Datos personales

Soy un funcionario madrileño, y trabajo en la Seguridad Social. Nacido en una buena añada; la del 60. A la vez que empezaba a formarme como persona pude ver los últimos coletazos del régimen anterior, sin comprender todavía demasiado lo valiosa y rara que es una democracia avanzada en este mundo de guerras y sátrapas. Hoy me limito a ejercer un derecho de opinión porque me gusta la política (aunque no me gustaría protagonizarla).

12 de mayo de 2007



Gallardón:

Alumno de Jesuitas, de paso largo en sus andares y precoz madurez. Con su talento indiscutible heredado de su padre. La política en sus genes. Tanta mesura en su voz, como desmesura en sus proyectos. El megalómano, el seductor de la izquierda, el ambicioso…

Hay que reconocer que se lo ha comido con patatas. Sebastián era un alfeñique. Como una foca volando por los aires frente al hocico de una orca que se divierte volteándola, antes de comérsela. Sebastián no podía responder ante los argumentos incontestables de su oponente:

- “Mientras yo trabajaba por Madrid, Vd. preparaba dossieres sobre empresas desde la oficina del gobierno” –

Y tenía razón. Pero ¿De quién es la culpa de este desatino? Pues sí. Nuevamente de Zapatero, a quien acompaña tanto desacierto en cualquier medida constructiva, como acierto en las destructivas. Recordemos las dificultades para encontrar candidatura para Madrid. Se habló de Bono y de la vicepresidente Fernández de la Vega, pero la plaza, lejos de ser una perita en dulce, era un crematorio. Solo podía aceptarla alguien que saliera de la nada y llegó un tonto dispuesto para hacerle el papel a ZP.

-¿Qué les dará este ZP a su gente? ¿Es que les hipnotiza con esos ojitos? ¿Cómo un mediocre de la talla de ZP consigue tantas adhesiones?

En este caso, Sebastián ha ido el solito al martirio, se ha atado al poste y ha aguantado cada ironía de Gallardón, como una flecha en su torso.

Pero ¿tiene tanto mérito Gallardón?