Hace poco tiempo un animal
político, de sexo femenino para más señas, presentó inesperadamente su dimisión
irrevocable, dejando la comunidad en manos de un segundón. Hablo de Esperanza
Aguirre y de Ignacio González. Estando ella se hablaba de una deuda absolutamente
controlada, la menor de todas las comunidades que venía sosteniéndose desde
2003 en porcentajes muy pequeños sobre el PIB. En el primer trimestre de 2011,
nos dicen que la Comunidad de Madrid figura entre las más endeudadas, con
14.000 millones de euros, solo detrás de Cataluña y Valencia. Llega la quiebra
de Cajamadrid (o Bankia, como queramos llamarlo) y empiezan a surgir las
privaciones para los poderes públicos, siempre sedientos de dinero.
Quizás por eso Esperanza se
marchó. Le gustaban las adulaciones, los golpes de efecto, la felicidad
inconsciente de su electorado, pero no le agrada ni lo más mínimo tener que
aplicar medidas impopulares, con lo popular que es ella. Para eso se ha quedado
Ignacio González, desempeñando con dedicación y aprovechamiento su papel de
manostijeras.
Desde entonces tenemos
prácticamente cerrada por huelgas continuadas la televisión, y la sanidad en
pie de guerra. Es obvio que la iniciativa y el ritmo de las negociaciones lo
lleva la Administración comunitaria. La parte contraria se ha visto sorprendida
con privatizaciones y expedientes de regulación de empleo y apenas puede hacer
algo para defenderse. En el caso de la sanidad dicen que ya estarían
adjudicados los contratos para la externalización de los servicios de seis
hospitales. La cantinela que repiten hasta la saciedad, tomándonos por idiotas
es que la sanidad va a seguir siendo gratuita. De entrada ya no lo es porque se
han sacado de la manga una estrambótica tasa por receta de un euro (y la
asistencia farmacéutica forma parte de la sanidad). Pero es que además, aunque
formalmente fuera gratuita la asistencia ambulatoria y hospitalaria, la
aplicación de criterios economicistas y su prevalencia sobre los criterios
médicos, hará que muchos vean empeorada la asistencia: Mayor tiempo de espera, menor
número de pruebas, peores diagnósticos. Se ha optado por el simplismo de
identificar la gestión privada con optimización y eso, que muchas veces es
cierto, hay que administrarlo con sumo cuidado. Ya veremos si de verdad supone
alguna mejora el nuevo sistema o, como me temo, solo servirá para gastar más y
perpetuar los lazos con unos nuevos parásitos del presupuesto público.
Respecto a la televisión la
huelga por lo menos me está librando de la descarada propaganda de los
telediarios, hechos para el lucimiento del presidente de turno. Antes era
Esperanza y ahora Ignacio González (éste último con mucha menos gracia) quienes
aparecían un día sí y otro también inaugurando y repartiendo sonrisas como si
fueran reyes magos que graciablemente nos regalan hospitales o escuelas,
olvidando que el dinero bien procede del bolsillo de todos y ocultando que
muchas de las cosas se obtenían por créditos que hoy pesan como una losa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario