La izquierda para mí, representa lo inexplicable:
Ha demostrado repetidas veces a lo largo de la historia que es
mucho más reaccionaria que la derecha. Se alía con cualquier fuerza por
minoritaria y extraña a nuestras costumbres que sea, solo con tal de socavar el
orden instituido, los gustos, las preferencias de la mayoría. Busca su hueco
ideológico recogiendo todas las corrientes minoritarias que pueda siempre y
cuando sean anti oficialistas y representen el disgusto con el orden instituido,
que debe dinamitarse. Se han hecho los adalides de una revolución que no es ex –
novo, sino reaccionaria. Necesitan un sistema para oponerse a él.
¿Por qué no se oponen al islamismo? Porque lo instituido en
España mayoritariamente, lo tradicional, es la religión católica. Necesitan
defender un mensaje diverso, contrario; ser la otra cara de la moneda. Saben
que su ideología ha muerto. No tienen elementos diferenciadores en el fondo.
Son tan burgueses como el resto de la sociedad. Consumen lo mismo. Les gustan
las mismas cosas. Para sobrevivir deben oponerse al sistema y recurrir a los
más ingenuos, a los jóvenes. El peligro que tiene eso es llegar al poder y gobernar.
O bien renuncias a tus inestables principios y asumes una línea moderada, o
bien desarrollas un gobierno “a la contra”.
Hoy Sánchez está haciendo un gobierno a la contra. La mayoría
del pueblo español percibe claramente su falta de legitimidad por haber ocupado
La Moncloa con tan solo 85 diputados y querer mantenerse allí a toda costa
sostenido por los “anti”: Antiespañoles, antisistema, anticlericales,
antitaurinos…
Cada día que se mantiene se ve forzado a tomar decisiones
perjudiciales para los intereses del país en general y probablemente él lo
sepa, pero le da igual.
Con la lógica en la mano es inexplicable que suceda esto;
que se permita. ¿Qué clase de democracia tenemos? Hay dictadores que consiguen
un mayor grado de identificación con la mayoría de su pueblo. Me cuesta
comprender que los socialistas tengan históricamente esa absoluta carencia de
sentido de Estado. Me cuesta enormemente creer que quien me gobierna está
sostenido por quien me insulta y pisotea mi bandera. Es algo indigerible para
mí y para la mayoría de la gente que no sea sectaria y reaccionaria.
Pero ahí siguen.

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