Para implantar la revolución que pretendía tuvo que imponer a la fuerza un pensamiento único. ¡Patria o muerte! Estaba claro de quién era finalmente la muerte: Era de quienes disentían, porque acababan en el paredón, o presa de las enfermedades y los malos tratos en una de las muchas cárceles dela isla, o devorados por los tiburones en un trayecto hacia la libertad.
Castro no hubiera pasado de ser un dictadorzuelo de no ser por la crisis de los misiles en la que los rusos obtuvieron finalmente el compromiso de Kennedy para no tocar a este régimen.
Sobrevivió pese al bloqueo y gracias al bloqueo. Esa heroicidad de David frente al Goliath vecino ha hecho que los cubanos sintieran un inútil orgullo que nunca les ha reportado nada. Los jóvenes de la revolución de entonces hoy son ancianos que viven entre la cochambre y se han resignado a no aspirar a nada. Y los jóvenes de la revolución de hoy son unos ignorantes que desconocen las posibilidades que tendrían en un mundo libre y están marcados por el fanatismo.
Esta es la herencia de Fidel: Que en un país cueste tener una casa y un vehículo en condiciones. Que no se pueda expresar libremente la opinión sin tener miedo a resultar encarcelado. Hace diez años que se retiró y hace mucho que era ya un viejo decrépito pero superviviente.
No es para alegrarse porque ya no estaba en el poder y las cosas parece que van a seguir igual, pero tampoco debería ser para entristecerse, porque puede suponer que se facilite de una vez por todas la apertura hacia unos tiempos nuevos.

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