Afortunadamente en mi vida cotidiana les consigo olvidar. Pero
hay en el mundo lugares en los que la vida no vale. Rincones polvorientos,
estruendo de batallas, llantos desconsolados de madres que no comprenden nada.
Hoy Mosul es uno de esos sitios inhóspitos, donde unos enloquecidos barbudos
sacrifican vidas de inocentes inútilmente. La religión y la fe en un Dios
bondadoso – se llame Alá, o se llame de otra manera – no pueden justificar
nunca estos actos.
Pero ahí están: Los guerreros de Álá, de la Yihad. ¿Quién
permite que exista y prospere una locura así? ¿Cómo es posible que en pleno
Siglo XXI se asesine en nombre de Dios? ¿Por qué lo permitimos?
Yo soy creyente y estoy convencido de que Dios es incomprensible
para nosotros, pero de estar en algún sitio, hay que buscar Su presencia en lo
bueno que hacemos, en la fuerza interior para luchar en la vida en beneficio de
los demás. Dios está en los que ayudan a la gente, de cualquier modo que se
haga. No hace falta ser misionero, ni predicar. Dios está en un padre que se
enternece con un hijo. Dios está en la sonrisa de un niño. Y también en el
sufrimiento pacífico y en el espíritu de superación. Está en lo bueno de este mundo… pero donde
estoy seguro de que no está… es en un
cruel barbudo que ejecuta a un prisionero. Ése malnacido no verá vírgenes ni
visitará un paraíso cuando se le acabe su vida, que a buen seguro será corta. Eso
no puede permitirlo el Creador.
Dios habrá estado más con su víctima y habrá enviado a Sus
ángeles a recoger el alma de esa persona que ha tenido que vivir la infinita
angustia de sus últimos momentos.
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