Convendría
recordar a este elemento que el discurso del rey, del 3 de octubre sigue
teniendo plena vigencia. La inmensa mayoría del pueblo español, salvo los locos
del lazo amarillo se sintieron reconfortados con ese discurso, porque la preocupación
era máxima, ante el riesgo de una secesión territorial y una ruptura traumática
a la que unos iluminados irresponsables condujeron a Cataluña.
Esos
secesionistas, entre los que está alineado el actual president, gracias a la
estupidez y a la tibieza de los políticos españoles, ni siquiera constituyen
una mayoría clara del pueblo de Cataluña. De hecho el partido más votado en las
últimas elecciones fue Ciudadanos y, con otros partidos no secesionistas, suman
una buena porción de opinión catalana. Pues bien: muchos de elolos se
sintieronj identificados con el discurso del rey, pero esta generalitat actual
no reconoce a la mitad de su pueblo y lo condena a vivir asediado
ideológicamente y torpedeado de forma continua por la machacona propaganda y la
reinvención de los hechos históricos.
Torras hoy
está desatado y venido arriba porque le conviene a los socialistas (que
prefieren de nuevo, igual que con Zapatero, seguir una política que vele más
por los intereses partidistas que por el Estado español). España nuevamente se
ve maltratada y los españoles en desacuerdo con la separación de Cataluña y su
insultante supremacismo, estamos otra vez ninguneados y amordazados por quien
debería defender nuestros intereses y sentimientos, aunque seamos mayoría.
El propio
Borrell que participó, con su sentido discurso en la manifestación constitucionalista,
hoy quiere dialogar con este imbécil. Ha sido alcanzar Sánchez La Moncloa y
darse cuenta de repente de que hay un grave riesgo de enfrentamiento civil que
aconseja volver a la tibieza.
Adiós 155, que
nunca llegó a ser aplicado de verdad. Otra vez están desaforados los
separatistas. Se fotografían en la calle con Otegui colmo si fuera una estrella
de rock, adoran a un payaso como Puigdemont y exigen que el rey les pida
perdón. Se han venido arriba.
Ya se vio en el 34 y ahora la historia se repite: Al socialismo le conviene electoralmente dar vaselina a los golpistas.
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