La militancia del PSOE debe pronunciarse sobre cómo
encarrilar la política de partido. Es casi una refundación, porque supone optar
entre una socialdemocracia moderada que algunos ven como constructiva y como
instrumento de colaboración para un periodo de estabilidad, o bien un
socialismo de esencias y lucha de clase que abogue más por el rupturismo y le
dispute la izquierda a PODEMOS. El problema es que la primera vía de opción se
entremezcla con el beneficio al PP – que se produciría, aunque no fuera
pretendido – y la segunda vía también se desnaturaliza porque una retrocesión
hacia el comunismo rancio y el separatismo.
Los partidarios de desautorizar a Sánchez, los llamados
barones que han dimitido de sus puestos en la Comisión Ejecutiva, pretenden
analizar en un Congreso – que deberá ser extraordinario, a la vista de los
acontecimientos – las dos posturas programáticas y entienden que eso no puede
hacerse con prisa. Asumen que no hay prisa porque en este turno o legislatura
no deben gobernar al haber sido derrotados por Rajoy y propugnan una abstención
en la investidura para luego ejercer una dura oposición. Creen que ese
Congreso, habida cuenta de su importancia, no puede hacerse con prisas y que deben
celebrarse previamente al mismo unas primarias.
Los partidarios de Sánchez quieren agotar la última
posibilidad de que éste acceda al poder, mediante su elección como Secretario
General en unas primarias (en una fecha anterior al Congreso). El problema es
que aunque gane su secretaría general y su derecho a ser candidato en unas
elecciones generales, su inexorable tendencia a perder cada vez más votos va a
ocasionar nuevas derrotas al PSOE. Frente a 180.000 militantes hay más de cinco
millones de votantes, que deberían ser el principal motivo de preocupación.
Quizás es oportuno recordar que en 2008 votaron a Zapatero unos 5 millones.
Y es que, lo importante ahora sería preguntarse cuál es el
motivo de seguir perdiendo tantos votos en cada cita electoral. Y yo me pondría
a buscar entre errores estratégicos y decisiones que, en su tendencia hacia el
radicalismo, han provocado el espanto de los electores. Para muchos de ellos el
PSOE necesita un discurso claro e inequívoco, que destierre de una vez por
todas (aunque se pierdan “plazas”) cualquier entendimiento con grupos
asamblearios, mareas, separatismos irresponsables etc.
No cabe duda de que la corrección de sus problemas le puede
llevar al PSOE a un periodo más o menos largo de travesía por el desierto, pero
si se hace organizadamente y queda bien definida la estrategia puede que se
consiga estar en condiciones de disputarle el poder al PP en una legislatura. Además
hay otras elecciones que, entretanto, pueden servir de termómetro.
La gente está muy harta de Rajoy en muchos aspectos y hay
bastantes electores que le darían la espalda si el PSOE recuperara la cordura.
La dimisión de ayer del grupo de integrantes de la Comisión Ejecutiva yo creo
que ha sido un buen paso en esa dirección.
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