Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

2 de enero de 2013

¿Qué está pasando en la Comunidad de Madrid?


Hace poco tiempo un animal político, de sexo femenino para más señas, presentó inesperadamente su dimisión irrevocable, dejando la comunidad en manos de un segundón. Hablo de Esperanza Aguirre y de Ignacio González. Estando ella se hablaba de una deuda absolutamente controlada, la menor de todas las comunidades que venía sosteniéndose desde 2003 en porcentajes muy pequeños sobre el PIB. En el primer trimestre de 2011, nos dicen que la Comunidad de Madrid figura entre las más endeudadas, con 14.000 millones de euros, solo detrás de Cataluña y Valencia. Llega la quiebra de Cajamadrid (o Bankia, como queramos llamarlo) y empiezan a surgir las privaciones para los poderes públicos, siempre sedientos de dinero.

Quizás por eso Esperanza se marchó. Le gustaban las adulaciones, los golpes de efecto, la felicidad inconsciente de su electorado, pero no le agrada ni lo más mínimo tener que aplicar medidas impopulares, con lo popular que es ella. Para eso se ha quedado Ignacio González, desempeñando con dedicación y aprovechamiento su papel de manostijeras.

Desde entonces tenemos prácticamente cerrada por huelgas continuadas la televisión, y la sanidad en pie de guerra. Es obvio que la iniciativa y el ritmo de las negociaciones lo lleva la Administración comunitaria. La parte contraria se ha visto sorprendida con privatizaciones y expedientes de regulación de empleo y apenas puede hacer algo para defenderse. En el caso de la sanidad dicen que ya estarían adjudicados los contratos para la externalización de los servicios de seis hospitales. La cantinela que repiten hasta la saciedad, tomándonos por idiotas es que la sanidad va a seguir siendo gratuita. De entrada ya no lo es porque se han sacado de la manga una estrambótica tasa por receta de un euro (y la asistencia farmacéutica forma parte de la sanidad). Pero es que además, aunque formalmente fuera gratuita la asistencia ambulatoria y hospitalaria, la aplicación de criterios economicistas y su prevalencia sobre los criterios médicos, hará que muchos vean empeorada la asistencia: Mayor tiempo de espera, menor número de pruebas, peores diagnósticos. Se ha optado por el simplismo de identificar la gestión privada con optimización y eso, que muchas veces es cierto, hay que administrarlo con sumo cuidado. Ya veremos si de verdad supone alguna mejora el nuevo sistema o, como me temo, solo servirá para gastar más y perpetuar los lazos con unos nuevos parásitos del presupuesto público.

Respecto a la televisión la huelga por lo menos me está librando de la descarada propaganda de los telediarios, hechos para el lucimiento del presidente de turno. Antes era Esperanza y ahora Ignacio González (éste último con mucha menos gracia) quienes aparecían un día sí y otro también inaugurando y repartiendo sonrisas como si fueran reyes magos que graciablemente nos regalan hospitales o escuelas, olvidando que el dinero bien procede del bolsillo de todos y ocultando que muchas de las cosas se obtenían por créditos que hoy pesan como una losa.

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