Hoy ha muerto Adolfo Suárez. Probablemente al principio sólo
fue una vedette rutilante de la transición. Su procedencia permitía albergar
dudas sobre sus intenciones. Pero después hizo con gran desgaste personal un
gran trabajo a favor de España. Fue un estadista negociador. Las difíciles
circunstancias por las que atravesaba el país, hacían necesario un líder como
él en aquellos momentos. Tuvo gran intuición para adoptar mediante decisiones
rápidas y consensos un camino irreversible hacia la democracia. Su dimisión encierra incógnitas todavía no desveladas ¿Se decepcionó acaso con un rey cuya participación en el 23F íba a ser distinta de como luego fue? Nunca lo sabremos.
Prácticamente con su caída comenzó otro camino irreversible
de destrucción, en el que los lados más oscuros de la política fueron
enseñoreándose y conduciéndonos al desastre. Hoy ya no está presente en nadie el
espíritu conciliador que tuvo Suárez, quizás porque tampoco existe el miedo que
entonces había a la involución. Pero, aunque la dictadura ya no amenace
tenemos otros graves peligros contra los que solo se puede luchar estando todos
unidos.
Descanse en paz.
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