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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

16 de julio de 2015

La ideología de la frustración: Hormigas y cigarras



Que una gran mayoría de la población, bombardeada por la publicidad y los medios de comunicación, ceda a la tentación de consumir, podríamos decir que es humano y explicable. Si no se dispone de medios para financiar ese consumo, se empieza ya a caer en situaciones indeseables cuya multiplicación puede dar lugar a un problema social de difícil solución.
Lo primero que podemos decir claramente es que en realidad no hay una dicotomía entre socialismo y liberalismo: Si asociamos con el liberalismo el consumo y el mero hecho de querer tener bienes y propiedades, y que la propiedad privada sea respetada, la gran mayoría de la población está por el liberalismo. La población tiene una tendencia natural hacia el aburguesamiento y solo cuando se ve privada abruptamente de este camino (por carecer de ingresos y de crédito) se vuelve socialista. Aquel que no puede aspirar a tener bienes de consumo por falta de recursos, no desea que los tenga nadie o al menos se le antoja intolerable la situación de que a alguien le sobren esos bienes de los que él carece: Esa es la esencia del comunismo, que siempre está basado en la frustración. Es la ideología de los frustrados, que con las crisis resplandece con más fuerza. Y si sabemos que existe una ideología de la frustración, los manipuladores de masas que están agazapados detrás de ella siempre aparecen prestos a cosechar éxitos en los momentos de mayor sufrimiento de los indignados.
Pero ¿Qué es lo que ofrecen a estos ciudadanos frustrados? Ofrecen la gratuidad. El gratis total; hacen creer a los indignados que los bienes no tienen coste alguno, que ha de haber un papá Estado proveedor que reparta subsidios, casas, ayudas de todo tipo y llegue a equiparar todas las prestaciones que reconoce en el ámbito contributivo con las que concede en el ámbito asistencial.
En la economía no existe la justicia entre otras cosas porque no debe haber jueces que la impartan. Si quien se erige en juez y pretende reparar las injusticias económicas, es un político que depende de los votos de quien va a beneficiar con las ayudas, ya tendremos asegurado que tampoco habrá justicia. Por lo tanto siempre nos veremos abocados a escoger entre la injusticia natural y la artificial. La que viene dada por el reparto desigual de la riqueza y la que procede de las manipulaciones políticas que, en base a criterios falibles buscan la compensación de buena fe o directamente el clientelismo que ahonda más en la injusticia.
Decididamente en España hay una cultura más de cigarras que de hormigas y éstas últimas además están cada día más desprotegidas. Entre las hormigas se podría incluir a toda la gran bolsa de clase media cada vez más masacrada por los impuestos. Esta población, con la tremenda crisis que hemos atravesado, se ha visto muy mermada, y es a las “hormigas” que han caído a las que hay que ayudar. Sobre todo a quien después de ser ayudado pueda nuevamente generar riqueza y provocar un efecto retorno de beneficio en toda la sociedad. Pero el político populista de izquierdas, prefiere ayudar a fondo perdido a las cigarras y prefiere tener a un colectivo cada vez más dependiente de las ayudas públicas. El gran drama de los partidos de izquierdas es ver la deslealtad de los desfavorecidos cuando después de haber venido a más no siguen otorgando un voto de gratitud a sus “bienhechores”.
¿Qué se puede hacer realmente para solucionar esta situación? Se debe buscar a una ciudadanía formada e independiente, no adoctrinada, que tenga realmente oportunidades de progreso. Se debe luchar contra el desánimo e incidir sobre todo en los empleadores.

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