hace largos meses elevando su ratio de riesgo y reduciendo el valor de los bonos. Ayer el diferencial respecto al bono alemán se redujo a 312 puntos, pero hay un país – Italia – que teniendo un diferencial mayor (366) no resultó castigado como España.
¿En qué consistió el castigo? En obligar a los bancos españoles a provisionar para aportar fondos a una deuda que no es nuestra; la deuda griega, a la que se ha hecho una quita del 50 %. Nuestros bancos tienen la comprensible indignación porque… Si estaban menos expuestos a la deuda griega, por no tener apenas bonos de ese país ¿Por qué han de provisionar en mayor proporción que los bancos franceses? No es de extrañar que las acciones de éstos últimos hayan subido casi el 20 % en el día de ayer.
El problema en definitiva es que se ha visto a los bancos españoles como muy expuestos a su propia deuda soberana. No hay confianza en la recuperación del equilibrio presupuestario español, habida cuenta del endiablado diseño institucional y político que tiene nuestro país, considerando la inmensa deuda de nuestra comunidades autónomas (que los europeos saben que salpica al Estado) y considerando también el hundimiento del sector inmobiliario.
¿Qué es lo que ahoga hoy a nuestros bancos? Los activos inmobiliarios que tienen parados y la cartera de vencimientos a plazo de la deuda soberana española. Si estas dos trabas ya atascaban de alguna manera la actividad crediticia con las economías privadas, ahora la situación empeora, puesto que los bancos tienen que provisionar una cuantía en torno a los 26.000 millones de euros.
Naturalmente los usuarios de esos bancos son los que saldrán perdiendo y pagarán los platos rotos, porque las entidades financieras se las arreglarán para repercutir sobre ellos buena parte del ajuste.
¿Tiene Zapatero la culpa por completo? No, pero sí que ha influido mucho en esta situación de descrédito. Su charlatanería en los foros internacionales, cuando dijo lo de la “Champions league” y aquellos de “… lo siento por mi amigo Sarkozy, pero España va a adelantar a Francia en PIB” o cuando dijo al respecto de la quiebra de Lehman Brothers aquello de que “los bancos españoles son los más seguros el mundo”. Zapatero siempre ha transmitido una imagen de charlatanería e improvisación y una postura alejada de la responsabilidad y la solvencia y detrás de él está la deuda española, afectada por la imagen que tengan los inversores de nuestro país y sus gobernantes.
El impulso al nacionalismo y a los estatutos autonómicos (alguno casi constituyente como el catalán) y el apoyo a los desorbitados gastos que se han hecho en casi todas las comunidades autónomas han provocado que los inversores y las autoridades europeas empiecen a cuestionarse la viabilidad de nuestro sistema.
Un estado que se encontraba en superávit y que en poco tiempo ha desequilibrado tano la balanza presupuestaria, es natural que provoque recelos. Un Estado que aprueba unos presuestos generales ya trufados de maquillaje y optimismo injustificado, es lógico que origine cada vez mayor desconfianza en nuestros socios europeos.
Junto a la desconfianza, naturalmente está la puñalada. Los paísese europeos, sobrte todo Francia y Alemania se han aprovechado de la inoperancia de ZP y su gobierno para entender siquiera cuál era la naturaleza del problema que se estaba tratando en la cumbre y, como cabía esperar, se la han metido doblada. Al fin y al cabo no estamos ante ONGs nio ante mojitas de la caridad. Estamos ante gobernantes que cumplen con su obligación de defender los intereses del Estado al que representan.
Solo pienso que España ha tenido mala suerte. Una mala suerte merecida y buscada en las urnas por los votantes españoles en marzo de 2008, fecha en la que escogimos a un demagogo ignorante y sectario para ponerse al frente de un país, coincidiendo con la llegada de la peor crisis que ha tenido la Unión Europea desde su creación.
Estos dos defectos o aspectos criticables han sido la causa de que ayer resultara la banca española más castigada que otras europeas. La explicación que dan en Europa para justificar lo que nuestros bancos califican como una discriminación es que nuestra deuda soberana ya no es fiable ¿quién ha decidido eso y por qué?
