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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

21 de abril de 2016

Ya está bien de postureos: Que dejen gobernar al más votado

Rivera dice que los votantes del 20 D apostaron por diálogo y cambio y si es preciso los candidatos deben hacerse a un lado para posibilitar un presidente de consenso.
-      Él, como cuarto partido más votado, no tiene ni ha tenido nunca ninguna posibilidad. De hecho está teniendo un protagonismo excesivo para los votos que tiene. Por lo tanto su gesto sería mucho menos meritorio que el de Rajoy, por ejemplo, si le hiciera caso y decidiera retirarse.
-    Hablan de dejar a un lado personalismos y jugar a favor de las políticas: El PP no ha jugado al personalismo porque contaba con una política muy concreta que siempre ha defendido. A diferencia de otros partidos no ha tenido cambios y vaivenes ideológicos (que pueden inducir a pensar que lo que busca el partido o candidato que los sufre, es únicamente el poder). Podemos ha pasado en poco tiempo de las políticas comunistas de ultraizquierda a la socialdemocracia y después nuevamente al comunismo, según le ha interesado. Ciudadanos no se sabe todavía dónde se ubica, de hecho tiene a un gran colectivo de votantes de centro derecha que estarán sin duda desencantados por su pacto con el PSOE y éste último, tan crítico inicialmente con los populismos anda por ahí mendigando de forma patética un pacto con el partido cuyo programa comprende medidas anticonstitucionales y destructivas para nuestro país.
¿Qué políticas de consenso se pueden hacer con estos partidos? Lo primero sería conseguir una trayectoria seria y definida desde el punto de vista programático e ideológico que permitiera a los ciudadanos saber ante quién están realmente. Por eso estos cuatro meses que llevamos ya de postureo no han sido en realidad baldíos: nos han permitido ver de qué pie cojea cada uno y muchos ya no nos creemos la política del cambio.
-          Pero además ¿De qué cambio hablan? ¿Cómo se puede pedir al PP que se sume a una alianza que lo que proyecta es destruir todo lo que ellos mismos han hecho durante la legislatura anterior? Y más aún: ¿Cómo se le puede pedir que haga esto habiendo ganado las elecciones? ¿es que acaso no se dan cuenta de que todos los que han votado al PP, es decir, la mayoría, no quieren ese cambio? ¿Por qué camuflan las políticas de izquierda detrás del término “progresista”? El cambio de progreso al que aluden no es más que traer la política de izquierda, que se traduce necesariamente en más gasto público y más impuestos. ¿Es que no se dan cuenta de que mucha población cree sinceramente que esas medidas van a traer más pobreza todavía? ¿Por qué hay que hacer caso a la población más inexperta, más joven? Y también cabe preguntarse por qué hay que pensar que si el PP no se suma al pacto suscrito entre PSOE y CIUDADANOS es debido al personalismo de Rajoy. ¿No es más lógico pensar que si no se suman a ese pacto es debido a su propio contenido y al hecho de que ya está firmado y solo se está ofreciendo una adhesión al mismo? Es cierto que en el PP hay sectores críticos pero, que se sepa, ninguno de ellos presiona a Rajoy en este sentido.
-          Y otro aspecto: La corrupción: Toda la campaña está contaminada con la dichosa corrupción, cuya poderosa presencia hoy nadie duda. Estamos en un proceso de limpieza producido por las propias elecciones y el descontento de la gente ante la crisis. ¡No lo abandonemos cuando se produzcan las elecciones! Para muchos políticos la corrupción no es más que un arma arrojadiza para desalojar del poder a sus adversarios. Para los ciudadanos que la sufren, la corrupción es una lacra que hay que evitar en todo momento. Para el aparato del Estado también lo es; porque la corrupción deslegitima y desautoriza a los poderes públicos que se ven en mayores dificultades para hacer cumplir al ciudadano sus obligaciones.  Lo que no puede hacer ningún partido es patrimonializar la honradez  y atribuir la corrupción a los oponentes. Sánchez ha llegado a tildar a todo el PP de corrupto. Se ha negado a dialogar no solo con Rajoy sino con cualquiera del PP. Esto es un ejercicio de sectarismo que le inhabilita como candidato… y sin embargo nadie se ha querido dar cuenta de este pequeño detalle.
-          Lo que realmente tenemos delante es una profunda crisis de la izquierda: Al PSOE se lo pueden comer desde ambos lados; su derecha y su izquierda. Sánchez solo ve como enemigo a Rajoy cuando en realidad éste es el adversario político que cabe esperar, el normal, el destapado. En realidad tiene dos enemigos que lo acosan por ambos lados. Sobre todo PODEMOS le disputa el voto de izquierda en su versión radical, pero también CIUDADANOS le disputa el voto de centro izquierda social demócrata. Este último partido está cosechando éxitos temporales y quizás efímeros gracias a su indefinición. Ha obtenido votos procedentes de los sectores críticols del PP, las corrientes aznaristas, esperanzistas y losantistas, pero es posible que no los mantenga a la vista del pacto que ha suscrito con el PSOE. Por lo tanto ahora toca criticar a Rajoy y el PP para intentar conseguir rascar en los caladeros del voto moderado socialdemócrata ¿A quién se lo va a quitar? Es obvio: Al PSOE.  Es posible que el PSOE esté a tiempo de evitar el descalabro, puede tener cierto margen de arreglar las cosas, si se toman las decisiones acertadas y, en este sentido, el mayor acierto sería abstenerse en beneficio de una investidura a Rajoy porque así quedaría como el partido líder de la oposición y disfrutaría de un periodo para desactivar a PODEMOS. Sin embargo ha sido tal la torpeza que se ha exhibido hasta ahora en ese intento de evitar la desintegración y el sorpasso de PODEMOS que parecen todas las vías cerradas.

-          En el fondo toda esta situación no es más que un proceso madurativo de nuestra democracia. Es posible que el sistema salga robustecido si las cosas se hacen bien, sin aspavientos, con negociaciones internas y pensando en clave de Estado. De este proceso deberían salir partidos más moderados que hagan de contrapeso de los populismos. Si se considera que las mareas podemitas absorben a gran parte del voto nacionalista de las regiones más conflictivas de España, en  realidad no tienen tantos votos y se trata ahora de desenmascarar sus intenciones y obligarles a definirse. El PSOE tendrá tiempo para ello si se queda como principal partido de la oposición. 

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