Las ideas proletarias no me gustan. Prefiero creer en una
sociedad de oportunidades, aunque fuera mentira. Creo que hay algo de
desesperanza y de conformismo en la lucha de clases, aunque parezca una
paradoja. Si admitimos la idea de clases sociales partimos ya de la derrota.
Un ser humano debe trabajar el doble si ha tenido la mala suerte de nacer y
crecer en un entorno desfavorecido, pero jamás debe pretender ser un
subsidiado.
Creo que ahora hay mucha gente que quiere subsidios. Demandan
y reivindican las ayudas públicas y se desmerecen a sí mismos. Esas personas
son de alguna manera manejadas por determinados grupos políticos que alimentan
su indignación.
Estamos en la era de los indignados. Muchas personas creían
estar saliendo del hoyo y asomando el hocico en una vida más burguesa. Esa España
de nuevos ricos alentada por los préstamos fáciles y rápidos, esa España de
engañabobos se ha desmoronado y, por eso, ha llegado la indignación. Y han
vuelto los tiempos de la lucha de clases y de la agitación y propaganda obrera.
Pero sigo pensando que para salir definitivamente y hacerlo
sin deber favores a nadie, es mejor trabajar, en lo que se pueda cuanto se
pueda.
Es verdad que las ayudas públicas no hacen indigno a quien las recibe, pero no contribuyen a la dignidad de nadie. En muchos casos entra en juego el subconsciente de quienes saben que no hay merecimientos. El trabajar es lo que hace feliz y libre a la persona.
Es verdad que las ayudas públicas no hacen indigno a quien las recibe, pero no contribuyen a la dignidad de nadie. En muchos casos entra en juego el subconsciente de quienes saben que no hay merecimientos. El trabajar es lo que hace feliz y libre a la persona.
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