La tremenda dificultad en que se
encuentra inmerso el PSOE es la diatriba entre dos estrategias igualmente
dañinas para sus resultados electorales. ¿Qué puede resultar más acertado? La abstención
que franquee el paso a Rajoy a la Moncloa, o la insistencia en el bloqueo ?
La abstención:
Lo primero es decir que una
abstención no equivale a apoyar en modo alguno, pero en el PSOE de Sánchez se
ha querido desde el principio alimentar esta confusión en el intento de asociar
la idea de honradez y cambio (ya se sabe: progreso y viento fresco etc.) a la
idea de no permitir la llegada de Rajoy a la
Moncloa. Esa ya clásica contraposición con la derechona corrupta y rancia es
por fortuna una táctica que cada vez ofrece menos resultados a la izquierda.
Por varios motivos, pero quizás sobre todo por dos: Porque se sabe que en el
PSOE hay mucha corrupción también y porque, para el electorado el hecho de la corrupción
ha pasado a estar en un segundo plano cuando se contrapone con la inseguridad
tremenda que ofrece un gobierno de asociación con PODEMOS. Mucha gente, entre
la que me incluyo, preferimos antes un gobierno corrupto que un gobierno
radical de izquierdas de naturaleza bolivariana o confiscatoria. Y eso, aunque
parezca increíble en Europa, hubiera sido una realidad no tan lejana si llega a
conseguirse el frente. No en vano algunos socialistas le han bautiozado como “Gobierno
Frankenstein”. Dicho de otro modo: Ante la perspectiva de que llegue un Sánchez
con un Iglesias de la mano, la lucha contra la corrupción (que todos deseamos
erradicar) puede esperar.
La abstención hubiera sido, por
lo tanto una salida cómoda para los socialistas desde las mismas elecciones del
20 D. El PP habría gobernado difícilmente con tan solo 127 diputados y el PSOE
habría mantenido la jefatura de la oposición, no habría perdido escaños ni se
habría metido en el gran lío que ahora le tiene perdido.
La gran desventaja de la
abstención sería que el partido emergente de izquierdas PODEMOS habría
explotado hasta el paroxismo la consigna de que el PP gobierna gracias a la abstención
del PSOE. Y es el miedo a esa consigna lo que ha constituido la base del
discurso de Sánchez. Lo peor de todo es que es un mensaje falseado que, a base
de insistir en él y exagerarlo se ha impuesto de tal modo que ya es imposible
soslayarlo so pena de dar la impresión a los militantes de que se hace una gran
renuncia. Si en un primer momento, nada más celebrarse las elecciones de
diciembre se hubiera aceptado con naturalidad el gobierno de la lista más
votada, la actuación no habría sido tan criticable para las bases. Digo que es
un mensaje falseado porque realmente el PSOE no tenía tanto que temer de
PODEMOS, que es realmente un heterogéneo conglomerado sostenido como un
castillo de naipes y basado en mensajes contradictorios y disidencias entre las
mareas.
La insistencia en el bloqueo
Sánchez tenía que intentar su
aventura de llegar a La Moncloa. Ha hecho creer a sus bases que no se puede
permitir la llegada al poder de un corrupto (solamente para conseguir él mismo
el fin útlimo que es el poder).
Y de esta manera, con todos los
pasos que se daban encaminados a obstruir al adversario, en lugar de construir
una verdadera alternativa, el tiempo se ha ido volviendo en su contra. Es una
política suicida porque se ha comprobado cómo en cada convocatoria ha ido
perdiendo más votos. Y se llegará a unas nuevas elecciones, que serán las
terceras y convertirán a nuestro Estado en el hazmerreir de Europa.
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