No se puede afirmar que fuera una
política corrupta. Para poder afirmarlo sería necesario que al menos estuviera
recogido en una sentencia firme. Pero incluso si así fuera, Rita Barberá
hubiera merecido ese minuto de silencio que le negaron las hienas del Congreso.
Porque un pésame y una conmiseración no supone en modo alguno un reconocimiento
político ni un acuerdo. Es solo la expresión de un sentimiento del que, por lo
visto carecen algunos podemitas que, después muerta la siguen calificando como “…esa
tipa”. Quien así enjuicia a los muertos a través de un veredicto de condena,
anticipándose a los tribunales, no hace otra cosa que mostrar la dureza y la
falta de catadura moral que también mostraría en sus actos de gobernante.
Esperemos que esta gente de pedernal, estos seres inhumanos, no lleguen nunca
al poder. Esperemos que la falta de humanidad y el corazón de silex solo puedan
mostrarlo en estos detalles.
Muchos políticos rastreros y
medios de comunicación adláteres han tenido a Rita Barberá en la boca,
pretendiendo construir una campaña alrededor de un escándalo: El hipotético
blanqueo de dinero mediante la simulación de entrega de pequeñas cantidades a
los afiliados, que éstos supuestamente devolvían a la Tesorería del PP. Este
gran escandalazo, este caso “Taula” originado por unos ex militantes despechados
del PP ( a los que no se les había respetado un número de orden en la candidatura)
ha conducido a que se acosara mediáticamente a una política de éxitos
encadenados (sobre todo desde los medios afines al sanchismo) sencillamente
porque la oposición no podía soportar tanta adversidad en los resultados electorales
de la comunidad valenciana. Estos bajos instintos y este interés claramente
electoralista se disfrazaron en forma de una supuesta intolerancia frente a la
corrupción, que la gente compró con facilidad debido a la crisis y a la
situación de debilidad en la que muchos se encuentran.
No nos engañemos: Cuando hay
vacas gordas, a nadie le preocupa la corrupción y cuando hay vacas flacas, la
preocupación es excesiva y tendenciosa. La jauría humana se pone en marcha y no
se detiene, una vez los medios le han ayudado a identificar su objetivo.
Rita fue un objetivo mediático y
no lo pudo soportar. Con toda probabilidad habría sido absuelta por el Tribunal
Supremo porque ningún juez con un poco de sentido común (y mucho menos un
magistrado del Alto Tribunal) habrían dado mucho valor a la endeble prueba
testifical de esos militantes despechados.
Pero ya es demasiado tarde.
Descanse en paz, Rita.

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