Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

5 de agosto de 2015

Bendito trabajo

Las ideas proletarias no me gustan. Prefiero creer en una sociedad de oportunidades, aunque fuera mentira. Creo que hay algo de desesperanza y de conformismo en la lucha de clases, aunque parezca una paradoja. Si admitimos la idea de clases sociales partimos ya de la derrota. Un ser humano debe trabajar el doble si ha tenido la mala suerte de nacer y crecer en un entorno desfavorecido, pero jamás debe pretender ser un subsidiado.
Creo que ahora hay mucha gente que quiere subsidios. Demandan y reivindican las ayudas públicas y se desmerecen a sí mismos. Esas personas son de alguna manera manejadas por determinados grupos políticos que alimentan su indignación.
Estamos en la era de los indignados. Muchas personas creían estar saliendo del hoyo y asomando el hocico en una vida más burguesa. Esa España de nuevos ricos alentada por los préstamos fáciles y rápidos, esa España de engañabobos se ha desmoronado y, por eso, ha llegado la indignación. Y han vuelto los tiempos de la lucha de clases y de la agitación y propaganda obrera.

Pero sigo pensando que para salir definitivamente y hacerlo sin deber favores a nadie, es mejor trabajar, en lo que se pueda cuanto se pueda.

Es verdad que las ayudas públicas no hacen indigno a quien las recibe, pero no contribuyen a la dignidad de nadie. En muchos casos entra en juego el subconsciente de quienes saben que no hay merecimientos. El trabajar es lo que hace feliz y libre a la persona.

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