Ha escrito Zapatero en el periódico EL MUNDO, un deleznable artículo, por la inmensa desfachatez que entraña, viniendo de él.
Dice
"Nadie puede discutir
que la actitud de Adolfo Suárez fue siempre abierta,
tolerante, afable, respetuosa y que esa actitud
contribuyó decisivamente al consenso y a la
concordia que estuvieron presentes en nuestro proceso
de transición a la democracia.
Tolerancia,
capacidad de diálogo, permanente disposición
para salir al encuentro de los adversarios políticos;
y también, eterminación, fortaleza,
valentía. Por más veces que vemos las
imágenes del 23-F, la gallardía mostrada en el
Congreso de los Diputados por el presidente del
Gobierno democrático de España no deja de
llenarnos de orgullo"
Es un intento de adoptar una
actitud digna ajena ¿Por qué no se avergüenza de la cobardía de los demás
diputados entre los que estaban los socialistas que se tiraron al suelo y
escondieron detrás del escaño? A ZP le da lo
mismo que Suárez sea de otro signo político: No le hace ascos y quiere
parasitar sus merecimientos cuando dice que se siente orgulloso de él. Lo
adopta después de muerto para servirse de sus virtudes, con las que en realidad
quiere identificarse de una forma patosa y zafia.
"Merece
la pena destacar también que en el reconocimiento a
Suárez está implícito el que merece toda
una sociedad que con alto sentido de la responsabilidad
acompañó la hoja de ruta hacia la
libertad..."
Mentira: No fue toda la sociedad. Suárez tuvo muchas zancadillas e
incluso aquella parte de la sociedad que colaboró con la instauración de la
democracia, lo hizo en gran medida por miedo a una nueva dictadura. No
exageremos los merecimientos.
"Es
nuestra memoria de la libertad lo que
estamos afirmando cuando honramos a Suárez. Con
su pérdida física, reafirmamos nuestra
memoria
colectiva, la confianza en los valores democráticos,
la confianza en nosotros mismos, en
nuestro país. De modo que estos días, con ocasión
de este homenaje, podemos transmitir a los
más jóvenes que la sociedad española fue capaz de
lograrlo. Podemos transmitirles que la democracia es
siempre la lucha por la democracia y
nunca una concesión de la historia".
Aquí la desfachatez de ZP es inaudita cuando se incluye en primera
persona entre los artífices de la transición, cuando en aquella época era un
imberbe. Esto podría decirlo Felipe González, pero no él. El fue todo lo
contrario. El fue el político profesionalizado y sin escrúpulos que llegó
muchos años después a minar y explosionar el trabajo que Suárez y otros
hicieron a favor de España. ZP ha sido un irresponsable que casi destruye
España y ahora se permite dar lecciones.
"Completo
estas líneas después de asistir en el Congreso
de los Diputados a los actos de despedida y
homenaje a Adolfo Suárez, presididos por los
Reyes de España. Y creo que bien podemos decir
que las instituciones y las fuerzas políticas han
estado a la altura en su despedida. La
solemnidad, la imagen de unidad, el aluvión de
sentidas palabras de reconocimiento han sabido
dar la réplica al hondo sentimiento de aprecio
y gratitud expresado en estas horas por los
ciudadanos. Y si deseo resaltar esta reacción colectiva
es para poner de manifiesto que nuestra democracia
retiene virtudes esenciales como son
la de hacer justicia con la historia reciente o la de
responder con espíritu de unidad ante circunstancias que,
como ésta, lo requieren"
Espero que, en efecto, a Zapatero le hagan justicia cuando se
escriba la historia. Que no se diga sencillamente que fue un instaurador de
libertades solo porque en una ley se permitió el matrimonio gay. Zapatero
experimentó con la sociedad española tensando hasta el límite su capacidad de
aguante, provocando irresponsablemente el enfrentamiento, jugando con los
sentimientos y las creencias de una gran fracción de ciudadanos, ofendiendo
deliberadamente a unos para contentar a otros. Siempre con una visión
partidista y electoralista. Nunca tuvo visión de Estado (justo aquella que se
le reconoce hoy a Suárez).
"Deseo
resaltarlo porque la muerte de Suárez también
está generando, de manera no prevista, una
especie de introspección nacional sobre nuestro
carácter como país que aparece envuelta en
una añoranza del pasado. Un pasado que muchos
no veían tan idílico en aquel momento y cuya
añoranza no debería llevarnos a cuestionar el
proceso de los últimos 35 años, la postransición, el
desarrollo de la España democrática."
Aquí ZP se empieza a destapar criticando a la España de la
transición como peor que la actual y postulando su mandato como una especie de
periodo sublimado de construcción de libertades y derechos. Reivindicando la
modernidad que él trajo (está convencido de ello). Pero se equivoca: Nada hubo
de modernidad en su mandato a excepción de un par de detalles cosméticos en
relación a la igualdad de sexos y otras cuestiones sociales.
