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Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

29 de septiembre de 2016

Diatriba: Dos caminos hacia el precipicio

La tremenda dificultad en que se encuentra inmerso el PSOE es la diatriba entre dos estrategias igualmente dañinas para sus resultados electorales. ¿Qué puede resultar más acertado? La abstención que franquee el paso a Rajoy a la Moncloa, o la insistencia en el bloqueo ?
La abstención:
Lo primero es decir que una abstención no equivale a apoyar en modo alguno, pero en el PSOE de Sánchez se ha querido desde el principio alimentar esta confusión en el intento de asociar la idea de honradez y cambio (ya se sabe: progreso y viento fresco etc.) a la idea de no permitir la llegada de Rajoy a la Moncloa. Esa ya clásica contraposición con la derechona corrupta y rancia es por fortuna una táctica que cada vez ofrece menos resultados a la izquierda. Por varios motivos, pero quizás sobre todo por dos: Porque se sabe que en el PSOE hay mucha corrupción también y porque, para el electorado el hecho de la corrupción ha pasado a estar en un segundo plano cuando se contrapone con la inseguridad tremenda que ofrece un gobierno de asociación con PODEMOS. Mucha gente, entre la que me incluyo, preferimos antes un gobierno corrupto que un gobierno radical de izquierdas de naturaleza bolivariana o confiscatoria. Y eso, aunque parezca increíble en Europa, hubiera sido una realidad no tan lejana si llega a conseguirse el frente. No en vano algunos socialistas le han bautiozado como “Gobierno Frankenstein”. Dicho de otro modo: Ante la perspectiva de que llegue un Sánchez con un Iglesias de la mano, la lucha contra la corrupción (que todos deseamos erradicar) puede esperar.
La abstención hubiera sido, por lo tanto una salida cómoda para los socialistas desde las mismas elecciones del 20 D. El PP habría gobernado difícilmente con tan solo 127 diputados y el PSOE habría mantenido la jefatura de la oposición, no habría perdido escaños ni se habría metido en el gran lío que ahora le tiene perdido.
La gran desventaja de la abstención sería que el partido emergente de izquierdas PODEMOS habría explotado hasta el paroxismo la consigna de que el PP gobierna gracias a la abstención del PSOE. Y es el miedo a esa consigna lo que ha constituido la base del discurso de Sánchez. Lo peor de todo es que es un mensaje falseado que, a base de insistir en él y exagerarlo se ha impuesto de tal modo que ya es imposible soslayarlo so pena de dar la impresión a los militantes de que se hace una gran renuncia. Si en un primer momento, nada más celebrarse las elecciones de diciembre se hubiera aceptado con naturalidad el gobierno de la lista más votada, la actuación no habría sido tan criticable para las bases. Digo que es un mensaje falseado porque realmente el PSOE no tenía tanto que temer de PODEMOS, que es realmente un heterogéneo conglomerado sostenido como un castillo de naipes y basado en mensajes contradictorios y disidencias entre las mareas.
La insistencia en el bloqueo
Sánchez tenía que intentar su aventura de llegar a La Moncloa. Ha hecho creer a sus bases que no se puede permitir la llegada al poder de un corrupto (solamente para conseguir él mismo el fin útlimo que es el poder).

Y de esta manera, con todos los pasos que se daban encaminados a obstruir al adversario, en lugar de construir una verdadera alternativa, el tiempo se ha ido volviendo en su contra. Es una política suicida porque se ha comprobado cómo en cada convocatoria ha ido perdiendo más votos. Y se llegará a unas nuevas elecciones, que serán las terceras y convertirán a nuestro Estado en el hazmerreir de Europa. 

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