Nunca me expliqué cómo decidieron que Rubalcaba fuera el candidato del PSOE. En el mismo instante de aclamarle como candidato, el PSOE había perdido toda la frescura que podía haberle traído una cara nueva y la apuesta por el cambio se hacía imposible de forma automática. No se puede creer que personalice el cambio alguien que aparece flanqueado por Felipe González y por Zapatero en los actos de este fin de semana. No se puede creer que apueste por el cambio alguien que ha estado en el poder tanto tiempo. Ha tenido sobradas oportunidades y no ha cambiado nada, ha sido un hombre de aparato. Ha sido el paraguas bajo el que se han refugiado muchos sinvergüenzas. Ha sido y es el hombre del Faisán. Lo sabe toda la ciudadanía, diga lo que diga su audiencia nacional. Todavía hoy pretende seguir manipulando con fórmulas precocinadas y a buen seguro se llevará al huerto a unos cuantos, lo cual tendrá su mérito.
Yo creo que más bien Rubalcaba está para evitar la desbandada. Para forzar el mantenimiento de la ortodoxia. Hoy sí que harían falta renovadores en el PSOE que refundaran el partido y se desvincularan de todas esta época de corrupción. Han llegado más lejos que nunca en la corrupción y esto ya es muy difícil de arreglar.
Apelan al socialismo histórico, a la intemporalidad de unos principios y muchos que han creido en ellos sienten ahora vértigo. Algo parecido a lo que debieron sentir los franquistas ante la muerte de Franco. ¿Qué vendrá después, Dios mío?
Este socialismo es inviable. Ellos mismos se han cerrado todas las puertas. Ha sido tal su interés por el poder y su gobierno sectario y partidista, que ahora no tienen cintura para corregir ni posible vuelta atrás. Ha sido tal su forma de mentir en todo, que ahora es imposible creerles. No son viables y necesitan una refundación, que se haga con las riendas de este partido alguien desconocido. Ni Bono ni Chacón (que andan por ahí los dos agazapados esperando a que Rubalcaba se la pegue).
Datos personales
- Hernando Corona
- Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).
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