Hoy se produce una persecución ideológica intolerable en todos los lugares y en todas las materias que son en la actualidad caballo de batalla: Política lingüística, revisionismo histórico, política de género, inmigración... yo creo que tuve una mentalidad abierta; procedía de la época de Franco. Imbuido por mi padre, y quizás también por otras influencias, acertaba a verle como un dictador, lo que significa que tenía ya una mentalidad abierta en 1975, aunque no fuera más que un crío. La inmensa mayoría de mi generación aceptamos sin cuestionar prácticamente nada, la llegada de la transición y las fórmulas que se adoptaron para traer la democracia. Muchos insistían en que aquel proceso fue fruto del consenso. Casi la totalidad de las tendencias políticas se pusieron de acuerdo en abrir un periodo constituyente muy prometedor pero también muy frágil. Hubo ataques sobre todo de sectores retrógrados y de grupos nacionalistas y se acordaron cosas y se hicieron concesiones a unos y a otros. No éramos del todo conscientes de hasta qué punto se estaban haciendo cesiones irreversibles y destructivas que en el futuro actuarían como termitas socavadoras. El gobierno de UCD era tremendamente débil y la Constitución resultante de aquel proceso había salido muy imperfecta. Con el tiempo provocaría todos los desequilibrios que hoy tenemos. El Estado está hoy cuestionado por muchas minorías de criterios perniciosos. Todas ellas van contra el sentido común en mayor o menor medida. Y esa visión casi contracultural orientada al ataque sistemático de todo lo preestablecido, ha venido a instalarse en el peor momento, coincidiendo con unos tiempos de crisis y anidando en los corazones y cabezas más jóvenes y más crédulos. Son tiempos negros de falso progreso, porque al fin y al cabo en eso consiste el progresismo.
Datos personales
- Hernando Corona
- Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).
1 de abril de 2023
Transición denostada
Hoy se produce una persecución ideológica intolerable en todos los lugares y en todas las materias que son en la actualidad caballo de batalla: Política lingüística, revisionismo histórico, política de género, inmigración... yo creo que tuve una mentalidad abierta; procedía de la época de Franco. Imbuido por mi padre, y quizás también por otras influencias, acertaba a verle como un dictador, lo que significa que tenía ya una mentalidad abierta en 1975, aunque no fuera más que un crío. La inmensa mayoría de mi generación aceptamos sin cuestionar prácticamente nada, la llegada de la transición y las fórmulas que se adoptaron para traer la democracia. Muchos insistían en que aquel proceso fue fruto del consenso. Casi la totalidad de las tendencias políticas se pusieron de acuerdo en abrir un periodo constituyente muy prometedor pero también muy frágil. Hubo ataques sobre todo de sectores retrógrados y de grupos nacionalistas y se acordaron cosas y se hicieron concesiones a unos y a otros. No éramos del todo conscientes de hasta qué punto se estaban haciendo cesiones irreversibles y destructivas que en el futuro actuarían como termitas socavadoras. El gobierno de UCD era tremendamente débil y la Constitución resultante de aquel proceso había salido muy imperfecta. Con el tiempo provocaría todos los desequilibrios que hoy tenemos. El Estado está hoy cuestionado por muchas minorías de criterios perniciosos. Todas ellas van contra el sentido común en mayor o menor medida. Y esa visión casi contracultural orientada al ataque sistemático de todo lo preestablecido, ha venido a instalarse en el peor momento, coincidiendo con unos tiempos de crisis y anidando en los corazones y cabezas más jóvenes y más crédulos. Son tiempos negros de falso progreso, porque al fin y al cabo en eso consiste el progresismo.
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