Hay dos mundos: Del primero podemos incluso decir que tiene
un sistema hipócrita en el que es visible la desigualdad y la injusticia, pero
al menos hay unas garantías jurisdiccionales, no se cortan cabezas, hay cierta
libertad fruto de la evolución… y de no estar ante regímenes teocráticos. Hablo
naturalmente del primer mundo; esta Europa a la que todo el mundo quiere venir
últimamente, supongo que por algún motivo.
El otro mundo es el de las guerras y la falta de
oportunidades, el de los refugiados que huyen, el del yihadismo. A quienes
tenemos la suerte de vivir en la civilización, nos puede parecer que somos
culpables por no ayudar suficientemente a los países subdesarrollados en los
que proliferan el hambre y las guerras. Es fácil y simplista culpar de todo al
trío de las Azores o a la venta de armas que hacemos a los saudíes.
Pero la culpa de todo lo que sucede proviene del odio y
rencor que nos dedican un sistema y una religión que se saben obsoletos y
arcaicos. Es un inmenso sentido de inferioridad el que hace que los jóvenes de
una civilización se inmolen o asesinen como psicópatas a nuestros ciudadanos.
Nosotros mientras nos preocupamos por si hemos hecho algo
mal con ellos. ¿No fuimos lo suficientemente cariñosos cuando les acogimos en
nuestro país y les dimos trabajo? ¿Por qué estos jóvenes muerden la mano que
les dio de comer?
Parece inexplicable. Pero solo hay una explicación: Rencor
ciego inoculado por gente malvada que son autoridades de una religión que se
dice pacífica y no lo es.
Hemos llegado al Islam. Muchos bobos dicen hoy: No se puede
ser islamófobo. "La islamofobia es lo que ellos buscan para seguir fomentando el
odio y ganar adeptos. Debemos quererlos, acogerlos, convencerlos"… ¿acunarlos
también?
Pues bien: Yo soy islamófobo. Casi desde los tiempos en que
me enteré que había un tío escondido de por vida por el mero hecho de haber
escrito una novela (que no había gustado
a alguna autoridad religiosa y que,
por tal motivo había decretado su muerte). ¿Nos acordamos de Salman Rushdie? ¿Alguno
de los pacíficos musulmanes de hoy sale en su defensa? Defenderle a él y a la
libertad de pensamiento y de palabra, sería sin duda un ejercicio de
tolerancia. Pero en el Islam no conocen el significado de esta palabra.
¿Cuántos se movilizan cuando en las calles de Islamabad o
Peshawar una desgraciada mujer es lapidada hasta morir por algún “horrible”
pecado como el adulterio? ¿Cuántos se movilizan entre ellos para defender a los
homosexuales? No es que no lo hagan allí, donde se jugarían la vida, es que no
lo hacen tampoco aquí, donde ya no tienen problemas de seguridad.
No pienso, desde luego, que todos los islámicos o musulmanes
son terroristas. Sé que no es así. Pero la mayoría de ellos son
fundamentalistas, por el mero hecho de ser partícipes en una religión que hoy
después de muchos siglos no se ha moderado. ¿Ha habido algo equivalente a un
Concilio o una reunión de los imanes o autoridades religiosas más
representativas que condenen sin fisuras la guerra santa contra el infiel? ¿Se
ha condenado la Yihad por los jeques wahabíes o los clérigos chiíes?
Que no nos engañen: cuando sucedió el atentado del 11S se
celebró en muchos lugares y cada vez que cae un loco psicópata después de
inmolarse estúpidamente, es considerado casi un santo por muchos.
Solo dejaré de ser islamófobo cuando los propios musulmanes
consideren necios y estúpidos a estos terroristas en lugar de verlos como
mártires.
Pero eso está aun muy lejos. Lo preocupante es que cada vez
son más radicales. Por una única y exclusiva razón. Cada vez es mayor el
complejo de inferioridad respecto a todo lo occidental. Ese complejo se aprecia
de forma nítida cuando se analizan los Estados teocráticos en los que hay más
petróleo. La vida mundana y lujosa que los musulmanes aborrecen oficialmente en
beneficio de una falsa espiritualidad coránica entra en contradicción con el
estilo de vida que luego disfrutan de forma obscena y hortera como nuevos ricos
bañados en oro en sus opulentos emiratos.
La islamofobia no está solo producida por el miedo a unos potenciales
asesinos. En mi caso es la aversión a otras muchas cosas. Los principios que
tienen, tan diferentes a los nuestros, la estética de la chilaba, las
prohibiciones, los rezos, el ramadán, la intolerancia, el trato a la mujer etc.
Están llegando a Europa para quedarse. Sobre todo en los
ámbitos rurales. Para una gente que ha vivido entre cabras en un monte perdido
de Marruecos, Guadalix de la Sierra es como Hollywood. En muchos pueblos como
éste se instalan y okupan inmuebles o se aprovechan de las ayudas oficiales.
Allí asisten también a los ritos religiosos en cualquier local habilitado como mezquita
y escuchan a imanes locos de odio hacia la sociedad que les acoge
estúpidamente. Con que haya uno de estos cada diez pueblos ya tenemos un
semillero de locos yihadistas en nuestro propio país. Lo que nos salva por el
momento es que no ha habido tiempo para tener a muchos adolescentes de segunda
generación.
Naturalmente que yo no quiero perjudicar a gente inocente.
Quienes vienen a trabajar tienen derecho a
que no se les trate como criminales. Pero han venido a una sociedad
distinta, que les ha acogido y proporcionado medios de vida y a cambio deben
someterse a los principios constitucionales que obligan a los propios
conciudadanos que les reciben. Y deben ser más honrados y pacíficos que nadie y
demostrarlo.
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