Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

5 de noviembre de 2016

Estado islámico

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Afortunadamente en mi vida cotidiana les consigo olvidar. Pero hay en el mundo lugares en los que la vida no vale. Rincones polvorientos, estruendo de batallas, llantos desconsolados de madres que no comprenden nada. Hoy Mosul es uno de esos sitios inhóspitos, donde unos enloquecidos barbudos sacrifican vidas de inocentes inútilmente. La religión y la fe en un Dios bondadoso – se llame Alá, o se llame de otra manera – no pueden justificar nunca estos actos.
Pero ahí están: Los guerreros de Álá, de la Yihad. ¿Quién permite que exista y prospere una locura así? ¿Cómo es posible que en pleno Siglo XXI se asesine en nombre de Dios? ¿Por qué lo permitimos?
Yo soy creyente y estoy convencido de que Dios es incomprensible para nosotros, pero de estar en algún sitio, hay que buscar Su presencia en lo bueno que hacemos, en la fuerza interior para luchar en la vida en beneficio de los demás. Dios está en los que ayudan a la gente, de cualquier modo que se haga. No hace falta ser misionero, ni predicar. Dios está en un padre que se enternece con un hijo. Dios está en la sonrisa de un niño. Y también en el sufrimiento pacífico y en el espíritu de superación.  Está en lo bueno de este mundo… pero donde estoy seguro de que no está…  es en un cruel barbudo que ejecuta a un prisionero. Ése malnacido no verá vírgenes ni visitará un paraíso cuando se le acabe su vida, que a buen seguro será corta. Eso no puede permitirlo el Creador.

Dios habrá estado más con su víctima y habrá enviado a Sus ángeles a recoger el alma de esa persona que ha tenido que vivir la infinita angustia de sus últimos momentos. 

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