
El catalán viene a ser considerado políticamente como una lengua de Estado, co-oficial con el español – al que se denomina indebidamente, “castellano” - . esa fue una concesión inmerecida históricamente que hizo nuestra Constitución española por razones políticas coyunturales, para contentar a uynos socios nacionalistas, a los que un Estado débil y en transición a la democracia, necesitaba en sus filas.
La realidad de la calle es muy otra. El catalán – por mucho que inteneten compensarlo con las embajadas - . En este caso en la Academia española de cine, la que decide la película candidata para los oscar y, sin duda obedeciendo a los mismo patrones que los padres constitucionalistas, ha querido contentar de nuevo a quienes no quieren saber nada de España.
Está en mi retina la abrumadora presencia de pancartas en el estadio de Montjuic con la leyenda “Catalonia is not Spain”, durante las Olimpiadas de Barcelona en las que se puso por las autoridades españolas toda la carne en el asador. Esa fue una de tantas muestra de desapego e ingratitud en las que los políticos nacionalistas basan su estrategia y su supervivencia.
El autor de la película “Pa negre” puede o no tener parte de culpa en todo esto. El film se ha rodado en catalán, lo que no debe parecernos extraño, si trata de una historia costumbrista en un medio rural catalán. También es posible que el idioma de rodaje se haya visto de algún modod predeterminado por las subvenciones. No sé los detalles. En todo caso es lógico y no tiene nada de particular que un artista catalán use su lengua vernácula. Cabe pensar que si este autor hubiera pretendido una mayor proyección internacional de su obra, seguramente habría escogido un idioma más internacional, como el español. Pero no le ha hecho falta, porque ahí está la política para facilitarle las cosas.
Lo mismo sucedió cuando resultó elegida San Sebastián como capital europea de la cultura 2016. Aquello fue otro patético intento por contentar a los nacionalistas díscolos de BILDU que habían accedido a la Corporación municipal.
Con los políticos nacionalistas, papá Estado siente algo así como el cariño por el hijo pródigo. Ese afecto especial que discrimina a los demás hijos porque de ellos se está seguro, y busca contentar a aquél que se quiere marchar o que regresa no muy convencido a los brazos paternos.
Lo peor de estas políticas, lo más lacerante, es la manifiesta falta de reciprocidad. Cuantos m´ñas gestos hace el gobierno español para buscar la moderación nacionalista por la vía de contentarles, más se rebaja ante ellos y más ofenede al resto de los españoles.
Ya estamos un poco hartos de tantas contemplaciones con el nacionalismo chantajista. Muchos pensamos que los poderes públicos del estado central deben adoptar de una vez por rtodas el papel que les corresponde, ejerciendo la autoridad y la tutela sobre las autonomías que tiene reconocida constitucionalmente, aún a riesgo de perderé popularidad en algunas regiones de España. Solo cuando por parte de estos pueblos, que sin duda tienen diferencias culturales y algunos rasgos identitarios propios, se detenga la escalada soberanista y se acepte el lugar que les corresponde política e históricamente, se podrán utilizar sus rasgos culturales o su idioma para representar a España.
Quizás es eso lo que se ha intentado. Paro ha sido un intento inoportuno y desafortunado. Ahora muchos españoles preferimos que gane el oscar otra película extranjera, igual que queremos que pierda el Barcelona.
La realidad de la calle es muy otra. El catalán – por mucho que inteneten compensarlo con las embajadas - . En este caso en la Academia española de cine, la que decide la película candidata para los oscar y, sin duda obedeciendo a los mismo patrones que los padres constitucionalistas, ha querido contentar de nuevo a quienes no quieren saber nada de España.
Está en mi retina la abrumadora presencia de pancartas en el estadio de Montjuic con la leyenda “Catalonia is not Spain”, durante las Olimpiadas de Barcelona en las que se puso por las autoridades españolas toda la carne en el asador. Esa fue una de tantas muestra de desapego e ingratitud en las que los políticos nacionalistas basan su estrategia y su supervivencia.
El autor de la película “Pa negre” puede o no tener parte de culpa en todo esto. El film se ha rodado en catalán, lo que no debe parecernos extraño, si trata de una historia costumbrista en un medio rural catalán. También es posible que el idioma de rodaje se haya visto de algún modod predeterminado por las subvenciones. No sé los detalles. En todo caso es lógico y no tiene nada de particular que un artista catalán use su lengua vernácula. Cabe pensar que si este autor hubiera pretendido una mayor proyección internacional de su obra, seguramente habría escogido un idioma más internacional, como el español. Pero no le ha hecho falta, porque ahí está la política para facilitarle las cosas.
Lo mismo sucedió cuando resultó elegida San Sebastián como capital europea de la cultura 2016. Aquello fue otro patético intento por contentar a los nacionalistas díscolos de BILDU que habían accedido a la Corporación municipal.
Con los políticos nacionalistas, papá Estado siente algo así como el cariño por el hijo pródigo. Ese afecto especial que discrimina a los demás hijos porque de ellos se está seguro, y busca contentar a aquél que se quiere marchar o que regresa no muy convencido a los brazos paternos.
Lo peor de estas políticas, lo más lacerante, es la manifiesta falta de reciprocidad. Cuantos m´ñas gestos hace el gobierno español para buscar la moderación nacionalista por la vía de contentarles, más se rebaja ante ellos y más ofenede al resto de los españoles.
Ya estamos un poco hartos de tantas contemplaciones con el nacionalismo chantajista. Muchos pensamos que los poderes públicos del estado central deben adoptar de una vez por rtodas el papel que les corresponde, ejerciendo la autoridad y la tutela sobre las autonomías que tiene reconocida constitucionalmente, aún a riesgo de perderé popularidad en algunas regiones de España. Solo cuando por parte de estos pueblos, que sin duda tienen diferencias culturales y algunos rasgos identitarios propios, se detenga la escalada soberanista y se acepte el lugar que les corresponde política e históricamente, se podrán utilizar sus rasgos culturales o su idioma para representar a España.
Quizás es eso lo que se ha intentado. Paro ha sido un intento inoportuno y desafortunado. Ahora muchos españoles preferimos que gane el oscar otra película extranjera, igual que queremos que pierda el Barcelona.
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