Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

18 de agosto de 2017

Claro que hay islamofobia: se la han ganado a pulso.

Hay dos mundos: Del primero podemos incluso decir que tiene un sistema hipócrita en el que es visible la desigualdad y la injusticia, pero al menos hay unas garantías jurisdiccionales, no se cortan cabezas, hay cierta libertad fruto de la evolución… y de no estar ante regímenes teocráticos. Hablo naturalmente del primer mundo; esta Europa a la que todo el mundo quiere venir últimamente, supongo que por algún motivo.
El otro mundo es el de las guerras y la falta de oportunidades, el de los refugiados que huyen, el del yihadismo. A quienes tenemos la suerte de vivir en la civilización, nos puede parecer que somos culpables por no ayudar suficientemente a los países subdesarrollados en los que proliferan el hambre y las guerras. Es fácil y simplista culpar de todo al trío de las Azores o a la venta de armas que hacemos a los saudíes.
Pero la culpa de todo lo que sucede proviene del odio y rencor que nos dedican un sistema y una religión que se saben obsoletos y arcaicos. Es un inmenso sentido de inferioridad el que hace que los jóvenes de una civilización se inmolen o asesinen como psicópatas a nuestros ciudadanos.
Nosotros mientras nos preocupamos por si hemos hecho algo mal con ellos. ¿No fuimos lo suficientemente cariñosos cuando les acogimos en nuestro país y les dimos trabajo? ¿Por qué estos jóvenes muerden la mano que les dio de comer?
Parece inexplicable. Pero solo hay una explicación: Rencor ciego inoculado por gente malvada que son autoridades de una religión que se dice pacífica y no lo es.
Hemos llegado al Islam. Muchos bobos dicen hoy: No se puede ser islamófobo. "La islamofobia es lo que ellos buscan para seguir fomentando el odio y ganar adeptos. Debemos quererlos, acogerlos, convencerlos"… ¿acunarlos también?

Pues bien: Yo soy islamófobo. Casi desde los tiempos en que me enteré que había un tío escondido de por vida por el mero hecho de haber escrito una novela (que no había gustado
a alguna autoridad religiosa y que, por tal motivo había decretado su muerte). ¿Nos acordamos de Salman Rushdie? ¿Alguno de los pacíficos musulmanes de hoy sale en su defensa? Defenderle a él y a la libertad de pensamiento y de palabra, sería sin duda un ejercicio de tolerancia. Pero en el Islam no conocen el significado de esta palabra.
¿Cuántos se movilizan cuando en las calles de Islamabad o Peshawar una desgraciada mujer es lapidada hasta morir por algún “horrible” pecado como el adulterio? ¿Cuántos se movilizan entre ellos para defender a los homosexuales? No es que no lo hagan allí, donde se jugarían la vida, es que no lo hacen tampoco aquí, donde ya no tienen problemas de seguridad.
No pienso, desde luego, que todos los islámicos o musulmanes son terroristas. Sé que no es así. Pero la mayoría de ellos son fundamentalistas, por el mero hecho de ser partícipes en una religión que hoy después de muchos siglos no se ha moderado. ¿Ha habido algo equivalente a un Concilio o una reunión de los imanes o autoridades religiosas más representativas que condenen sin fisuras la guerra santa contra el infiel? ¿Se ha condenado la Yihad por los jeques wahabíes o los clérigos chiíes?
Que no nos engañen: cuando sucedió el atentado del 11S se celebró en muchos lugares y cada vez que cae un loco psicópata después de inmolarse estúpidamente, es considerado casi un santo por muchos.
Solo dejaré de ser islamófobo cuando los propios musulmanes consideren necios y estúpidos a estos terroristas en lugar de verlos como mártires.
Pero eso está aun muy lejos. Lo preocupante es que cada vez son más radicales. Por una única y exclusiva razón. Cada vez es mayor el complejo de inferioridad respecto a todo lo occidental. Ese complejo se aprecia de forma nítida cuando se analizan los Estados teocráticos en los que hay más petróleo. La vida mundana y lujosa que los musulmanes aborrecen oficialmente en beneficio de una falsa espiritualidad coránica entra en contradicción con el estilo de vida que luego disfrutan de forma obscena y hortera como nuevos ricos bañados en oro en sus opulentos emiratos.
La islamofobia no está solo producida por el miedo a unos potenciales asesinos. En mi caso es la aversión a otras muchas cosas. Los principios que tienen, tan diferentes a los nuestros, la estética de la chilaba, las prohibiciones, los rezos, el ramadán, la intolerancia, el trato a la mujer etc.
Están llegando a Europa para quedarse. Sobre todo en los ámbitos rurales. Para una gente que ha vivido entre cabras en un monte perdido de Marruecos, Guadalix de la Sierra es como Hollywood. En muchos pueblos como éste se instalan y okupan inmuebles o se aprovechan de las ayudas oficiales. Allí asisten también a los ritos religiosos en cualquier local habilitado como mezquita y escuchan a imanes locos de odio hacia la sociedad que les acoge estúpidamente. Con que haya uno de estos cada diez pueblos ya tenemos un semillero de locos yihadistas en nuestro propio país. Lo que nos salva por el momento es que no ha habido tiempo para tener a muchos adolescentes de segunda generación.
Naturalmente que yo no quiero perjudicar a gente inocente. Quienes vienen a trabajar tienen derecho a  que no se les trate como criminales. Pero han venido a una sociedad distinta, que les ha acogido y proporcionado medios de vida y a cambio deben someterse a los principios constitucionales que obligan a los propios conciudadanos que les reciben. Y deben ser más honrados y pacíficos que nadie y demostrarlo. 


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