Y esta píldora sí que no se puede tragar. Su periodo de gobierno en
realidad ha supuesto un retroceso, una vuelta al rencor y al guerracivilismo,
del que nos va a costar recuperarnos. No puede en absoluto reivindicarse como
una suerte de postransición o desarrollo sublimador de la transición. Pocos hoy
tienen dudas de que ha supuesto un paso atrás, una brillante colaboración al
descrédito de la clase política y de las instituciones. La estrategia de Suárez
fue la concordia y la de zapatero fue la del enfrentamiento. Nada que ver.
"Un tiempo
que, en gran medida, lo ha sido de realización, con
todos los defectos e imperfecciones que
muchas veces con lucidez se ponen día a día en el
centro de nuestro debate público, de los designios fundacionales
de la primera etapa. No
olvidemos que la promesa de la Transición fue
construir un país de derechos y libertades, garantizar
la alternancia democrática en el poder, modernizar
nuestra sociedad, hacer que España se
insertara en la comunidad de las naciones democráticas
más avanzadas, resolver el histórico problema
de la relación entre la Iglesia y el
Estado y fundar un modelo de convivencia territorial –éste
era el reto más difícil– sobre el equilibrio
entre la unidad y la diversidad. Buena
parte de los objetivos contenidos en aquella
promesa se fueron colmando bajo sucesivos gobiernos,
incluso alguno tan duro y difícil como
el de poner fin a la violencia terrorista."
Si se lee entre líneas, ZP está diciendo que él ha terminado los
deberes que España se puso en la etapa fundacional. Diríase que durante su
gobierno se ha entrado en la UE, se ha resuelto definitivamente el mapa
autonómico, se han construido los derechos y libertades y se ha terminado con
el terrorismo. Es una visión idílica propia de un idiota optimista, que no
tiene nada que ver con la realidad. Cierto es que se entró en la UE en la que
llegamos a ser el hazmerreir por obra y gracia de Zapatero (la entrada fue muy
anterior a su mandato y la regeneración de nuestra imagen será muy posterior y
siempre con el permiso de pepiño blanco al que ahora envían a Europa que, si
está callado, colaborará a una aceleración del proceso). Los derechos y
libertades construidos incluyen el de asesinar impunemente a niños no nacidos,
acampar en la puerta del sol en una permanente fiesta asamblearia con los
piojos y la ratas como principales invitados o tomar la calle y las
universidades para la realización de actos violentos y agresivos.
Respecto al problema entre la Iglesia y el Estado estaba
prácticamente resuelto antes de su llegada al poder. El Concordato vigente
venía a establecer unas reglas del juego en un país mayoritariamente católico.
Quien abrió la caja de los truenos fue Zapatero agrediendo a media España donde
más le dolía. Eso no supuso ninguna resolución del problema ni, mucho menos,
supuso llegar a un entendimiento definitivo. De hecho ahora se va a volver a
aprobar una nueva Ley del aborto, con la que se podrá estar o no de acuerdo,
pero que señala que no hubo acuerdo y
entendimiento, sino sectarismo e imposición. Todo lo contrario de lo que habría
hecho Suárez. ¿Y qué decir respecto a las autonomías? Por prosaicas y electoralistas razones, los
socialistas abrieron lo que llaman un periodo fundacional de federalismos que
nos está conduciendo a un camino de enfrentamiento con Cataluña del que no
sabemos cómo saldremos ambas partes. Nuevamente, también en este escenario ZP
apostó por la fractura y pese a ser el gobernante de España se alió con la posición
contraria, en una actitud rayana en la traición. Se lanzaron mensajes de apoyo
a los nacionalistas (cuyo voto se necesitaba en el Congreso de los Diputados)
indicando que el gobierno central apoyaría aquello que decidiera el Parlamento
de Catalunya. Se hizo, en efecto un nuevo Estatut con una finalidad
constitucional de un nuevo Estado que sería Catalunya. Esa Ley incurría en
defectos gravísimos de inconstitucionalidad y pese a ello el Tribunal
Constitucional, presionado y manipulado por el gobierno retrasó su sentencia
más de tres años y dictó una sentencia que no satisfizo a nadie. España ha
estado en estos últimos años dividida y desorientada, sin que los líderes la
conduzcan ni piensen en ella. Nada que ver con Adolfo Suárez. Lejos de
resolverse nada tenemos la amenaza de un referéndum ilegal para conseguir la
secesión de Cataluña. De eso sí que puede vanagloriarse ZP.
En cuanto al terrorismo de ETA, mejor no hablar de las cloacas del
gobierno socialista. Se ha conseguido en efecto que cesen los atentados, pero
no ha habido una entrega definitiva de armas ni han vencido los buenos. Ha sido
una claudicación indigna que ofende y molesta a la gran mayoría de los
españoles, dolidos hoy con la política vergonzante no solo de Zapatero, sino de
su sucesor. ¿Se puede considerar esta salida como una victoria, como algo de lo
que enorgullecernos? En absoluto. Ahí esta BILDU gobernando en las diputaciones
para recordarnos la indignidad. Ahí está el Ayuntamiento de San Sebastián en el
que no han querido ni poner las banderas a media asta estos días.
Más vale que se calle para siempre
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