Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

24 de noviembre de 2016

Rita




No se puede afirmar que fuera una política corrupta. Para poder afirmarlo sería necesario que al menos estuviera recogido en una sentencia firme. Pero incluso si así fuera, Rita Barberá hubiera merecido ese minuto de silencio que le negaron las hienas del Congreso. Porque un pésame y una conmiseración no supone en modo alguno un reconocimiento político ni un acuerdo. Es solo la expresión de un sentimiento del que, por lo visto carecen algunos podemitas que, después muerta la siguen calificando como “…esa tipa”. Quien así enjuicia a los muertos a través de un veredicto de condena, anticipándose a los tribunales, no hace otra cosa que mostrar la dureza y la falta de catadura moral que también mostraría en sus actos de gobernante. Esperemos que esta gente de pedernal, estos seres inhumanos, no lleguen nunca al poder. Esperemos que la falta de humanidad y el corazón de silex solo puedan mostrarlo en estos detalles.

Muchos políticos rastreros y medios de comunicación adláteres han tenido a Rita Barberá en la boca, pretendiendo construir una campaña alrededor de un escándalo: El hipotético blanqueo de dinero mediante la simulación de entrega de pequeñas cantidades a los afiliados, que éstos supuestamente devolvían a la Tesorería del PP. Este gran escandalazo, este caso “Taula” originado por unos ex militantes despechados del PP ( a los que no se les había respetado un número de orden en la candidatura) ha conducido a que se acosara mediáticamente a una política de éxitos encadenados (sobre todo desde los medios afines al sanchismo) sencillamente porque la oposición no podía soportar tanta adversidad en los resultados electorales de la comunidad valenciana. Estos bajos instintos y este interés claramente electoralista se disfrazaron en forma de una supuesta intolerancia frente a la corrupción, que la gente compró con facilidad debido a la crisis y a la situación de debilidad en la que muchos se encuentran.

No nos engañemos: Cuando hay vacas gordas, a nadie le preocupa la corrupción y cuando hay vacas flacas, la preocupación es excesiva y tendenciosa. La jauría humana se pone en marcha y no se detiene, una vez los medios le han ayudado a identificar su objetivo.

Rita fue un objetivo mediático y no lo pudo soportar. Con toda probabilidad habría sido absuelta por el Tribunal Supremo porque ningún juez con un poco de sentido común (y mucho menos un magistrado del Alto Tribunal) habrían dado mucho valor a la endeble prueba testifical de esos militantes despechados.

Pero ya es demasiado tarde. Descanse en paz, Rita.

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