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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

26 de agosto de 2015

“International Comission of European Citizens”


Resulta increíble lo que está sucediendo estos días en Cataluña, donde la locura e irresponsabilidad se enseñorean en muchos de los representantes y altos cargos públicos. Próximamente se va a celebrar lo que no es más (ni menos) que la elección de los representantes en el parlamento Autonómico. Es, por tanto, el Parlamento de una Autonomía del Estado español, lo que deberá constituirse a partir del reparto de mayorías y la intención de voto que salga de estas elecciones: Pero nada más.
Hay quien quiere abrir después un periodo constituyente, si sus fuerzas obtienen la mayoría suficiente después de las urnas. Eso significa dar a estas elecciones un valor que no tienen: porque NO SON UN PLEBISCITO.
Saben que el gobierno español nunca va a tolerar la segregación de una parte del Estado si no se lleva a cabo un proceso con el resto del pueblo español (único en el que se reconoce la residencia de la soberanía nacional). En ese proceso se debería además seguir la hoja de ruta, mayorías y pasos previsto en la propia Constitución española.
Saben que una gran parte de la ciudadanía catalana se encuentra a gusto en España y no quieren separarse.
Saben que una hipotética separación causaría enormes problemas económicos en los que, los “nuevos” catalanes llevarían la peor parte: Se cancelarían contratos, se reubicarían empresas, no se reconocerían pensiones, se multiplicaría la burocracia, se fracturarían familias que quedarían a ambos lados de la frontera. Sin ir más lejos, no hay más que recordar que más del 60 % de las exportaciones catalanas tienen como destino el resto del Estado español.  
Saben que están manejando un proyecto inviable y, pese a todo insisten.
Por eso se les puede achacar el adjetivo de iluminados irresponsables. La mayor muestra de esta irresponsabilidad es que no han sido capaces de medir el grado de frustración que van a generar entre sus correligionarios (Muchos de ellos forman parte de la población joven a la que ha sido fácil sorber el seso y convencer a base de martilleo constante de ingentes dosis de propaganda). Tampoco han medido su grado de culpa en el malestar que se ha sembrado en el resto de los españoles, muchos de los cuales, traicionados por el desafecto, hoy buscan formas de castigar y boicotear la economía catalana.
Sabiendo todo esto, se han lanzado a un camino sin salida y siguen manipulando y mintiendo.
Si se les indica que Europa no va aceptar que entre en la UE un nuevo y pequeño Estado que ni siquiera está asociado a la ONU y que se ha segregado de uno de sus Estados miembros, les da igual, porque no piensan en el futuro: Quieren forzar la situación.
Una muestra de la manipulación  puede verse si se consulta en internet lo que es la “International Comission of European Citizens” al frente de la cual se encuentra una de las radicales defensoras de la autodeterminación, a la que ni nombro porque no lo merece. Con ese nombre dado al grupete de amigos, parecería que hay una mayoría europea a favor de que el maltratado pueblo catalán adquiera por fin su libertad, por la que – según ellos – tanto han luchado.   Realmente solo se trata de un grupo de fans más que quiere hacer mucho ruido propagandístico para conseguir lo que no verán sus ojos: La independencia sin lucha de una parte de España.
Muchos españoles pensamos que si hay alguna guerra a la que mandaríamos a nuestros hijos sería a la de la independencia de Cataluña. Y lo haríamos con mucho dolor pero también con mucha tranquilidad de conciencia, por saber que van a luchar por una causa justa.
Muchos españoles vemos este coqueteo irresponsable con la fundación de un país, como una alta traición imperdonable porque los catalanes, con el resto de los españoles se han intercambiado, han cohabitado, han derramado juntos ríos de sangre en mil batallas, han llorado juntos y han gobernado juntos. El panorama que dibujan hoy los independentistas no es más que una burda ficción creada para su conveniencia por torpes voceros que quieren disfrazarse de ciudadanos europeos neutrales y se esconden, para ello, detrás de falsas comisiones internacionales.

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