La imagen del bandolero de pacotilla es la pura expresión del rumbo al que no quiero que mi país se aproxime. Es lamentable que surjan estos pseudo revolucionarios en los tiempos que corren. Gente que cobra de los presupuestos generales, con acta de diputado y se adorna con una "kuffiya" palestina, tan de moda ahora, entre la izquierda radical.
Este barbudo es producto de un pintoresco y bien estudiado marketing. Que nadie lo dude. Igual que las termitas se aprovechan de una madera poco sana y acaban por carcomer todo el mueble, este tipejo y sus secuaces socavan las bases del enfermo y maltrecho país en el que viven, pero no aportan nada.
Se trata de un populismo llevado al extremo que, como es natural, en tiempos de crisis - tal y como la gente lo está pasando de mal - cala hondo y le sirve para ganar adeptos.
Surgirán también los populismos de extrema derecha, los "Le Pen" que pretendan identificar la inmigración con todos los males que aquejan a nuestro país.
Triste país el nuestro.
Los moderados están sumergidos en el lodo de la corrupción y pierden la legitimidad a borbotones. Y mientras su reemplazo son los pulistas baratos que arañan adhesiones con gestos y actos estudiados, como el asalto a un supermercado que no les ha hecho ningún daño.
¿Es que no hay nadie serio y honrado?
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