Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

10 de noviembre de 2018

Derruir para estar en el poder


Hay corrientes ahora que viven de la destrucción del orden establecido que ha costado años de enfrentamientos, sacrificios y penurias. Su grandísima irresponsabilidad les lleva a no reparar, ni importarles, la gran  incertidumbre que se cerniría sobre el escenario post revolucionario. Son tan imbéciles que no advierten que resultarían ellos mismos perjudicados. No me refiero a la nueva casta podemita, que ya tienen abierto un mundo de posibilidades a las que no habrían soñado llegar, sin dedicarse a su política contaminadora de ideologías baratas. No me refiero a esos mierdas que ya están empezando a forrarse o a comprar casoplones en La Navata con créditos privilegiados concedidos por cajas que les deben favores. No;
Me refiero a todos los ingenuos que creen en ellos, que se verían obligados a vivir en una situación mucho peor que la que tienen ahora y quizás a asaltar supermercados, que no podrían reparar sus bienes, que tendrían una sanidad quebrada, una inflación galopante, que verían cerrada toda posibilidad de obtener un préstamo y adquirir un bien relevante con el que poder ayudar en un futuro a sus hijos.
Esa realidad no está tan lejana. Lo hemos visto en Venezuela, donde hoy cuesta adquirir hasta una caja de aspirinas. Este desgraciado país ha sido escenario de las prácticas y experimentos sociológicos de los mierdas podemitas que amenazan con llegar al poder. Me da igual que sea en soledad, que aliados con otros mierdas necesitados de apoyo. 
Es curioso cómo han sabido concitar el apoyo de todos los resquemores y rencores habidos y por haber en nuestra patria. No hay palo descontento que no toquen. Y provoca pasmo también ver como la gente no tiene criterio y les sigue solamente porque tienen una especial habilidad destructiva y crítica para derruir todo lo que hay, sin matices sin concesiones.
Pero la realidad no es así: La transición, y lo que ha hecho España desde la muerte de Franco es meritorio. Además en ello han participado muchos herederos de los perdedores de la guerra, del bando de las izquierdas.  
Pero la marabunta frentepopulista no repara en nada.

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