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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

26 de enero de 2016

¿Hay que dejar cocer el puchero?

Lo preocupante es que para algunos socialistas la única cortapisa al pacto con PODEMOS es la línea roja contra el soberanismo. Pero hay otros muchos aspectos que el conglomerado de siglas que viene con PODEMOS trae en la cartera y que resultarían inasumibles con un mínimo de prudencia. ¿Podemos imaginarnos a alguien del tipo del concejal Zapata como ministro de defensa español, acudiendo a foros internacionales? En todas estas cuestiones el PSOE confía en domesticar a la fiera. Lo que dice Carmelo Encinas –famoso periodista y tertuliano filo socialista - : “Vamos a dejar que vaya reposando todo y cociendo en el puchero”.
El gran riesgo es que Pablo Iglesias haya disparado por elevación y tenga ya descontado hacer concesiones con el referéndum soberanista - (para conseguir puestos en el gobierno español y más presencia mediática a nivel nacional, lo que supondrá  sin duda traicionar a sus socios nacionalistas) - dejando poco margen de maniobra al PSOE cuyos barones se verían obligados a aceptar “todo lo demás”.
Esto, además de haber supuesto ya una lamentable pérdida de iniciativa por parte de Pedro Sánchez (que partiría con muy mala posición en las supuestas negociaciones) tiene un evidente peligro implícito: No se puede confiar en Pablo Iglesias porque te la mete doblada. Sánchez ya decía de él durante la campaña electoral que es un mentiroso. ¿Por qué ahora quiere negociar con un mentiroso?
Si al Secretario General del PSOE no le ciega el ansia de poder, todo lo que está sucediendo debería servirle de advertencia. Difícilmente alguien puede tener en su vida una decisión tan importante en sus manos. Echar por el desagüe todo un Estado; su organización institucional, sus relaciones internacionales, su economía, sus valores… o luchar por él.
Si toma la decisión correcta, la izquierda radical que le recriminará no haber peleado por el cambio y por la fórmula progresista, será prácticamente la misma cuyo voto ya perdió. Es poco probable que el PSOE tenga muchas más deserciones. Quien quede serán de verdad los socialdemócratas. Aquellos ciudadanos que comprendan que la política actual se ha hecho compleja, pero sobre todo que sepan ver la diferencia entre el oportunismo y los principios.
También puede ser que gane votos, en detrimento de Ciudadanos. Es en el centro izquierda donde debe pelear el PSOE, la izquierda radical no es la receta. Por definición el radicalismo exige gente descontenta y una situación de crisis (que no se va a mantener siempre, salvo que se instaure un régimen bolivariano).  PODEMOS quiere eso: Dinamitar la economía para presentarse después como solución proveedora, naturalmente con cargo a los fondos públicos que sacan de los impuestos con que freirán a los demás. Son unos salva patrias con dinero ajeno. O ni siquiera eso, porque realmente lo que quieren salvar es a ciudadanos, no a España.
Pero ¿Qué necesidad tenemos de destrozar un sistema que funciona razonablemente para poner en su lugar un laboratorio de ocurrencias sociales, como es ahora el Ayuntamiento de Madrid?
Este Robespierre con coleta y sus seguidores, tienen en común con los jacobinos de entonces, que no respetan en absoluto la libertad individual. Hasta hablan de guillotinar a la gente en sus twits. No nos engañemos: Es la libertad, lo que está en peligro. Y deberían darse cuenta de esta circunstancia, aquellos medios y periodistas que han creado y experimentado con este monstruo político. Pero, aunque sea tarde, se puede rectificar.
¿Se va a permitir que la guillotinadora y otros de su misma ralea ocupen los ministerios principales de nuestro país? ¿Estamos todos locos, o qué?

 

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