Por una parte los inversores vienen ya desde hace largos meses elevando su ratio de riesgo y reduciendo el valor de los bonos. Ayer el diferencial respecto al bono alemán se redujo a 312 puntos, pero hay un país – Italia – que teniendo un diferencial mayor (366) no resultó castigado como España.
¿En qué consistió el castigo? En obligar a los bancos españoles a provisionar para aportar fondos a una deuda que no es nuestra; la deuda griega, a la que se ha hecho una quita del 50 %. Nuestros bancos tienen la comprensible indignación porque… Si estaban menos expuestos a la deuda griega, por no tener apenas bonos de ese país ¿Por qué han de provisionar en mayor proporción que los bancos franceses? No es de extrañar que las acciones de éstos últimos hayan subido casi el 20 % en el día de ayer.
El problema en definitiva es que se ha visto a los bancos españoles como muy expuestos a su propia deuda soberana. No hay confianza en la recuperación del equilibrio presupuestario español, habida cuenta del endiablado diseño institucional y político que tiene nuestro país, considerando la inmensa deuda de nuestra comunidades autónomas (que los europeos saben que salpica al Estado) y considerando también el hundimiento del sector inmobiliario.
¿Qué es lo que ahoga hoy a nuestros bancos? Los activos inmobiliarios que tienen parados y la cartera de vencimientos a plazo de la deuda soberana española. Si estas dos trabas ya atascaban de alguna manera la actividad crediticia con las economías privadas, ahora la situación empeora, puesto que los bancos tienen que provisionar una cuantía en torno a los 26.000 millones de euros.
Naturalmente los usuarios de esos bancos son los que saldrán perdiendo y pagarán los platos rotos, porque las entidades financieras se las arreglarán para repercutir sobre ellos buena parte del ajuste.
¿Tiene Zapatero la culpa por completo? No, pero sí que ha influido mucho en esta situación de descrédito. Su charlatanería en los foros internacionales, cuando dijo lo de la “Champions league” y aquellos de “… lo siento por mi amigo Sarkozy, pero España va a adelantar a Francia en PIB” o cuando dijo al respecto de la quiebra de Lehman Brothers aquello de que “los bancos españoles son los más seguros el mundo”. Zapatero siempre ha transmitido una imagen de charlatanería e improvisación y una postura alejada de la responsabilidad y la solvencia y detrás de él está la deuda española, afectada por la imagen que tengan los inversores de nuestro país y sus gobernantes.
El impulso al nacionalismo y a los estatutos autonómicos (alguno casi constituyente como el catalán) y el apoyo a los desorbitados gastos que se han hecho en casi todas las comunidades autónomas han provocado que los inversores y las autoridades europeas empiecen a cuestionarse la viabilidad de nuestro sistema.
Un estado que se encontraba en superávit y que en poco tiempo ha desequilibrado tano la balanza presupuestaria, es natural que provoque recelos. Un Estado que aprueba unos presuestos generales ya trufados de maquillaje y optimismo injustificado, es lógico que origine cada vez mayor desconfianza en nuestros socios europeos.
Junto a la desconfianza, naturalmente está la puñalada. Los paísese europeos, sobrte todo Francia y Alemania se han aprovechado de la inoperancia de ZP y su gobierno para entender siquiera cuál era la naturaleza del problema que se estaba tratando en la cumbre y, como cabía esperar, se la han metido doblada. Al fin y al cabo no estamos ante ONGs nio ante mojitas de la caridad. Estamos ante gobernantes que cumplen con su obligación de defender los intereses del Estado al que representan.
Solo pienso que España ha tenido mala suerte. Una mala suerte merecida y buscada en las urnas por los votantes españoles en marzo de 2008, fecha en la que escogimos a un demagogo ignorante y sectario para ponerse al frente de un país, coincidiendo con la llegada de la peor crisis que ha tenido la Unión Europea desde su creación.
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